Fernando Gómez Panqueva
Fuente: CINEP Y COSPACC
1. Comerciante
Hechos
Víctimas en estos hechos: 2 (Asesinadas: - Desaparecidas: 2)
El jueves 17 de julio de 2003 fueron desaparecidos, mientras viajaban de Bogotá a Tauramena, los comerciantes EDER ORLANDO PANQUEVA, de 34 años, y su primo FERNANDO GÓMEZ PANQUEVA, de 37 años. Iban en una camioneta Dodge 100 que luego aparecería junto con otros carros pertenecientes también a víctimas de desaparición forzada. La familia de Fernando recibió una comunicación en la que las ACC exigían 50 millones de pesos para rescatarlos o material bélico. Luego el GAULA informaría que los autores del crimen eran las ACC y alias “Chanfle”. Ninguna de las diligencias judiciales adelantada por los familiares ha dado resultado.
Todo indica que el crimen es atribuible a la estrategia militar encubierta denominada ACC (Autodefensas Campesinas del Casanare) cuya cooperación con la fuerza pública ha sido evidente en muchos casos, por ello hay aquí una violación evidente de los derechos humanos y la comisión de un crimen de Desaparición Forzada, considerado Crimen de Lesa Humanidad (1).
Jennifer Gómez, defensora de derechos humanos, escribió una carta recordando a su tío Fernando Gómez Panqueva, a quien desaparecieron en julio de 2003 las Autodefensas Campesinas del Casanare.
"Desde que se llevaron a mi tío, Fernando Gómez Panqueva, el 23 de julio de 2003, cada día me pregunto por qué lo hicieron: ¿Qué cosas tan malas puede hacer un ser humano para que sea desaparecido y torturado? Para mí fue la forma más terrible de robar los sueños de toda una familia, mi familia. Mi tío Fernando fue muchas veces mi papá, el que siempre cocinaba rico, el de la fiesta, el del chiste, el mecánico, el costurero, el hermanito menor, el gordo, el chacho, el desaparecido.
No olvidaré el día de la denuncia. Lo recuerdo como si fuera hoy. Veo a mi prima, su hija mayor de tan solo 10 años, tomando sus prendas y llorando inconsolablemente. Y a mi primo, su hijo de solo 8 años, perdiendo la sonrisa y sin pronunciar palabra. Se quedó mudo. Mientras que la bebé de tan solo dos años miraba a su madre con ojos apagados. Mi tía trataba de sacar fuerzas de donde no tenía. Un mar de preguntas surgió: ¿Quién iba a traer el sustento a casa? ¿Quién haría la fiesta en la casa?
Mi madre, hermana de Fernando, desde el comienzo costa luchó a toda costa por hallar una repuesta. Sus sueños le anunciaban que las cosas estaban mal, que su hermanito, su amigo, el que en su embarazo y nacimiento de su hija fue el único que le dio para la leche y los pañales, no volvería. Estaba en el limbo. En las noticias no salía nada porque hay mucha gente que desaparece todos los días en este país.
Yo recuerdo cuando llegaba a Engativá y la casa de él era lo máximo. Podía jugar con mis primos, había mucha comida y, eso sí, no podía faltar la buena música, sobretodo la salsa. Qué lindos recuerdos que ahora se desvanecen en la incertidumbre.
En 2003 yo cumplía 15 años. Mi mamá y mi tío me habían preparado una fiesta sorpresa y él era el encargado, como todos los años, de la torta y de los mariachis. Llegó el 9 de noviembre. Él no regresaba y no sabíamos nada. Mis quince finalmente los celebramos en un restaurante sin mucho ruido. La ausencia de mi tío solo provocaba silencio.
¿Paramilitares? ¿Qué es eso? ¿Quiénes son? ¿Ellos habían sido? ¿Por qué a mi tío? ¿Por ser un vendedor de tapabocas y bomboneras? La Fiscalía había hecho una llamada en la que nos informaron que habían encontrado la camioneta en un campamento paramilitar en Monterrey de las Autodefensas Campesinas del Casanare. Pero, ¿y él? ¿Dónde estaba mi tío? ¿Quiénes eran los paramilitares si en las noticias solo hablaban de la guerrilla?
Su esposa siempre se veía fuerte, pero pasaba el tiempo y mi tío no aparecía. Ella tuvo que asumir los gastos de la casa. Eran tres niños con hambre, que no podían dejar el colegio. Trabajaba en lo que le saliera, no importaba si el trabajo fuera de fuerza física, porque el gran amor a sus hijos y a su esposo nunca la dejó desfallecer. Sin embargo, la incertidumbre de no saber el paradero de mi tío se le incrustó en sus venas, en su pecho, en su cabeza y se transformó en dolor. Tuvo que ir al médico porque le programaron quimioterapias. ¡Sí!, la incertidumbre se transformó en cáncer de mama. Ella dejó este mundo sin saber que el amor de su vida había sido encontrado en una fosa común en una finca en Tauramena (Casanare), que había sido torturado con ese instrumento que usan mucho estos señores: el machete.
Se marchó dejando a sus tres hijos totalmente huérfanos. La bebé de 8 años solo mira a su alrededor. Ya no está su mamá y tampoco recuerda a su papá. Solo guarda en su memoria lo que le dicen sus hermanos. Ahora ellos, comenzando su juventud, luchan por sobrevivir en un país de pocas oportunidades.
Mi mamá oraba todas las noches por saber algo, hasta que llegó el día de ir al Instituto de Medicina Legal para reconocer a su hermano. Pero eran restos óseos, no era el gordo alegre que se había despedido ese 19 de julio de 2003.
Yo no asistí ese día. Me dolía demasiado. Ahora soy defensora de derechos humanos y convertí mi dolor y el dolor de mi familia en lucha, para que no vuelva a sucederle esto a nadie más en el país, para que los sueños se hagan realidad y para trata de construir un mundo mejor. Sé que algún día volveré a ver tu sonrisa, a pesar de que nunca nos han pedido perdón ni tenemos respuesta de por qué lo hicieron. Te amaré siempre, tu sobrina Jennifer" (2).
Fuentes:
- 1. CINEP Y COSPACC Noche y Niebla - Casanare: Exhumando el Genocidio
- 2. \\\'Yo no te olvido\\\': cartas a los desaparecidos - Colombia2020, 30 agosto 2017
