TODO SOBRE EL ASESINATO DE OVIDIO MARÍN CUEVAS, EL HOMBRE QUE NO CEDIÓ A LA CORRUPCIÓN

Por Edgar Buitrago Rico
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Ovidio Marin Cuevas, era un hombre común que fue empujado por el Estado hacia su muerte. No puede se de otra manera, pues no se entiende porque al jefe de control disciplinario interno de la Industria de Licores del Valle, se le había encomendado la tarea de participar en los operativos de control al licor de contrabando. Esa no era su función. A él le correspondía investigar casos internos de corrupción, pero sin profundizar en los mismos pues para eso está la Procuraduría Provincial y la Contraloría Departamental.

El incorruptible funcionario escapó a cuatro terribles atentados y en el quinto perpetrado la mañana fría del 4 de mayo se dio final a la vida ejemplar de un ciudadano valioso, como quizá nunca se encuentre en el Valle del Cauca.

El Estado lo dejo solo. Hacía menos de un año le habían quitado el carro blindado y ya no le acompañaban 2 escoltas sino uno solo. Se desplazaba en un carro inseguro, sin vidrios polarizados y para rematar le habían asignado la tarea de enfrentar solitario a la poderosa mafia que trafica con los licores y que inunda a los estancos de los centros comerciales bajo la mirada complaciente de las autoridades.

”Martino” su quinto victimario se la cantó ”De esta no te salvas”. El sicario sabía -alguien le informó- que el valeroso funcionario portaba un chaleco antíbalas que no le cubría por su gordura un extremo del torax por donde ingresaron cuatro disparos. Ovidio, un experto en afrontar atentados había aprendido que para evitar ser alcanzado por las balas en la cabeza debía levantarse del asiento del carro y así lo hizo, situación que aprovechó el sicario para dispararle por la parte descubierta del chaleco. Con su muerte la mafia le cobró el haber participado en el desmantelamiento de un alambique, situado en los limites de los municipios de Restrepo y Calima Darién. El carro en que se movilizaba quedo con el cambio en reversa lo que supone que Marín Cuevas, intentó dar marcha atrás para salir del atentado.

Obviamente que no se puede descartar como el mismo lo denunció en su libro ”Palabra de honor” que su muerte obedezca a sus investigaciones por el caso de las pensiones o por haberse negado a recibir dinero cuando fue candidato a la alcaldía de su pueblo o por los autores de infamantes denuncias por parte de un movimiento pluripartidista que lo acusaba de casos de corrupción, en hechos que fueron divulgados alevemente por Noti-5 y varios periódicos regionales sin esperar los resultados de las investigaciones de los entes de control respectivos que luego lo absolvieron de toda culpa. Estos hechos los narra en su libro ”Palabra de honor” el cual cayó en el olvido como su lucha contra la muerte. En el pasado Festival del Libro del Pacìfico, solo vendiò dos ejemplares por $8000 cada uno.

A Ovidio Marín, siempre se le pidió más de lo que debía y nunca se le garantizó su vida. Lo pusieron a enfrentar a los poderosos carteles de la corrupción integrados por ”prestantes” políticos y cuando los denunció las autoridades callaron y desviaron las investigaciones hacia el cajón de la impunidad, mientras que los cementerios se llenaron de ciudadanos ejemplares como Fabio Ospina Giraldo, Ovidio Marín y otros doce más que se atrevieron a luchar por desmantelar una poderosa organización criminal que con documentos falsos pensionaba diputados, exalcaldes, personeros, concejales, etc. Incluso había una ordenanza que autorizaba el pago de 15 millones de pesos y retroactividad de tres años al diputado que se pensionara. Los 15 millones eran por el cartel de las pensiones. Muchoos honorables exdiputados alcanzaron y aún están recibiendo jugosas mesadas a costa del sacrificio fiscal de los vallecaucanos.

Una vida que cambió de repente

Se puede decir que Ovidio Marín Cuevas, no eligió el camino que lo llevó a la muerte. Sus inicios en la política fueron tan normales que en su futuro lejos podía predecirse que iría a enfrentar a sus verdugos. Al llegar a Cali y empezar sus estudios de derecho en la Universidad Santiago de Cali, se dejó convencer de las ideas liberales e inició su militancia en las toldas del holmismo. Trabajó al lado de Carlos Homes Trujillo Miranda, David Riaño Ospina. Fue presidente de la junta de acción comunal del barrio la Selva y como todo político regalaba cuadernos, organizaba sancochos de gallina y aspiraba a ser concejal. Siendo gobernador del Valle, Manuel Francisco Becerra, se le encargó la misión de reemplazar al único alcalde liberal de su pueblo, quien había sido asesinado, no se sabe si por razones políticas en un pueblo eminentemente conservador. Su gestión fue exitosa. No persiguió conservadores y su nombre comenzó a figurar en la vida política de su municipio. Fue concejal. Al término de su encargo en la alcaldía fue nombrado en la auditoria de Emcali. Hasta ahí su vida era normal. Se casó con Luz Mary Sánchez Calderón de cuya unión nacieron Carlos Arturo y Claudia Andrea Marín Sánchez.

Su vida cambió radicalmente a partir del primero de enero de 1992 cuando fue llamado por el entonces secretario de servicios administrativos de la gobernación del Valle, Fabio Ospina Giraldo, para que asumiera la oficina de prestaciones sociales del departamento.

Formaba parte -como quien esto escribe- de la escuela ética del ingeniero Fabio Ospina Giraldo, y dirigió una de las investigaciones más sonadas y más asqueantes por la corrupción y por los personajes que se involucraron en la defraudación al departamento por más de 6.000 millones de pesos. En este latrocinio aún en la impunidad estaban Esto le costó un primer atentado.

En esa dependencia había una olla podrida muy grande. Ante las amenazas de muerte e intentos de soborno renunció el 12 de agosto de 1992 al cargo y asumió otro mucho menos riesgoso en la secretaria general de la contraloría municipal. Sus constantes ratificaciones de las denuncias ante la fiscalìa precipitaron el primer atentado el primero de octubre de 1993 cuando recibió 5 tiros en la espalda y uno en la rodilla. A punto de morir en el Hospital de Buga no le atendieron debidamente porque carecía de 82 mil pesos para tomarle una radiografía.

Ovidio Marín se dio a la tarea de hacer lo que no podìan las autoridades: investigar quien había ordenado su asesinato descubriendo que fue perpetrado por sicarios al servicio de un narcotraficante del peligroso cartel del norte del Valle, los cuales le ”estaban haciendo el favor a un reconocido político”, quien era investigado por las denuncias de Ospina Giraldo y Marín Cuevas. Se comprometió a abandonar las idas a la fiscalía pues había sido sido objeto de permanentes dilaciones de inescrupulosos funcionarios que informaban a los sicarios de sus movimientos. Alias ”Kiko” el sicario se comprometió a no volver a atentar contra Marin Cuevas.