Por escapar de la violencia que se vive el norte de Urabá, Heber y Rosiris, una pareja de campesinos, lo dejaron todo en San Pedro y regresaron hace un año a Turbo.
eltiempo.com
22 de julio de 1995
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Tomaron en arriendo un rancho en un barrio del corregimiento El Tres, una zona rural ubicada en la carretera al mar, entre Turbo y Apartadó, cerca a la casa del padre de Rosiris, y allí se instalaron con sus tres hijos: Virginia, de 5; Yurley, de 4,; y un niño de cuatro meses, que aún no tiene nombre.
Ahí, en el barrio El Estercol, formado por 50 ranchos de ladrillo y tejas de zinc, el matrimonio soñaba con iniciar una nueva vida y olvidar ese pasado de miedo.
Pero la violencia los buscó hasta que los encontró. Se llevó a Virginia, la hija mayor. Eso fue el pasado 11 de julio.
La niña fue asesinada dentro de su vivienda por dos presuntos miembros de un grupo paramilitar. Los hombres llegaron preguntando por una persona de nombre Rodrigo, del cual la familia de Rosiris no tiene idea de quién es.
Esa noche -cuenta Rosiris- los niños menores se durmieron mientras jugaban con Virginia. Virginia iba a prender la televisión para ver el noticiero de la siete, pues mi esposo no había llegado.
En ese momento llegaron dos tipos que nunca habíamos visto por allí. Estaban vestidos de civil. Uno hablaba paisa y el otro como un chilapo (campesino cordobés). Uno de ellos gritó fuerte y decía: Rodrigo, salga, salga… Aquí vive Rodrigo? . La niña se paró frente a la puerta y miraba por una rendija a los dos hombres. Yo les contesté: No señor, aquí no vive ningún Rodrigo, búsquelos en otra parte. Yo vivo aquí con mis hijos .
Pero el hombre ese me decía: Yo se que aquí está, que aquí vive, salga, salga , -me insistía. Como me entró el miedo, yo les dije que esperaran un momento que les iba a abrir. Cuando iba lo iba a hacer, fueron disparando y sonaron varios tiros, como tres. Uno de ellos le dio a la niña y quedó ahí, tirada en el suelo.
Me dio pánico y les abrí la puerta, no nos fueran a hacer nada a mi y a mis otros hijos. Cuando entraron, uno de ellos le dijo al otro que buscara a Rodrigo, que porque estaba escondido. Yo les dije que por favor entraran y que esculcaran todo para que vieran que no vivía ningún Rodrigo. Me sacaron la ropa de las cajas y me la revolcaron toda, me tiraron todo al suelo.
Los hombres se quedaron como hasta las ocho. Les pedí que me ayudaran con mi niña, Dijeron que tranquila, que me enviaban gente para que la sacaran. Eso sí, me advirtieron que la sacara para Turbo y no para Apartadó.
Fueron al frente donde unos vecinos, les volaron la ventana de tabla con la cacha del revólver y les dijeron que al frente había una niña herida, que la sacaran y luego los hombres se perdieron a pie por la maleza. Antes de irse me dijeron con mucha insistencia: Dígale a Rodrigo que nosostros somos los paramilitares y que esta semana venimos por él .
Cuando los vecinos vieron la niña dijeron que ya no pagaba sacarla. Sin embargo, la echaron en una hamaca y se la llevaron a pie hasta la carretera que va para Turbo. Cuando salieron a la carretera para coger el bus, la niña murió y se devolvieron con ella .
Ahora, en la casa de su padre, a donde huyó por miedo, Rosiris recuerda que los hombres se llevaron los libros donde su esposo tenía los apuntes de los días de trabajo y un libro religioso titulado De tristeza y soledad.
Heber no llegó Heber, el esposo de Rosiris, trabaja en Apartadó fumigando parcelas contra la sigatoka, y cuando sale tarde de la faena, se queda durmiendo allá. La noche en que mataron a la niña, Heber no llegó.
Yo amanecía ahí con ella y en la mañana fui a la casa de mi papá, al pie de la carretera para Turbo. Mi papá fue por el cuerpo de la niña a mi casa y la llevó al hospital de Turbo. Luego, fuimos a la Fiscalía y pusimos el denuncio , dice Rosiris.
Un tío de la niña les regaló una caja de 40 mil pesos que compró en Turbo, y la menor fue enterrada en una bóveda del cementerio de El Tres, a las diez de la mañana del jueves 13 de julio.
La niña me decía que quería estudiar. Hace dos meses se inscribió en la escuela pero los profesores no habían llegado todavía. Mientras, ella jugaba con todos los niños y me hacía los mandaditos. Sólo jugaba con una vecinita y se mantenía en la casa , afirma Rosiris con la voz quebrada por el dolor.
Un Tres violento
Aunque la violencia no había afectado a la pareja hasta el asesinato de su hija, ellos se dieron cuenta que de un año para acá, El Tres no es el mismo al que llegaron. Varias familias de este pequeño caserío ubicado a un lado de la carretera al mar, han salido huyéndole a los paramilitares.
La gente no sale de noche a las calles. Esto es muy solo de noche. Es poco el carro que pasa después de las diez , dice la dueña de una tienda ubicada a un lado de la carretera.
Lo peor es que en El Tres no queda ningún representante de la autoridad. Hace más de dos meses el inspector departamental de Policía se fue sin ninguna explicación. Tras él, salió la secretaria de la inspección y dejó un letrero que dice: Cerrado hasta nueva orden .
Rosiris y Heber, también salieron de su barrio. Rosiris se fue a vivir con su papá cerca a la carretera. Recogió las camas y un camarote, la ropa, y las cosas de cocina. Allá no dejé nada. Sólo los cables de la luz porque no los podía quitar .
Su esposo, por su parte, se quedó en Apartadó, pues tiene miedo de que lo maten por equivocación. En lo único que puede pensar Rosiris ahora, es en que se haga justicia.
Quiero que capturen a los asesinos para que paguen la muerte de mi niña , dice Rosiris.
