Ricardo Andrés Montealegre
Fuente:
1. Sin datos - Víctima de DF Casanare
Hechos
El martes 4 de febrero de 2003, hasta la casa de FLAMINIO HERNANDEZ NÚÑEZ, de 33 años, llegó un amigo de nombre RICARDO ANDRÉS MONTEALEGRE, con una nota que enviaron los paramilitares; en ella le daban la orden de presentarse en la vereda El Vegón. Luego de leerla, Flaminio salió de inmediato al lugar de la cita y nunca se volvió a tener noticia de su paradero. Él llevaba una camisa roja con manga corta, un pantalón jean de color verde y un sombrero amarillo. Partió en un caballo blanco, el cual también se perdió. Un mes después –aproximadamente el 4 de marzo de 2003- RICARDO ANDRÉS MONTEALEGRE también fue desaparecido en Recetor, en la misma vereda y por el mismo grupo. Quince días después, varias personas conocidas, quienes tenían familiares en manos de ese grupo, en su mayoría padres de los desaparecidos, se dirigieron a una finca en la vereda El Vegón, junto a la escuela, y allí acamparon en la casa del propietario, a quien nunca le hicieron nada. Cuando llegaron al lugar, había un grupo de aproximadamente 10 hombres. A un hombre de piel negra, alto, churco, le preguntaron por sus familiares; él les dijo que estuvieran tranquilos, que en dos semanas los dejarían en libertad; que ellos estaban pagando una sanción. Una de las personas les suplicó que no los fueran a maltratar, a lo que él prometió que les darían buen trato, que estaban en buenas condiciones. Cuando le preguntaron al individuo por su nombre, él contestó: “por algo me llaman el depredador”. La entrevista duró más o menos 2 horas y luego se regresaron En otra ocasión se entrevistaron con alias “El Calvo”, un hombre flaco, alto, y calvo, de unos 60 años. Ellos pedían las cédulas y las revisaban por computador. Para referirse a las cédulas, mencionaban “la herradura”; luego de mirarlas, dependiendo de los resultados, los dejaban ir. Alias “El Tigre” manifestó que, gracias al Ejército, podían estar en la zona; que ellos les ofrecían protección. Esta entrevista la tuvieron en la vereda Comogó.
El “engaño tranquilizador” aparece en éste y en otros muchos casos, como una estrategia de los paramilitares, intentando bloquear las denuncias y la conmoción movilizadora durante las primeras semanas o meses después de perpetrados los crímenes, hasta que éstos se fueran asentando en la conciencia colectiva como ineludibles y la amenaza y el terrorismo se encargaran de paralizar a familiares y comunidades o de obligarlos a desplazarse. Este fue, como puede verse en muchos casos, el contexto de las violaciones más graves a los derechos humanos, como la Desaparición Forzada, la Tortura y la Amenaza. Nuevamente la unidad de acción entre militares y paramilitares se convierte en confesión explícita al proclamar el mutuo apoyo como algo exitoso.
Fuentes:
- 1. CINEP Y COSPACC Noche y Niebla - Casanare: Exhumando el Genocidio
