Laura Mercedes Simmonds Muñoz
Fuente: Proclama del Cauca
1. Abogado
1. Activista por la paz - FUNCOP Fundación para la Comunicación Popular
Hechos
El 23 de mayo de 1994 en Popayán, Cauca, paramilitares ejecutaron a LAURA MERCEDES SIMMONDS MUÑOZ, 36 años, abogada, militante del M 19, y directora de la Fundación para la Comunicación Popular – Funcop-. El hecho se presentó a las 8am cuando la víctima se disponía a sacar su vehículo del garaje de su residencia, ubicada en el barrio La Loma de Cartagena.
Información Personal
Cuando el 23 de mayo de 1.994, aproximadamente a las ocho de la mañana, Laurita, nombre que inspiraba transparencia, confianza, amistad y alegría, cuando salía de su residencia ubicada en Barrio “Loma de Cartagena”, en Popayán, se encontró de frente con el arma que le quitaría la vida y alcanzó a decirles a los asesinos, ante la inminencia de la muerte, ¿Por qué a mí?”
Laurita tenía no solo la convicción moral de su militancia pacifista sino que era abanderada de la paz. En su ideario cultural, académico y político no admitía la violencia como instrumento del poder, ni mucho menos la concebía como una manifestación innata de la naturaleza humana.
Culturas, razas, pueblos y comunidades significaban para ella la unidad del género humano. Lo demostró en su trabajo social en la región caucana donde su pacifismo estuvo orientado a luchar por la eliminación de la confrontación armada y la disminución del sufrimiento provocado por las enormes desigualdades sociales y económicas.
Objetaba la guerra y objetaba la violencia. Su propia manera de ser, fraterna, vital y abierta a la camaradería y la solución de las diferencias mediante el diálogo y el arbitraje, era una constatación de su rechazo a la violencia, y, que, como en las grandes ironías de la historia, fue esa violencia la que agotó su vida, más no su ejemplo de entrega a la cultura de la convivencia pacífica, que fomentó en los últimos años como Directora de la Fundación para la Educación Popular, FUNCOP, desde la cual incentivó procesos ciudadanos de cultura de paz y pedagogía democrática.
Su recuerdo perdura en la memoria histórica de las marchas sociales y movilizaciones del Macizo colombiano, donde su presencia no solo fue moral sino física, en apoyo de las reivindicaciones de los maciceños por el agua, la tierra y la autonomía territorial, mediante acciones orientadas a la defensa y promoción de los derechos humanos, la biodiversidad y la gobernabilidad democrática.
Recuerdo un viaje que hicimos desde Popayán a la zona montañosa de Toribío para hablar con Carlos Pizarro Leóngomez; la escuché con deleite hablar sobre la política entre los griegos y me recordaba que la política para los helenos era una forma de pensar, de sentir, de ser y, fundamentalmente, de interactuar socialmente, sin que los rangos de riqueza excluyeran el abordaje de la estética y la inteligencia frente a todas las expresiones de la vida.
Su paso por las aulas de filosofía y la carrera del derecho, su vocación de lectora y buena contertulia, que gratificaba con encuentros de amistad y camaradería, la condujeron a explorar el papel de la mujer desde la perspectiva de género y como como agente de paz.
“Estamos históricamente jodidas”- me dijo- como dándome una lección sobre los derechos de la mujer. “En razón de la distribución asimétrica del poder en las sociedades humanas a los hombres les asignaron la tarea de hacer la guerra y, desde esa posición agresiva y dominante, terminaron adueñándose de la política, mientras a las mujeres, los guerreros, nos dejaron la opresión de la casa, -ironizando con un “hogar bello hogar”, a tal punto que hoy no se nos mira como seres humanos sino como objetos para la exclusividad de otros seres humanos”.
Al paso por la ciudad de Santander de Quilichao, entre charla y charla, que saltaba agradablemente en diferentes direcciones, me entregó para la lectura un documento de su autoría que días después abordaríamos de manera crítica.
Allí encontré su mirada socialmente progresista, su pasión por la justicia social, su visión integradora de la caucanidad, que supera los cálculos y límites estrechos de la retórica gubernamental, construida con frases alambicadas para mantener cuatrienios electorales y docilidad política.
Hoy, cuando su vida es un ejemplo de honradez política y social en la historia de nuestro departamento, ejemplo en el que nunca asomó la pretensión de vanidoso liderazgo, me tomo la libertad de registrar apartes del “PACTO SOCIAL PARA EL DESARROLLO DEL NORTE DEL CAUCA”, en cuya propuesta expresaba:
“El Norte del Cauca constituye una región intermedia entre un Departamento de mayor desarrollo económico, como lo es el Valle, y una de las zonas de menor desarrollo en términos capitalistas en nuestros país, el Departamento del Cauca”
“Por razones históricas y geográficas, cualquier desequilibrio de los dos impacta necesariamente al otro; es así como por ejemplo, Agua Blanca está habitado en su gran mayoría por migrantes de esta franja intermedia, con sus consecuentes demandas y presiones sociales sobre la capital del Valle”.
En el mismo documento Laura señalaba que la vecindad geográfica del Valle con el Cauca “permitió la expansión agroindustrial de la región nortecaucana, con desconocimiento de las particularidades sociales, culturales y económicas de sus diferentes etnias, contribuyendo a la generación de conflictos que todavía subsisten”.
Propugnaba por un pacto social justo que, mediante un acuerdo de voluntades entre las comunidades y la sociedad política “en torno a propósitos comunes y coincidentes, no necesariamente iguales, de desarrollo regional” hiciera viable y posible la concertada solución de los conflictos “creando condiciones para la paz y por lo tanto nuevas garantías para la inversión social y económica”.
El encuentro de Toribío nos permitió conocer el compromiso irrenunciable de paz del Movimiento 19 de Abril, M19, en la región caucana, a nivel nacional y en el exterior, donde se encontraban en el exilio personalidades emblemáticas de la agrupación insurrecta como Antonio Navarro Wolf.
Recuerdo que cuando hablábamos sobre el poder, en el trayecto de la carretera, tema siempre controversial, me dijo: “…poder hermano va más allá de la facultad de hacer una cosa, es más que dominio y tenencia, es ejercicio de la coerción ejercida sobre los otros, es la pobreza y la riqueza que vemos al lado y lado de la carretera, es también ejercicio de la violencia, y… maneje más rápido hermanito que estamos atrasados y debemos hablar largo y tendido con Antonio (nombre de guerra de Carlos Pizarro) para que nos cuente cómo va el paseo”.
Y “dónde es la cosa” me inquirió cuando habíamos llegado a Tacueyó, respondiéndole que no se preocupara, que yo no sólo tenía las coordenadas, sino que los “muchachos” (guerilla), al vernos en la zona, nos abordarían para llevarnos al lugar del encuentro, que finalmente se realizó en la vereda Nátala.
Durante dos horas Pizarro nos habló de los acuerdos logrados con el Presidente Virgilio Barco Vargas a través del Comisionado de Paz Rafael Pardo Rueda y Ricardo Santamaría, proceso en el que, en virtud de la confianza política depositada en mí nombre por los movimientos sociales, partidos políticos alternativos, partidos tradicionales, las iglesias y empresarios, fui elegido como Presidente de la Comisión de Diálogo del Cauca para realizar acercamientos con la Coordinadora Guerrillera “Simón Bolívar”, de la cual era miembro el M19, posición que nos permitió vincular orgánicamente a Laura directamente al proceso de reconciliación.
Tanta era la decisión moral de paz que había asumido Carlos Pizarro que en desarrollo de la conversación nos dijo con premonitoria afirmación: “Tengo la seguridad de mi muerte y no me asiste el temor de ofrecerla como una ofrenda por la reconciliación de Colombia. La siento y la llevo como un presupuesto moral. Los enemigos de un nuevo orden social y político no descansarán en sus afanes de acabar con el sueño de la paz para Colombia, pero iremos, aún al precio de nuestra vida, hasta el final”.
Laura, profundamente conmovida, al escuchar las palabras de Carlos Pizarro, le dijo: “…estamos en el Cauca fortalecidos para escuchar homenajes a la vida, la paz, el amor y la reconciliación; la paz en Colombia se creció Comandante”. Poco tiempo después la desgarradora premonición de Carlos Pizarro se cumplía y Laura, en la plenitud de la vida la perdía, en lo que también pudo ser un crimen de Estado.
Fue en esos nuevos escenarios donde Laura, por sus planteamientos, imaginación, talento y seriedad en sus apreciaciones, dotados de buen humor, donde Laurita encontró sentimientos de bienvenida y admiración en la cúpula del M19.
Carlos Pizarro, en desarrollo de la conversación, para sorpresa de Laura, comentó que en virtud de una decisión adoptada por su tío, Carlos Lemos Simmonds, en ese momento Ministro de Comunicaciones, quien atendiendo la solicitud de la agrupación rebelde, formulada mediante la participación de la Comisión de Diálogo del Cauca, ordenó instalar, en Santo Domingo, Toribío, un teléfono satelital, mucho antes de la firma de los acuerdos, tecnología que hizo expedita la comunicación del grupo insurrrecto con la Presidencia de la República, los medios de comunicación colombianos, de América Latina, Norteamérica y la Unión Europea para divulgar la decisión de paz del M19.
Cuando regresábamos de Nátala, a eso de las seis de la tarde, intempestivamente el vehículo en el que viajábamos se apagó. Intentamos prenderlo, sin éxito alguno, empujándolo, a veces, con las débiles fuerzas de Laurita, en un paraje despoblado que, por recomendación de los conductores de los vehículos que pasaban, nos aconsejaban abandonar por la posible presencia de paramilitares.
Pese al normal temor que se siente en zonas desconocidas determinamos no abandonar el vehículo que una buena amiga de Laura le había prestado, sin la obvia autorización de salir hacia campos de esporádicas hostilidades militares, y nos acomodamos para poder dormir y soportar el frio en la cabina del vehículo hasta las seis de la mañana, cuando debería llegar un mecánico lugareño que habíamos conseguido.
Intentar conocer las causas de la falla mecánica o eléctrica era imposible, cuando Laurita insistió nuevamente en levantar el capó del automotor y al revisar los cables eléctricos me dijo: “¿Mira ve, cabezón, no será este alambrecito?”, y, en efecto, lo era: un cable suelto del alternador no hacía masa y había encontrado felizmente a una idónea electricista automotriz que lo conectó, lo que nos permitió llegar temprano a Popayán para proseguir al día siguiente hasta Sotará.
Carlos Pizarro nos había solicitado confirmarle a Libardo Parra Toro, Comandante del Batallón América, un aparato guerrillero efectista asentado a media hora de Popayán, que había derribado dos helicópteros black hawk en esos días y suscitaba rumores de una temeraria incursión sobre la ciudad, que la decisión de paz del M19 era irrevocable, misión que en aras de la tramitación pacífica del conflicto realizamos en compañía de María Cecilia López Saconni, quien desempeñó una misión relevante en lo que hoy llamamos postconflicto, Directora del PNR, Plan Nacional de Rehabilitación, en el Cauca.
Laura creía que la violencia y el terrorismo eran deslegitimadores de la dignidad humana, un mal monstruoso y un desastre de la civilización, de ahí que su alta sensibilidad en torno a los derechos humanos fundamentales, sociales, económicos y culturales respondía a una concepción ética, intelectual y moral sobre la sociedad colombiana.
Después de una conversación amena y fructífera en torno a la agenda del diálogo con el gobierno nacional vendrían los mensajes y palabras de paz, no sin antes acordar la realización de un evento en Popayán, las principales ciudades de Colombia, México, Panamá y Madrid para anunciar el buen suceso de la paz.
Entre las iniciativas contempladas Laura propuso prender luces en las ciudades enumeradas exponiendo los símbolos del M19, sin embargo, no había claridad sobre el nombre de los actos a realizarse; de pronto, de manera sorpresiva se iluminaron los ojos de Laura y con su característica y contagiosa alegría dijo: “Prenda una Vela por la Paz”, iniciativa que fue acogida y trasmitida a Carlos Pizarro y cuyo evento en Popayán se realizó con la participación del Alcalde Mayor Sebastián Silva Iragorri, Germán Pabón y el Cardenal Pedro Rubiano Sáenz y amplia presencia ciudadana.
“Prenda una vela por la Paz” se extendió como lema pacifista en Colombia y después por varios países del mundo donde existían conflictos armados internos como en Centro América.
Para culminar el acto, de manera inusual e insólita, antes de despedirnos, el Comandante del Grupo Guerrillero expresó a la guerrilla, en rigurosa formación, que escucharan las palabras de los comisionados de paz.
En nombre del gobierno nacional intervino María Cecilia López Saconni, Directora del Plan Nacional de Rehabilitación, me correspondió hacerlo en nombre de la Comisión de Diálogo del Cauca y del Arzobispo Pedro Rubiano Sáenz, mientras Laura no intervino, se separó del grupo y prefirió, a prudente distancia, observar el desarrollo del insólito evento.
Laurita, una mujer que pensaba con el corazón, que actuaba con noble sensibilidad social, que persuadía con la emoción que le imprimía a sus palabras y el amor que depositaba en sus sueños.
Con su voz, en apariencia frágil, inconfundible, y con su imaginación y talento, era capaz de convencer y vencer.
Gracias por su hermandad y militancia por la paz. El Cauca y el País le deben a ella haber prendido una luz para refrendar y enaltecer la solución negociada del conflicto armado y aprender a vivir y construir paz y democracia con quienes piensan de distinta manera.
(Fuente: JORGE MUÑOZ FERNÁNDEZ - Proclama del Cauca, Popayán, febrero 17 de 2015 - Del texto publicado por la Universidad del Cauca, Vicerrectoría de Cultura y Bienestar Área de Desarrollo Editorial).
Fuentes:
- 1. CINEP Paramilitarismo de Estado en Colombia 1988-2003
