¡MASACRE! – INCURSIÓN DE LAS AUTODEFENSAS EN EL CATATUMBO DEJA MÁS DE 30 MUERTOS

Conmocionado se mostró ayer el país ante el anuncio de una masacre en el corregimiento de La Gabarra donde cerca de 20 personas habrían sido asesinadas el fin de semana por grupos de Autodefensas.

La Opinión
Cúcuta
Lunes 23 de Agosto de 1999

La noticia se confirmó luego que unidades militares ingresaran en la madrugada de ayer al casco urbano de esta población que desde hace un mes permanece incomunicada al igual que los sectores de Campo Dos y Petrólea. Aseguran que en un acto demencial hombres fuertemente armados incursionaron la noche del sábado y acribillaron indiscriminadamente a las personas que se encontraban en diferentes establecimientos públicos.

Entre las víctimas figuran José Joaquín Lozano, Lisvel Grimaldo Ortiz, José Molina, Evelio Quintero Suárez, Arturo Quintero Suárez, José Guillermo Serrano, Gabriel Ángel Ortiz Rodríguez, Alfonso Rojas Rozo, Eugenio Marín Bedoya, Orlando Morales Rodríguez, Alfonso Mejía Bonilla, Víctor Julio Muñoz, Pedro Cadena Peñaloza, Lefer Vargas Alvis, Alfonso Cacua Garcés y cuatro N.N. En los sangrientos hechos también resultaron heridos Sonia Montejo Álvarez, Pedro Herrera Trigos, Juan Elí Mosquera, Jairo Cáceres Silva, Daniel Antonio Bayona, Alicia María Guerrero, Mariela Buitrago y un menor de 9 años de edad.

Oficialmente se conoció que una comisión especial de investigación se desplazó a la zona para practicar la inspección de los cadáveres. Un nuevo éxodo se auguraba en La Gabarra donde ayer sólo reinaba desolación.

————————–

A La Gabarra, Campo Dos y Petrólea los invadió, como una peste, la propia muerte.

Más de 30 personas fueron asesinadas durante el fin de semana.

El rumor de una masacre a la altura del kilómetro 42 en la vereda Caño Lapa, sobre la vía que de La Cuatro conduce a La Gabarra, empezó a rondar en la población tibuyana el pasado sábado, pero sólo se confirmó hasta ayer, en horas de la tarde, cuando familiares de las víctimas llegaron a la Cruz Roja Colombiana buscando ayuda para recoger a sus muertos.

Humberto Becerra, José Eulogio García, Nelson Ascanio, Joaquín Emilio Castilla, José del Carmen Peñaranda, José Manuel Villegas y cuatro N.N., yacían, desde el viernes en la tarde, tirados sobre la polvorienta carretera con sus rostros destrozados por el impacto de las balas. Los diez campesinos fueron masacrados por varios hombres vestidos con ropa camuflada y armados hasta los dientes. Se identificaron como miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Una habitante del sector manifestó que a la 1:30 de la tarde, del viernes, se escuchó una fuerte explosión seguida de un continuo tiroteo. “Yo lo que hice fue correr a la casa de la vecina y refugiarme con los niños… era horrible lo que se escuchaba, parecía el fin del mundo”, aseguró la mujer consumida por los nervios y el llanto.

Escenas de horror

Como de costumbre, esa tarde los labriegos finalizaron sus tareas del campo y se reunieron en la tienda de Caño Lapa a refrescar las sedientas gargantas.

A las 5:00 de la tarde una camioneta, que trasportaba a varios hombres de tez morena que vestían prendas de uso privativo del ejército y armamento, circuló rápidamente por el sector. Segundos más tarde los mismos sujetos llegaron a pie hasta el establecimiento público y en medio de insultos pidieron se identificara el propietario del lugar.

Humberto Becerra, un hombre de 55 años de edad, era el dueño y residente de la humilde caseta de la zona y el primero en caer bajo la “lluvia” de balas. Lo sindicaron de informante y auxiliar de la guerrilla. “Ellos querían saber dónde estaba la guerrilla pero nosotros no sabemos nada. Esa gente que mataron era buena y trabajadora, eran labriegos”, gritaban desconsolados los parientes.

Los cuerpos sin vida de las diez víctimas cayeron uno sobre otro regando con sangre esta tierra marcada por la “coca” y la violencia. El establecimiento fue saqueado e incinerado. Mujeres y niños, sicológicamente destruidos por las violentas escenas, no saben a dónde ir.

La vía de la muerte

En un laboratorio de sacrificio humano se ha convertido la vía que conecta a Cúcuta con Tibú. Sobre la carretera aún se encontraba ayer indicios de la masacre ocurrida la noche del sábado cuando siete personas más fueron acribilladas entre el trayecto de Petrólea y Campo Dos.

La ola criminal comenzó a las 9:00 de la noche cuando un bus de servicio público que movilizaba a varios hombres armados ingresó al pequeño caserío de Petrólea. Irrumpiendo la tranquilidad de los 500 habitantes llamaron a las puertas de varias viviendas y sacaron cerca de 12 jóvenes entre 18 y 25 años de edad.

Treinta minutos duró la tortura y la amenaza de muerte. Finalmente las justificaciones y explicaciones no le alcanzaron a Luis Daniel Contreras Villamizar, Ómar Pérez Ortega, David Hernández Jaimes y Benjamín Remolina para salvar sus vidas. Los elegidos fueron separados del grupo y llevados a las afueras de la población donde fueron acribillados con varios impactos de bala en la cabeza.

La acción demencial tomó la dirección de Campo Dos donde a las 11:00 de la noche el ruido de las ráfagas puso una vez más en alerta a sus habitantes. El temor sólo permitió que hasta la mañana siguiente se corroborara el anuncio de muerte. A un lado de la vía principal yante la vista de todos se encontraban ensangrentados y tendidos Pedro Torres, David García y José Jesús Gutiérrez, todos oriundos de este sector tibuyano.

‘No más’

La comunidad de Petrólea y Campo Dos lloraba ayer a sus muertos, al tiempo que imploraba la presencia del Gobierno. “Nos otros estamos abandonados, no tenemos la presencia de un Gobierno que nos salve de toda esta barbarie que está ocurriendo en esta zona”, manifestaron. Esa ausencia quedó reseñada ayer cuando las autoridades no se hicieron presentes para practicar el levantamiento de los cadáveres dejando la labor a la misma comunidad. Aseguraron que desde la incursión de los grupos de Autodefensas al Catatumbo indiscriminadamente son asesinados campesinos inocentes. “Yo puedo jurar ante Dios que esta gente que han asesinado era sana, muchachos trabajadores, dedicados al campo”.

Cerca de diez familias han abandonado Petrólea en las últimas semanas a raíz de las amenazas de muerte y la presencia de los paramilitares. La masacre también anunciada en Campo Dos ha llevado al éxodo de algunas familias mientras que otras insisten en permanecer allí porque no tienen a dónde ir. “Toda la vida hemos estado en estas tierras. Aquí nacimos y aquí nos vamos a quedar porque nada debemos”, dijo entre llanto un anciano del sector.

La mirada triste de estos habitantes como el temor permanecerán, pues saben que estas masacres se repetirán y nada ni nadie trata de evitarlas.