El 8 de febrero de 1982 en Yacopí, Cundinamarca, militares apresaron al labriego CORNELIO ORDOÑEZ y dos días después lo declararon en libertad. Cuando Ordoñez traspasó la puerta de la base, fue fusilado por elementos del ejército en plena Plaza Central de la población. Fue una aleve aplicación de la “ley de fuga”, con características de asesinato. El cadáver fue enterrado por el propio ejército, no obstante que la viuda, Maria Avila, reclamara el cuerpo.