Hugo Pérez Angarita
Fuente:
1. Campesino
Hechos
Masacre: LLANA CALIENTE Y LA FORTUNA 24/29-May-88
Víctimas en estos hechos: 51 (Asesinadas: 18- Desaparecidas: 6)
El 29 de mayo de 1988, en la vereda Llana Caliente, jurisdicción del municipio de SAN VICENTE DEL CHUCURÍ (Santander), mas de 51 CAMPESINOS fueron asesinados y otros 58 heridos por 240 efectivos del Batallón de Infantería No. 40 “Luciano D’ Elhuyar” al mando del Teniente Coronel Rogelio Correa Campos. Esta masacre fue el cruento desenlace de la represión y hostigamiento con que se venía tratando las marchas campesinas que recorrieron el nororiente colombiano. Luego de ese trágico día, el Gobierno Nacional a través de comunicados e intervenciones de sus miembros, en especial del Ministro de Gobierno CESAR GAVIRIA TRUJILLO, diría de manera acomodada que los sucesos de Llana Caliente eran el resultado de enfrentamientos del ejército con miembros de las “guerrillas” infiltradas en las marchas. De igual manera se pronunciaban los distintos estamentos militares. En ambas partes se olvidaban deliberadamente los más de 40.000 proyectiles de arma de fuego disparados por los uniformados hacia la inerme masa campesina. Fuera del falaz cubrimiento periodístico donde se tomaba de plano la versión gubernamental y de las Fuerzas Militares de los supuestos enfrentamientos con miembros de la subversión que desencadenaron la masacre, en la investigación disciplinaria adelantada por la Procuraduría Delegada para las Fuerzas Militares, sin tomar en cuenta las innumerables irregularidades que campearon en su desarrollo, asumió las afirmaciones tergiversadas del ejecutivo, aduciendo que no había claridad alguna sobre la autoría o responsabilidad individual de la masacre, pues “no estaba plenamente probado que la tropa hubiese sido la autora de los disparos contra los campesinos”, adicionando que “existía la duda si entre los marchistas había gente armada o no”. La única falta disciplinaria que encontró probada la procuraduría fue que un paramilitar, el Comandante Camilo, escolta del Oficial Correa estaba armado, pero al haber fallecido este (gracias a los disparos hechos por el Comandante Camilo), consideraba que no era posible continuar la investigación y decidió archivarla (1).
Desde el domingo 22 de mayo de 1988, los campesinos de las veredas Santo Domingo de los Ramos, Yarima, La Pradera, El Toboso, La Primavera y treinta y dos de los municipios de San Vicente San Vicente de Chucurí y El Carmen se desplazaron hacia Llana Caliente en alrededor de 100 a 140 vehículos, entre camiones, buses, busetas y camperos, para comenzar una movilización con cientos de familias que irían a participar en las marchas de protesta convocadas por organizaciones populares y campesinas con el objetivo de llegar a Bucaramanga y exigir el cumplimiento de los pasados acuerdos pactados entre el gobierno y los campesinos que, una vez se finalizaron las marchas, se desvanecieron tras una intrincada red de escritorios de la burocracia estatal. Esta vez los campesinos exigían, entre otras cosas, además del cumplimiento de lo pactado, la desmilitarización de las zonas, el cese de la guerra sucia y el desmonte de los grupos paramilitares organizados por los militares. A este clamor se sumaban los campesinos de Arauca, Córdoba, Antioquia, Sucre y Magdalena. En cada departamento las organizaciones sociales, como la ANUC-UR, habían concertado diferentes sitios de concentración de los campesinos para iniciar las respectivas marchas hacia las capitales para que los “nunca escuchados” hicieran resonar su voz. En el Magdalena Medio Santandereano, la Coordinadora Popular del Nororiente y la ANUC-UR acordaron que el día 23 de mayo los puntos de encuentro de quince mil campesinos serían Tienda Nueva, en el municipio de Betulia, La Fortuna y Llana Caliente, en San Vicente del Chucurí. Sin embargo, desde el 22 de mayo ya empezaban a llegar los primeros grupos de campesinos. Desde que las marchas campesinas comenzaron, el gobierno nacional decidió detenerlas e impedir que cada una de ellas llegara a su respectivo destino. Para ello, efectivos del Batallón de Infantería No. 40 Luciano D’Elhuyar cerraron con 3 barricadas hechas cada una con 7 cuerdas de alambre de púa, trincheras y parapetos ubicados estratégicamente tanto sobre los cerros colindantes al puesto militar, como sobre aquellos pequeños montes al otro lado del río Opón. Día tras día aumentaba la tensión con los disparos al aire y el despliegue armamentístico realizado por los militares. Sin embargo, los campesinos no dejaban de llegar de todas partes del departamento y para el lunes 23 de mayo ya se habían reunido alrededor de 9.500 labriegos en Llana Caliente. Como no podían pasar, los campesinos se organizaron para aminorar los rigores de la concentración impuesta por los militares. Formaron una sola hilera de cientos de metros con los vehículos. Así mismo, a lo largo de la vía ranchos y cambuches fueron construidos con palos, ramas y hojas por los marchistas, para poder resguardarse del sol, la lluvia y del frío de la noche. Junto a un árbol gigante fue organizado un economato para repartir los víveres acarreados por las organizaciones campesinas organizadoras de las marchas. Diariamente se nombraban comisiones por veredas para las distintas labores, como lavado de platos, consecución de leña, cocina, etc.; los campesinos construyeron unas improvisadas letrinas y establecieron unos turnos por grupos, para poder asearse diariamente en el río Opón. Ese mismo día, varios camiones que transportaban campesinos fueron detenidos por el Ejército y sus ocupantes golpeados e insultados por los uniformados. En esa oportunidad los militares despojaron a los marchistas de un camión lleno de legumbres, varias hamacas y cauchos para construir toldos. A una de las barricadas de alambre de púa le fue conectada electricidad y cada vez que los campesinos se acercaban hacia éstas, los uniformados desaseguraban los fusiles y amenazaban con dispararle. Los miembros del Luciano D’Elhuyar pusieron en las barricadas letreros de cartulina que decían: “Peligro explo-sivos”. Todas estas circunstancias hacían que a pesar de la organización de la marcha, día tras día las condiciones de concentración a que estaban sometidos los campesinos se hicieran más críticas. El 24 de mayo, a las 4:30 p. m., los campesinos JOSÉ JOAQUÍN LOZANO RODRÍGUEZ, de 24 años; JOSÉ DE LA CRUZ ARRIAGADA FLÓREZ, de 40; HUGO PÉREZ ANGARITA, FRANCISCO LUIS LÓPEZ, militantes del movimiento político A LUCHAR, y los menores HUGO GARAVITO de 14 años, y una NIÑA de seis años sin identificar, fueron asesinados. En la misma operación, JAVIER ARENAS, VÍCTOR NÉSTOR, ANGELA MARÍA VARGAS, LIBARDO LEÓN, JUAN SÁNCHEZ y BERNABÉ SAAVEDRA, fueron desaparecidos y 200 PERSONAS más fueron detenidas por miembros del Batallón Nueva Granada, comandado en ese entonces por el Teniente Coronel Luis Eduardo Santos Quiñónez, que llegaron disparando indiscriminadamente contra la concentración de más de 3.000 personas que participaban de una protesta campesina en zona rural de San Vicente del Chucurí. Los hechos ocurrieron en la Inspección de Policía Departamental La Fortuna, jurisdicción del municipio mencionado. Esa tarde, una patrulla de 12 soldados interrumpió la marcha de los campesinos con insultos, abusos y acusaciones; los campesinos trataron de no responder a las agresiones y lanzaron consignas contra los militares que después de un rato empezaron a retirarse. De un momento a otro se escucharon disparos y cayeron muertos un soldado y un cabo. De inmediato los militares dispararon indiscriminadamente contra los campesinos dejando heridos a tres de ellos. Los demás marchantes trataron de auxiliar los heridos y recoger los cuerpos, pero los militares no les permitieron recuperar dos, de quienes se escuchaban sus quejidos de dolor. Posteriormente, el comandante del grupo llamó por radio diciendo que había sufrido un ataque guerrillero y que requería refuerzos. A las 5:30 p. m. llegaron desde Barrancabermeja al mando del Capitán Jaramillo más tropas militares. De inmediato se desató una balacera contra los campesinos. Los militares utilizaron desde granadas de fragmentación hasta los machetes de los propios campesinos para degollarlos. Varios testigos narraron que algunos campesinos fueron detenidos y obligados a permanecer tendidos en el piso desde las 8:00 p. m. hasta las 3:00 a. m., varios de ellos, sin que se haya podido precisar cuántos, fueron seleccionados, acusados de ser guerrilleros, separados del grupo y desaparecidos. Luego los militares se robaron los alimentos, enseres, animales y dinero de los marchantes y los habitantes del caserío. Muchos campesinos trataron de huir, pero fueron capturados por los militares que luego los entregaron al cuartel de policía de Barrancabermeja. Tal como afirma uno de los sobrevivientes de la movilización “allí se produjo una espantosa masacre, que según testimonios y declaración pública de la Coordinadora Popular del Nororiente fue perpetrada por el Ejército”. Como ya se anotó, los operativos del Ejército se produjeron después de un supuesto enfrentamiento entre la guerrilla y las Fuerzas Armadas. En horas de la mañana del sábado 29 de mayo, una comisión del gobierno se hizo presente en la vereda Llana Caliente y les solicitó a los marchistas enviar una comisión a Bucaramanga para negociar el retiro de los campesinos. La delegación que pudo ingresar a la Gobernación hacia las 2 de la tarde, le exigió a las autoridades del Gobierno Departamental la continuación de la marcha, el levantamiento de las barricadas y el cese de los hostigamientos realizados por los militares. Por orden del gobierno nacional, los efectivos del Batallón de Infantería No. 40 Luciano D’Elhuyar, debían impedir que la marcha de los campesinos llegara a la capital del departamento. El Teniente Coronel Rogelio Correa Campos concentró 240 de sus efectivos en la base militar de Llana Caliente donde estableció su puesto de mando y donde contaba con las compañías de contraguerrilla Arpón 3, Arpón 4 y Baqueta 4 junto con las comandadas por el Teniente Edgar Correa Copola y los dos Sargentos de apellidos Vargas y Menjumea. El sábado 29 de mayo, luego de que la delegación de campesinos partiera hacia Bucaramanga, corrió el rumor en la marcha de que varios campesinos habían sido detenidos por efectivos del Batallón Luciano D’Elhuyar. Una comisión de jornaleros pedía subir al puesto de mando para hablar con el Comandante Correa Campos; mientras tanto, la masa campesina coreaba “que los suelten, que los suelten”. El Teniente Coronel Correa Campos permanecía en Llana Caliente en compañía del Capitán Carlos Alfonso Morales del Río, Oficial del S-2 (Inteligencia del Batallón), del Subteniente Fernando Plata Aldana, Comandante de la base militar de Llana Caliente y de una escuadra de seguridad bajo el mando de los cabos Mora y Rubiano. Los Mayores Fernández y Bustos y un capitán de apellido Rodríguez frecuentemente eran vistos en la base militar. Permanentemente, varios reconocidos paramilitares de la región vestidos con uniformes militares y portando armas eran vistos al lado del Teniente Coronel Correa Campos, como Luis de Jesús Uribe Suárez, alias Comandante Camilo, Jorge Elí Martínez Argüello, alias Valdemar o el francotirador Alberto Parra, alias El Canoso y Luis Silvino Muñoz Neira, alias Trapichero. Todos ellos eran ex guerrilleros que habían desertado de sus grupos alzados en armas e ingresado a trabajar con el Ejército. Ese día, el Teniente Coronel Rogelio Correa Campos celebraba su 45 cumpleaños. En la cocina de la casatienda de Lucía Gómez de Martínez se encontraban el Alcalde de San Vicente de Chucurí, Hernán Obando; el Secretario de la Alcaldía, Gilberto Camargo Luque; el Secretario de Circulación y Tránsito, José Acevedo, y el Personero Municipal de San Vicente, Ancízar de Jesús Salazar. Los mandatarios municipales se desplazaron a Llana Caliente a solicitud de los marchistas, quienes preocupados por las actitudes asumidas por el Comandante del Luciano D’Elhuyar, habían pedido la presencia de las autoridades locales; sin embargo, una vez en el sitio, lo único que hicieron fue sumarse al agasajo que se le preparaba al alto oficial. Desde tempranas horas, el Oficial Correa Campos estaba ingiriendo licor y cerca al medio día ya estaba ebria. Cuando oyó el reclamo de los marchistas para que soltaran a los cuatro campesinos detenidos arbitrariamente, el militar decidió enfrentarlos seguido por su escuadra de seguridad, al mando del Sargento Pedro Beltrán y acompañado por el Capitán Morales del Río, el Subteniente Plata y los desertores de la guerrilla e informantes del Ejército El Canoso, Comandante Camilo, Valdemar y Trapichero. En la carretera el Coronel se paró sobre una inmensa piedra e insultó a la multitud, diciéndoles “si pasan la barrera no respondo”. A las 2:30 de la tarde, un campesino trató de pasar las barreras aprovechando las ramas de un árbol colindante a éstas. El Teniente Coronel se enfureció y dio la orden de preparar sus fusiles para disparar contra los marchantes. El soldado LUIS SUÁREZ ACEVEDO se negó a hacerlo; entonces, el Coronel desenfundó su pistola, le apuntó a la sien izquierda y lo asesinó. Luis Uribe Suárez, conocido como el Comandante Camilo, desertor de la guerrilla y miembro de la escolta del Coronel, ofendido por este acto empuñó su Galil y disparó contra Correa Campos, el Capitán Morales del Río y los cabos Beltrán y Durán. “Hijueputa Camilo suelte el arma”, “malparido Camilo entregue el arma”, le gritaron los demás militares al desertor. “No la entrego, mátenme hijueputas”, les contestó el Comandante Camilo. “Mátenlo, mátenlo, no lo dejen vivo” oyó gritar, dentro de los uniformados, el Cabo Durán, quien herido en una pierna, trató de buscar refugio. El Comandante Camilo recibió 25 impactos de arma de fuego que le destrozaron el brazo izquierdo y la pierna derecha. Acto seguido, los uniformados, desde ambos lados de la carretera, dirigieron los cañones de sus armas hacia los campesinos, durante más de 45 minutos, tiempo en el cual más de 10.000 proyectiles fueron disparados asesinando e hiriendo a un número indeterminado de personas. Los campesinos corrían por doquier buscando resguardarse de las balas tras alguna roca o un árbol, mientras que muchos se tiraban debajo del centenar de vehículos estacionados a lo largo de la carretera. Finalmente, algunos campesinos con pañuelos y camisas blandieron improvisadas banderas blancas. Los oficiales del Batallón Luciano D’Elhuyar dieron la orden de cese al fuego, mientras que le ordenaban a los sobrevivientes salir con las manos en alto y a los hombres despojarse de sus camisas. Un gran número de campesinos era reunido al borde del río Opón, mientras que las personas de la cola de la marcha trataban de huir despavoridos; en ese momento los militares detuvieron a GUSTAVO LUNA, JAIRO AMOROCHO e IVÁN MADERO VERGEL. Luego el Teniente Correa Copola organizó una comisión de cinco hombres para que retiraran de la vía a algunos heridos y muertos. La zona fue inmediatamente acordonada por el Mayor Fernández Mendoza que asumió el comando de las tropas. A las autoridades civiles de San Vicente de Chucurí les impidieron ir al sitio de la masacre hasta bien entrada la noche pero nunca permitieron a los familiares de los campesinos muertos rescatar los cuerpos. El Ejército utilizó los vehículos de la Alcaldía para evacuar, además de los cuatro militares muertos y el paramilitar Camilo, a 8 campesinos muertos y 27 heridos. Uno de los campesinos heridos llegó muerto al centro hospitalario y a varios de los sobrevivientes les serían amputadas las extremidades inferiores. Los campesinos sobrevivientes fueron retenidos durante dos días en medio de maltratos e insultos; antes de dejarlos salir para sus sitios de origen fueron fotografiados por los mismos militares y amenazados por un oficial de Ejército. Los militares sólo entregaron los cuerpos de los cuatro militares muertos, el del paramilitar Camilo y los de 9 campesinos, entre los que se encontraban ARNULFO RAMÍREZ IZAQUITA, NELSON OTERO MARTÍNEZ, ALFREDO RÍOS BARRIOS, LUIS ENRIQUE SÁNCHEZ MILLÁN, LUIS JOSÉ ARCHILA PLATA, JOSÉ JOAQUÍN ZAMBRANO MOLINA, PABLO MANUEL HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, ESPERANZA HERRERA VILLA, JOSÉ NATIVIDAD VELANDIA PRADA, RAÚL ANTONIO GÓMEZ CHAPARRO, JOSÉ MÉNDEZ, WILSON BOTERO y CLEMENTE QUIROGA. Sin embargo, el número de campesinos asesinados sería superior, tal como lo denunció la ANUC-UR, que calculó en más de 38 la cifra de campesinos asesinados ese día y cuyos cuerpos aunque nunca aparecieron, sí fueron vistos por sus compañeros de marcha. Además, cerca de 50 CAMPESINOS fueron heridos, como lo expresa uno de los campesinos que sobrevivió a la masacre: “La balacera duró aproximadamente una hora y media. Por eso la cantidad de muertos y heridos es incalculable”. La persecución y asedio contra los manifestantes prosiguió en los días siguientes a la realización de las masacres de La Fortuna y Llana Caliente. El testimonio de uno de los campesinos que sobrevivió a los desmanes represivos del Ejército presenta claramente la crueldad con la que fueron tratados por las tropas militares: Un recuerdo de Llana Caliente “(...) Habíamos una cantidad de detenidos que no puedo decir qué tantos, porque nos cogieron uno por uno. Nos sacaban, nos vendaban y nos dejaban distanciar el uno del otro. Según ellos fue para que no nos pusiéramos de acuerdo para lo que íbamos a hablar. Nos reunió según ellos un coronel, y nos dijo: ¡Los voy a soltar manada de hijueputas guerrilleros, no los quiero matar, para mí es muy fácil matarlos y ninguno tiene pruebas de que yo los dejé acá, para mí es muy fácil hacer un hueco arriba, llevar uno por uno, pegarle un solo tiro, meterlo a un hueco, taparlo y ¿quién me comprueba a mí? Los que se fueron sí se dieron cuenta que los dejamos acá, pero yo puedo decir que los detuve y los dejé ir y no sé para dónde se fueron; ¿Quién me va a venir a rondar? Y después nos dijo: Tranquilos, váyanse hijueputas que yo sé cómo me las arreglo, ustedes caen. Yo utilizo mis métodos para poderme vengar de ustedes (...). (...)De manera que el campesinado no tiene derecho a reclamar nada. Veníamos en una protesta pacífica; a unos nos soltaron y otros quedaron ahí; el decir de ellos era que los llevaban a Puerto Berrío y que allá los arreglaban. Nosotros nos fuimos y no podemos saber quiénes quedaron allá. Así fue el relato de lo que pasó en Llana Caliente”. La misma noche del sábado 29 de mayo, en las pantallas de televisión apareció el Ministro de Gobierno y encargado de la Presidencia, César Gaviria Trujillo afirmando que: “...hoy en la vereda Llana Caliente del municipio de San Vicente de Chucurí, se presentó un gravísimo enfrentamiento entre la fuerza pública y grupos terroristas infiltrados en la marcha, cuando terroristas dispararon varias ráfagas de armas automáticas en el momento en que el Comandante del batallón trataba de calmar los ánimos”. El Comandante General de la Segunda División del Ejército, Farouk Yanine Díaz, expresó durante el sepelio del Teniente Coronel Correa Campos: “Si las Fuerzas Militares tienen que seguir colocando la cuota de sangre para que haya paz en Colombia, seguiremos ofrendando las vidas con honor y patriotismo”. Esta fue la versión oficial de los hechos, la primera piedra puesta para erigir un muro de impunidad. Al día siguiente la gran prensa recogió esta versión. Según El Tiempo, era el ELN el autor de la muerte del Teniente Coronel Rogelio Correa Campos, mientras que El Espectador se limitaba a reproducir la simple versión de que eran guerrilleros infiltrados en la marcha. El diario regional Vanguardia Liberal corroboró tal información e inculpó al frente Capitán Parmenio del ELN. Dos días más tarde con ocasión de la posesión de los alcaldes elegidos en las elecciones de marzo de 1988, el Ministro Delegatario afirmó refiriéndose a los hechos de Llana Caliente que “el campesinado colombiano debe aprender una lección de esos hechos y buscar canales regulares para hacer conocer del Gobierno sus reivindicaciones (2). ARNULFO RAMÍREZ IZAQUITA, NELSON OTERO MARTÍNEZ, ALFREDO RÍOS BARRIOS, LUIS ENRIQUE SÁNCHEZ MILLÁN, LUIS JOSÉ ARCHILA PLATA, JOSÉ JOAQUÍN ZAMBRANO MOLINA, PABLO MANUEL HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, ESPERANZA HERRERA VILLA, JOSÉ NATIVIDAD VELANDIA PRADA y JOSÉ MÉNDEZ eran militantes de ¡A Luchar! (3).
Fuentes:
- 1. A LUCHAR BARRANCABERMEJA (http://espaciottdh.org/pdf/revista/A_LUCHAR_BARRANCABERMEJA.pdf.)
- 2. PROYECTO COLOMBIA NUNCA MÁS ZONA 5ª - Crímenes de Lesa Humanidad 1966-1998 • Tercer modelo de Represión: Reacción contra la Participación Política y la Movilización Popular (1986-1990) (pag. 79)
- 3. PROYECTO COLOMBIA NUNCA MÁS ZONA 5ª - Crímenes de Lesa Humanidad 1966-1998 • Tercera parte: Impunidad como política de Estado (pag. 437)
