El 4 de junio de 1994 en Piedecuesta, Santander, en cercanías al sitio denominado Los pozos del acueducto, se halló el cuerpo de CARLOS ARTURO RUEDA, de 26 años de edad. El cuerpo de Carlos Arturo estaba maniatado, golpeado un brazo; presentaba quemaduras en el rostro producidas con ácido y 4 disparos (2 de ellos en la cabeza). Su paradero era desconocido desde el 1 de junio, cuando salió de la casa de sus abuelos, donde pasaba vacaciones. En los últimos meses de su vida, Carlos Arturo se dedicaba a la agricultura como forma de superar su adicción a la marihuana. Al parecer, cuando consumía droga, cometió varios robos. La Policía de la población lo perseguía desde hacía 6 años y había sido víctima de 3 atentados, en 2 de los cuales resultó herido. La sevicia con la que lo ultimaron es una muestra más de la crueldad alcanzada por los grupos paraestatales, que por medio de estas prácticas perseguían escarmentar e intimidar a la población en general para obligarla a sumirse en su incuestionable orden social.