Ayer, catorce días después de la explosión en la Universidad del Atlántico, –ocurrida el viernes 4 de febrero– murió Adolfo Altamar Lara, el estudiante que resultó herido. El joven permanecía recluido en el Hospital Metropolitano de Barranquilla con quemaduras de tercer grado en el noventa por ciento de su cuerpo, según el parte médico que entregaron en esa oportunidad.
eltiempo.com
19 de febrero de 2000
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En estos mismos hechos murió instantáneamente José Luis Martínez Castro, estudiante de Contaduría Pública en ese Alma Mater.
El deceso de Altamar Lara, quien cursaba estudios de Matemáticas, se produjo aproximadamente a las doce del medio día, coincidencialmente con la hora en que se produjo la explosión.
Mantuvo una lucha enorme por sobrevivir, pero las fuerzas no les fueron suficientes , dijo ayer en forma lacónica una familiar a las puertas del Hospital Metropolitano mientras esperaba la entrega del cadáver.
Los familiares no quisieron entregar ningún otro tipo de declaración a los periodistas.
Adolfo Altamar Lara y José Luis Martínez Castro resultaron afectados por la explosión porque estaban manipulando material para la elaboración de las llamadas papas explosivas , las mismas que utilizan los estudiantes en sus protestas contra la Policía, dijo el día de los hechos a los medios de comunicación el comandante de la Policía Nacional en el Atlántico, brigadier general Héctor Darío Castro Cabrera.
De acuerdo con Castro, en el trayecto al Hospital Altamar le confesó al oficial que lo llevaba que la explosión se debió de un accidente cuando fabricaban artesanalmente los artefactos explosivos.
Esta explosión se produjo cuatro días después de que estudiantes de la Universidad del Atlántico cerraran con llantas quemadas el tráfico de vehículos por la carrera 43 y mantuvieran un intenso enfrentamiento con la Policía en el que resultaron heridos ocho uniformados.
Los agentes sufrieron heridas y quemaduras por las papas explosivas que les lanzaron los manifestantes.
Según la información de la Policía, los estudiantes organizaban otra protesta y estaban preparando el material explosivo que produjo el pavoroso estallido, sin antecedentes en la historia de la Universidad.
Estos brotes de violencia motivaron a las directivas a la convocatoria de un movimiento de apoyo a la actividad académica y rechazo a las manifestaciones de violencia.
