Lamer (Glamer) Moreno Tuberquia
Fuente:
1. Operario (Institución: Almacenes LEY)
Hechos
Masacre: GRANERO MIXTO CONRADT - MEDELLÍN 03-Abr-90
Víctimas en estos hechos: 5 (Asesinadas: 5- Desaparecidas: )
El 3 de abril de 1990 en Medellín, Antioquia, sicarios portando metralletas, llegaron en horas de la noche al barrio La Esmeralda, descendieron de un carro Mazda y acribillaron de múltiples impactos de bala a los hermanos, OVER OSWALDO y LAMER MORENO TUBERQUIA, operarios de los almacenes LEY, JOSÉ LUIS BARRIENTOS CALLE y LUIS CARLOS MENESES TABARES ( y DIEGO LEÓN CASTAÑEDA G., NdA), cuando conversaban en una esquina (1).
El viejo observó el carro con detenimiento. Pasó tan despacio entre las sombras de la noche, que él pudo siluetear las figuras en su interior. Eran cinco hombres. En el barrio Las Esmeraldas, en la comuna nororiental de Medellín, eran frecuentes los carros llenos de hombres, mafiosos y bandidos que por ese entonces, año 1990, estaban en pleno auge de dinero, violencia y desenfreno. Sin embargo, estos eran diferentes. El carro, su aspecto y su actitud le hicieron aguzar los sentidos. Fue cuando escuchó ese sonido particular de los radios de comunicación. “Les dan en la cabeza”, alcanzó a escuchar con claridad antes de que el vehículo doblara la esquina y él, sentado en su banca, en la acera de su casa, sintiera una ráfaga de miedo...
...El martes 3 de abril, cerca de las 8:30 de la noche en el barrio Las Esmeraldas, en el granero mixto Conradt y a una cuadra donde el viejo vio pasar el vehículo con los cinco hombres, Richard Estrada (diecisiete años), Luis Carlos Meneses (veinticinco años), Diego León Castañeda (veintidós años), William Luján, los hermanos Over (veintiún años) y Glamer Moreno Tuberquia (diecisiete años) y su tío Conrado Tuberquia (cuarenta y tres años), propietario de la tienda, comparten el frío de la noche, algún refresco y muchas palabras.
La tienda es el espacio para quemar las horas después del trabajo o del colegio. El barrio no está muy “caliente” en ese momento, pero allí conviven algunos conocidos dedicados a la delincuencia y al sicariato. Los muchachos comentan un mensaje que les llegó por cuenta de un policía conocido: “No se hagan en la esquina que esta noche van a salir a darle bala a todo el mundo”, advirtió. Sin embargo, ellos no se preocupan, no son delincuentes, el asunto no es con ellos. El carro pasa por allí despacio y aunque causa curiosidad, solamente Richard Estrada lo graba en su mente. El vehículo continúa su camino, pero un par de minutos después vuelve a aparecer en la esquina de la tienda. Esta vez se detiene y los hombres se bajan blandiendo armas de fuego. Richard piensa que es una requisa de las que se han hecho rutinarias en toda la ciudad y más en los barrios populares. Pero no es un cateo. Los hombres descargan una lluvia de balas sobre el grupo de muchachos y de Conrado. Luis Carlos, recostado en el teléfono y de espaldas a sus verdugos, no tiene tiempo de mirar; Diego, sentado en una banca y también de espaldas, tampoco; Glamer, sentado entre una ventana y la puerta y cubierto por los dos amigos, solo recibe un impacto, pero mortal: no cae de la silla, queda sentado. Diego y Carlos quedan destrozados, aunque Diego no moriría sino horas después, en la madrugada del miércoles. Over corrió, pero el conductor del vehículo le disparó y el joven cayó: un impacto en la cabeza se le lleva la vida.
Sentado al lado de William Luján, Richard se sumerge en un silencio absoluto que sólo es alterado por el instinto: “me mataron”, piensa. Mientras su mente lo ubica en la otra vida, su cuerpo corre hacia la derecha, arrastrando consigo a William, quien ha recibido impactos en un costado. Luego de correr por varias cuadras, saben que están vivos y buscan ayuda. Tras una cortina de humo con olor a muerte, las armas se apagan, el silencio cae sobre la esquina y el vehículo parte con los asesinos. Allí quedan los cuerpos de Luis Carlos, Diego León y los hermanos Moreno Tuberquia. Conrado, el tío dueño de la tienda se salva detrás del mostrador. A Luis Carlos casi no lo pueden levantar los forenses: quedó tan destrozado, que su cuerpo perdió cualquier solidez. A unos metros, en un balcón, la madre de Over y Glamer no cree que allí, en la tienda, estén muertos sus dos hijos. No sabe por qué. No sabe quién. Es la primera de cincuenta y cuatro masacres del mismo tipo que van a ocurrir durante ese año. Más de doscientas personas caen en las esquinas, tiendas, aceras y bares de la ciudad. La hipótesis de las autoridades es que las masacres son guerras entre bandas por cuentas de bandidos. Sin embargo, la prensa nunca registró una sola arma en poder de los masacrados. Ocurren en Manrique, en Castilla, en Prado, en Guayabal, en todo Medellín. Siete, cinco, ocho, doce y más personas caen en cada una (2).
Fuentes:
- 1. Noches de luna roja - Víctor Hugo Vargas Rodríguez (http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/almamater/article/viewFile/9459/8739)
- 2. CPDH Comité Permanente por los Derechos Humanos – Boletín de prensa, 12 junio de 1990
