Marleny Berrío De Rodríguez
Fuente:
1. (Institución: Colegio Guillermo Ríos Mejía)
Hechos
Masacre: BALSILLAS 10-Jun-07
Víctimas en estos hechos: 6 (Asesinadas: 6- Desaparecidas: 0)
El 10 de junio de 2007 en San Vicente del Caguán, Caquetá, siendo las 4:10 de la madrugada, llegaron dos soldados al Colegio Guillermo Ríos Mejía, de la vereda Balsillas, ubicado a unos 500 metros de una Base Militar que el Ejército instaló allí hace varios años con la oposición de la población. Toda esa noche del 9 al 10 de junio, los padres de familia, profesores y pobladores de las veredas aledañas estaban celebrando la tradicional fiesta de “el Sanpedrito”, tradición muy antigua en la región. Los dos soldados entraron al salón en uniforme militar y uno de los civiles les reclamó por ingresar uniformados y armados a ese lugar. Ante el cruce de palabras entre civiles y militares, algunos fueron a llamar a la educadora y Rectora del colegio, MARLENY BERRÍO, quien ya se había retirado del lugar donde se realizaba el bazar; cuando ella llegó, los soldados inmediatamente le dispararon dejándola muerta, así como a los señores JAIME GIRALDO, de 28 años, y LUCAS MANUEL CORREDOR SEGURA, de 33 años; quedaron heridos en la misma acción: JAIME EDUARDO CÓRDOBA, de 19 años, y ROIMER GIRALDO, de 60 años.
Después de estos hechos, los soldados se dirigieron hacia la hacienda La Blanca, ubicada en la vía que conduce al corregimiento de El Paraíso, distante como un kilómetro del colegio, donde llegaron a las 5:30 horas y le pidieron al mayordomo que les prestara una moto. Como el mayordomo no quiso prestarles la moto, dispararon enseguida contra la señora MELANIA BETANCOURT, campesina de 38 años; el esposo de ella y los niños se levantaron al oir los disparos y los soldados dispararon contra ellos y asesinaron a MILLER LOZADA VELÁSQUEZ, campesino de 38 años (esposo de Melania) y al niño ALEJANDRO LOSADA BETANCOURT, de 9 años. El otro niño, de 12 años, cayó al suelo y fingió estar muerto; entonces uno de los soldados le dio una palmada en la cara y con palabras groseras dijo que estaba muerto. Cuando los soldados se alejaron de la casa, el niño sobreviviente se levantó y se escondió en el techo de la casa, permaneciendo allí largo tiempo.
Entre tanto, los soldados se dirigieron a una caseta, ubicada en la misma hacienda, donde al llegar golpearon fuertemente la puerta; dentro de la caseta había una pareja y una niña, pero no abrieron la puerta y lograron salvarse. Luego de un tiempo prudencial, el niño sobreviviente de la hacienda La Blanca, bajó del techo y buscó a otra persona que estaba durmiendo en la misma hacienda, y le pidió que lo acompañara a casa de su abuelita para avisarle que el Ejército había matado a sus papás y a su hermanito; los dos tomaron una moto y se dirigieron a casa de la abuelita pero en el camino se percataron de que los soldados estaban destruyendo la casa del vecino TIRSO CUÉLLAR, quien no se encontraba en la casa, y luego continuaron hacia El Paraíso, entrando a la casa de FABIO CORTÉS a cuya esposa le dieron patadas y la agredieron con palabras soeces; a Don Fabio lo obligaron a arrodillarse y a hacer un hueco supuestamente para enterrarlo; a estos esposos los obligaron a entregarles ropa civil para cambiarse y luego tomaron caballos de la finca y se fueron en ellos, dejando en dicha casa los uniformes y las armas.
Más adelante, en el camino, los soldados atracaron primero a Don RICARDO POLANÍA, a quien le robaron un millón de pesos, y luego a Don ALDEMAR TRUJILLO, a quien le robaron doscientos cincuenta mil pesos. Un habitante de la zona, al darse cuenta del peligro que corrían todos los habitantes de la región, se dedicó a avisarle a algunas familias para que huyeran de sus casas con sus niños, internándose en el monte y aguantando lluvia y hambre, hasta cerca del medio día. Los soldados llegaron después a una tienda y pidieron cervezas; mientras consumían las cervezas, un grupo de pobladores de la comunidad los capturó e inmovilizó y los entregó a otros militares. Muchas veces la Comunidad había suplicado que retiraran esa base militar de las cercanías del colegio, pues la veían muy perjudicial para los alumnos, especialmente para las niñas, pero el Gobierno nunca quiso escuchar esas súplicas.
Tan lamentables hechos confirman los peligros a que se exponen las comunidades obligadas a soportar una base militar en sus zonas de vivienda y trabajo. Los pobladores también tienen la certeza de que los militares presentes en la base tuvieron que escuchar los disparos hechos por los dos soldados, al asesinar a la Rectora y a varios pobladores en el Colegio, y no se explican por qué no acudieron en auxilio de las víctimas, lo que revela una complicidad incomprensible. Además, quienes estaban presentes, aseguran que los soldados no estaban borrachos. Las atrocidades perpetradas por toda la tropa en la zona, tal como se le comunicó al Ministro de Defensa en el Derecho de Petición del 22 de mayo anterior, revelan que los soldados pudieron considerar “normales”, dentro de su accionar institucional, tales atrocidades.
Fuentes:
- 1. CINEP Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política – Noche y Niebla 34-35 Casos Enero-Junio 2007
