Víctimas en estos hechos:5 (Asesinadas: 4 - Desaparecidas: 1)
El 8 de diciembre de 1999 en La Dorada, Putumayo, miembros de un grupo paramilitar fuertemente armado, se llevaron de un zarpazo a cinco miembros de los Melo Yela, una humilde y numerosa familia oriunda de Nariño, que había llegado a Putumayo 20 años atrás, a colonizar un pedazo de tierra.
El 7 de diciembre de 1999 se reunieron, como siempre, para encender las velitas juntos. Al día siguiente, después de almorzar, nueve de ellos se fueron en una camioneta de estacas por la trocha polvorienta que en media hora de recorrido los llevaría a la cabecera municipal de La Dorada. Iban JOSÉ MIGUEL MELO YELA, de 38 años; su hermana MARÍA LICENIA, de 28, quien iba con sus dos hijas gemelas de 4 años; y DILIA LUCÍA, que viajaba con su esposo JOSÉ DELGADO y con su hija Paola Andrea. Con ellos estaba también MODESTO SALAZAR, un trabajador amigo de la familia.
Cuando llevaban 10 minutos de recorrido, se encontraron con un grupo paramilitar fuertemente armado, que los obligó a bajar del vehículo. Sin mediar muchas palabras, retuvieron a María Licenia y a José Miguel. No valieron las súplicas ni el llanto. Los paras obligaron al resto a seguir su camino. Cuando llegaron a La Dorada, en medio de la confusión y el miedo, decidieron devolverse para tratar de convencer al grupo armado de que liberara a sus hermanos. Estaban dispuestos a entregar lo que fuera a cambio de sus vidas. No sabían que este grupo de paramilitares era inconmovible y no tenía límites cuando de matar se trataba. La camioneta apareció abandonada horas después. Adentro estaban encerradas y llorando las tres niñas. Los demás habían desaparecido. Nunca más se supo de los tres hermanos Melo Yela, José Delgado y el trabajador.
Poco después, Luis Raúl, el mayor de los hermanos, que sobrevivió porque no había hecho el fatídico viaje, buscó un contacto con los comandantes del Frente Sur del Putumayo, para indagar sobre la suerte de sus familiares desaparecidos. Pero no le dieron ninguna. ''Deje de averiguar pendejadas'' , fue la respuesta que obtuvo. ''Nunca denuncié la desaparición de mi familia porque acá no había ni un policía ni nada'', dice Luis Raúl. Los Melo Yela tuvieron que llorar en silencio a sus muertos, sin perder la esperanza de saber algún día la verdad sobre lo sucedido.
Este año, cuando Luis Raúl se enteró de que la Fiscalía estaba buscando a los desaparecidos en todo el valle del Guamuez, empezó a recabar información sobre la muerte de sus hermanos, hasta que alguien le dijo que sus cuerpos estaban enterrados en la vereda El Arco.
El 25 de abril, él mismo acompañó a la Fiscalía para que abrieran las fosas y efectivamente encontraron los restos de cuatro de los cinco desaparecidos. La ropa, los objetos y los documentos encontrados han permitido identificarlos a todos. Durante estos siete meses, la Fiscalía verificó con exámenes forenses y pruebas de ADN que por lo menos dos de las osamentas pertenecían a Dilia Lucía y José Miguel. Los otros dos restos exhumados -los de José Delgado y Modesto Salazar- están en un laboratorio de Cali y próximamente serán entregados. Pero de María Licenia no hay cuerpo ni fosa, ni rastro alguno.