Javier Alexander Valencia Torres
Fuente:
Hechos
Masacre: BARRIO LAS COLINAS - BOGOTÁ 07-Jul-92
El 7 de julio de 1992 en Bogotá, D.C., cuatro desconocidos asesinaron a cinco personas, entre ellas una mujer, en el interior de un establecimiento público, en el barrio Las Colinas.
La información oficial indica que el múltiple asesinato ocurrió a las 12:55 de la madrugada de ayer en un bar sin razón social, situado en la diagonal 32 B sur, por parte de un grupo de desconocidos que tras pedir licor, disparó con pistolas y escopetas contra las víctimas, dos de ellas identificadas como JESÚS ALBERTO ALVAREZ FRANCO y JAVIER ALEXANDER VALENCIA TORRES.
Otras tres personas, MARÍA GLADYS LARA, FREDY VELANDIA PINEDA y ABELARDO MOJICA ALVAREZ, murieron en el Hospital de la Hortúa.
El comandante de la Policía Metropolitana, general Guillermo León Diettes Pérez, dijo que al parecer el crimen fue el resultado de un enfrentamiento entre bandas dedicadas al comercio de basuco.
Añadió que según vecinos del lugar, una de las víctimas, Lara, La Gata , era una expendedora de basuco, en tanto que Mojica, tenía tres órdenes de captura por homicidio.
Los investigadores concentraban ayer todos sus esfuerzos en localizar a una mujer que se hallaba con el grupo de asesinos y que, según la Policía, reside cerca del lugar del crimen (1).
Son las 11:45 de la noche del pasado martes. Jesús Alberto Alvarez, propietario de un bar sin razón social del barrio Las Colinas de Bogotá, atiende un pedido de su hijo Alberto y de su sobrino Abelardo Mojica Alvarez, que minutos antes han ingresado con otras tres personas a tomar cerveza. Las cinco personas, entre ellas una mujer, ocupan dos de las cinco mesas de hierro pintadas de negro y con superficie de color rojo, a un metro de una vieja rockola que a esa hora suena estrepitosamente con música mexicana, bajo un letrero que dice Música para recordar , en la esquina de la diagonal 32B sur con carrera 16B, en Bogotá.
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Martha, esposa de Jesús Alberto, es la encargada de llevar las primeras cinco cervezas hasta las dos mesas, tras recibir una orden de su esposo, imposibilitado físicamente por una trombosis que apenas le permite la movilidad de la mitad de su cuerpo.
Las cinco personas, algunas según los vecinos con dudosos antecedentes, hablan entre sí casi que a gritos por el ruido que sale de la antiga rockola, ignorando a los hombres que entran y salen del lugar en cada momento.
Una hora después, tras haber ingerido cerca de 15 cervezas, los ocupantes de las dos mesas entran en un nuevo tema de conversación sobre las características de los habitantes de los departamentos del país.
Eran las 12:45 de la madrugada. Uno de los miembros del grupo, al parecer, Abelardo Mojica, increpa a los compañeros de mesa y grita: Es que los boyacenses son muy brutos, hermano , mientras que los demás escuchan en silencio sus argumentos.
El debate baladí empieza a tomar otra dirección cuando ingresan tres hombres y una mujer a la cantina, piden cuatro cervezas y escuchan en silencio los pormenores de la conversación en las dos mesas.
Cuando la conversación en contra de los boyacenses toma un giro vulgar, uno de los hombres que se encuentra en la barra del bar se voltea bruscamente y tras arengar a Mojica grita: Qué es lo que le pasa con los boyacenses; no hable mal de la gente si no la conoce h.p. .
La reacción no se hace esperar. Alberto Alvarez Franco se levanta de la mesa para agredir a los inusuales visitantes, pero uno de ellos esgrime una pistola calibre 7.65, le dispara y éste cae muerto al lado de la mesa situada cerca del mostrador.
Casi sin pensar en la reacción de los otros miembros del grupo, los agresores desenfundan revólveres y una escopeta calibre 12 y disparan en repetidas ocasiones contra las demás personas.
Martha de Alvarez, que en ese momento se encuentra en el interior de la vivienda, en donde hace poco tiempo funcionó una sastrería de tercera, sale al corredor y observa entonces a su esposo Jesús Alberto que se ha tirado al piso para protegerse del fuego.
En segundos uno de los miembros del grupo, Javier Alexander Valencia Torres, según su familia, miembro de una padilla juvenil que opera en el barrio Gustavo Restrepo, sale herido del bar para huir pero es rematado por sus agresores sobre la acera oriental de la diagonal 32B, cerca de la pared de color azul de la vivienda.
Los asesinos salen con tranquilidad del lugar y bajan por la diagonal 32B, amparados en la oscuridad reinante en el lugar. A los gritos de auxilio acuden entonces varios vecinos del lugar y sacan a Mojica, a María Gladys Lara La Gata según testimonios de los vecinos expendedora de basuco, y a Fredy Velandia Pineda. Todos mueren en el Hospital de La Hortúa.
Ahora, un día después del múltiple crimen, nadie se atrave a hablar porque existe la ley del silencio. Los agentes de la Sijin buscan intensamente a la mujer que acompañaba a los homicidas y que, en su afán por huir, dejó abandonado uno de sus zapatos. Es, tal vez, la única pista de la investigación.
Uno de los muertos, Abelardo Mojica Alvarez, según la Policía, era buscado por homicidio en tres juzgados de Instrucción Criminal.
Para las autoridades fue un asunto baladí, pero para los vecinos de Las Colinas es solo uno de los setenta casos que se han presentado en los primeros seis meses en ese sector de Bogotá (2).
Fuentes:
- 1. LOS ASESINARON POR HABLAR MAL DE BOYACÁ - EL TIEMPO, 10 de julio 1992
- 2. ASESINADAS AYER NUEVE PERSONAS EN DOS MATANZAS - El Tiempo, 9 julio 1992
