El 19 de octubre de 1981 en Cimitarra, Santander, una patrulla del ejército al mando de un oficial de nombre Antonio allanó la vivienda del campesino ERNESTO GALVIS. Sometido a crueles torturas, con el cuerpo completamente amoratado e hinchado y síntomas de haber sido víctima de hemorragia interna, el labriego fue arrojado en brazos de su esposa, dejando de existir minutos después. Muerto por las patadas bestiales del militarismo. Ernesto Galvis fue enterrado dentro de su misma casa y su viuda fue secuestrada, sin que hasta el momento se sepa su paradero.