SOLO QUEDARON CENIZAS…

El olor a ceniza se siente con todo su peso en la calle de Los Almendros del corregimiento Santa Isabel de Curumaní por donde pasó el comando paramilitar que asesinó a once personas en la madrugada de ayer.

eltiempo.com
9 de enero de 1999
Por PAUL BOLAÑO SAURITH Enviado especial de EL TIEMPO
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-871729

Sara Benjumea de Dita, de 80 años, una de las víctimas, murió incinerada dentro de su casa de barro y techo de palma, ante la mirada impotente de su hija y de su nieto, que alcanzaron a buscar refugio y se escondieron en medio de la maleza. La casa ardió mientras ellos ahogaban entre sus dientes los gritos de dolor.

Las cadenetas que atravesaban las calles polvorientas con papeles plásticos de colores que adornaron la Navidad ayer estaban tendidas en el suelo. La alegría del fin de año pasó y ahora el dolor, la zozobra y la incertidumbre han impuesto su reino entre los 500 habitantes de este corregimiento de Curumaní, en el centro del Cesar.

Eduardo Palomino no vaciló en abrir la ventana cuando escuchó el paso de un camión y se asombró al ver los hombres armados que peteaban las puertas de las casas vecinas y las tumbaban a porrazos. Lo primero que hizo fue sacar a su mamá, Sara Esther Dita, y se escondió con ella en un patio vecino.

Enseguida me acordé de que adentro se quedó mi abuela, pero la casa ya estaba rodeada y le metieron candela. Me abrasé fuertemente con mi mamá a contener el llanto. Mi abuela, una mujer de 80 años y ciega, murió incinerada. Sus restos no los encontramos en la cama. Tal vez trató de buscar refugio ante el ardor de las llamas , dice Palomino entre sollozos.

Heidis Mayerlis Castillo, una niña de 13 años, mece en una hamaca a su hermanito menor de 15 meses, Eider, que desde la 1:15 de la madrugada de ayer, cuando llegaron los 30 hombres que tumbaron la puerta de su casa, no ha podido dormir. A esa hora el niño rompió en llanto cuando le arrebataron a su papá, con quien dormía en la cama junto a su mamá.

Mi papá solo alcanzó a ponerse el jean que se estrenó el 31 de diciembre y yo comencé a gritar cuando le pusieron un fusil en la cabeza y se lo llevaron. A mi mamá y a mis cuatro hermanos no nos dejaron salir , relata Heidis.

En la esquina del frente, Liliana Ríos Chávez no deja de llorar con su niña de brazos. La Virgen de Chiquinquirá, patrona de la región, escuchó sus ruegos cuando su marido fue sacado de la casa por una mujer armada. Sus súplicas fueron escuchadas porque su marido regresó hacia las dos de madrugada, cuando ya habían sido asesinadas siete de las once víctimas en la calle central de Santa Isabel.

A pocos pasos de la casa de Liliana Ríos solo quedaron, sobre las cenizas, las bases de los catres donde dormían varios de sus parientes. Esos catres estaban dentro de tres casas que fueron reducidas a cenizas por los hombres armados, que encendieron en cólera cuando no encontraron a sus moradores.

A los habitantes del corregimiento, ubicado al pie de la serranía del Perijá, en donde viven de los cultivos de yuca, plátano y maíz, los paras les dieron 24 horas para que abandonen el pueblo porque: La próxima vez hasta los perros van a tomar sangre . Esa fue la advertencia que les hicieron y por eso están intranquilos.

Mientras los representantes de la Fuerza Pública patrullan las calles, varias familias permanecen en los andenes del pueblo esperando un carro para cotizar los viajes de la mudanza porque ayer Santa Isabel estaba a punto de convertirse en otro pueblo fantasma por la violencia del país…

Identidad de las víctimas

Vereda Santa Isabel de Curumaní (Cesar): Alexánder Rojas Machado, Armando Rizo, Melquiades Robles, Francisco Machado, Sara Benjumea de Ariza, Hermes Barbosa, Alvaro Vega, Francisco Machado, Giovani Castro, Luis Alfredo Guevara, Julio Tafur y un N.N.