Jorge Luis Rodelo Serrano
Fuente: ELUNIVERSAL.COM.CO
1. Conductor
Hechos
El 14 de agosto de 2001 en San Juan de Nepomuceno, Bolívar, paramilitares desaparecieron y asesinaron a JORGE LUIS RODELO SERRANO, conductor.
Relata la fuente: “El 14 de agosto de 2001, Jorge Luis salió más temprano que de costumbre. Diez minutos antes de las cuatro de la mañana encendió el motor de su camioneta Dodge, roja, modelo 84, recién reparada de motor, latonería y pintura; y de inmediato salió hacia Calamar, a unos 40 kilómetros de San Juan.
Alcanzó a llegar al puerto. Le mamó gallo a los maleteros, y se tomó un tinto cerrero bien caliente preparado en fogón de leña, como le gustaba, con sabor a humo. Contempló la aurora en el río y disfrutó un ratico de la brisa fría. Casi se quema con el café cuando una vendedora de pescado lo tocó por sorpresa en el hombro derecho y le dijo: “Vayámonos para San Juan, creo que ya tienes el cupo completo”. Se encogió de hombros y espero a que siete mujeres vendedoras de pescado subieran sus porcelanas llenas de barbules, arencas, mojarras y bocachicos.
El carro de Jorge, cuenta su padre, lo detuvieron unos paramilitares al mando de Parménidez Orozco, conocido como “El Pambe”, a la entrada de Barranca Nueva y lo hicieron devolver para Calamar, donde dejó a las mujeres que había recogido minutos antes. Lo que ocurrió después aún es un misterio.
A las seis de la mañana, una de las vendedoras de pescado llegó hasta la casa de Elicio y le informó que a su hijo se lo habían llevado los paramilitares. Salió enseguida con un amigo con la idea de hallarlo vivo o muerto. Demoró tres días buscándolo por toda la zona.
Recorrió toda la orilla del Río Magdalena desde El Yucal hasta Calamar y la embocadura del Canal del Dique, hasta que al final del tercer día, después de hallar la camioneta en una zona enmontada conocida como La Playa, se decidió ir hasta donde Sergio Córdoba Avila, alías “El Gordo” o “Cara Cortada”, quien era jefe de “El Pambe” y el único que podía confirmarle donde habían tirado el cuerpo, pues ya él y su familia daban por descontado que a Jorge lo habían asesinado. Pero seguían preguntándose: ¿por qué?
El asunto era otro, cuenta Elicio, ahora con la cara descompuesta y entre sollozos, que dan paso a unos gemidos. Cuenta con la voz entrecortada que lo único que le pidió a Dios fue hallar el cuerpo de Jorge para sepultarlo. Así, decidido, llegó hasta donde “El Gordo”, cuya sola mirada llenaba de terror al más valiente, y le preguntó: ¿qué pasó?, ¿dónde está?, ¿por qué lo mataron?
“El Cara Cortada”, sin mirarlo siquiera, le contestó, mientras pelaba una naranja con una navaja: “dicen que era amigo de los guerrilleros”.
Las palabras le cercenaron el corazón a Elicio, por la indignación de enterarse de que por una mentira le habían quitado a su compañero de trabajo, a su hijo querido. Respondió, entonces, quizá aún con más sequedad que el paramilitar: “Sea serio, mi hijo fue un hombre sano y nunca tuvo nexos con la guerrilla”.
- “Váyase de aquí”, sentenció con ira el paramilitar, mientras sus esbirros reían a carcajadas y le apuntaban a la cabeza con armas de corto y largo alcance, como para amedrentarlo aún más.
Con la frente en alto y dispuesto a todo, salió lanzando improperios contra los paras. Llegó a su casa por la noche con la intención de pegarse un tiro a escondidas, para poner fin al sufrimiento. Sólo quería encontrarse, una vez muerto, con el alma de su Jorge, quien le aclararía por qué lo habían matado. Su mujer le dio una toma de valeriana para que se calmara. Lloró solo, en una mecedora, mientras recordaba la risa de su hijo. De allí lo llevaron a la cama, donde por fin pudo dormir, un poco después de que su esposa lo alentara a buscar el cuerpo de Jorge por la zona de Mahates, dizque porque lo había acabado de soñar…”
Fuentes:
- 1. CRÍMENES EN LOS MONTES DE MARÍA - eluniversal.com, 5 de Julio de 2009
