El 1 de noviembre de 2003, CARLOS ALBERTO GÓMEZ RUIZ se dirigió a las 8 de la mañana hacia Peradó, ISTMINA (Chocó) a una reunión con los paramilitares que controlaban este sector, para obtener el permiso de aserrar un lote de madera. A eso de las 10 de la mañana llegó un grupo de soldados del Batallón Manosalva Flórez de Quibdó, quienes entraron disparando indiscriminadamente. Los paramilitares huyeron hacia el monte y Carlos Gómez no tenía motivos para huir, ya que él creía estar protegido por las fuerzas militares, pues no pertenecía al grupo al cual estaba dirigido el ataque. Salió al encuentro de los militares con las manos en alto y gritando: “Paren el fuego, no me hagan daño, yo soy un aserrador”. Sin embargo, los militares lo retuvieron durante varias horas, lo torturaron e interrogaron, desfiguraron su cara, fracturaron sus brazos y piernas y lo golpearon en todo su cuerpo sin parar. Finalmente, un informante del Ejército, vestido con prendas militares y conocido en la zona como el ex-paramilitar apodado “El Trovador”, dijo a quien dirigía el operativo militar, que lo matara, ya que era conocido del comandante paramilitar de la zona, y así fue asesinado Carlos Gómez con un tiro de gracia. El Ejército no quería entregar el cadáver y querían enterrarlo como NN, para que no quedara evidencia de su crimen. La familia contrató a un abogado quien hizo la gestión necesaria, para que el cadáver fuera entregado y enterrado en Medellín. Carlos Alberto Gómez tenía cinco hijos.