EL ESPECTADOR
Por: Carolina Gutiérrez Torres
Dos jóvenes de la localidad Rafael Uribe Uribe fueron desaparecidos y ejecutados.
En los recuerdos de Héctor Quirama está su hermano Alexánder, a los cinco o seis años, jugando en la sala de la casa. En un instante el pequeño, sin ninguna explicación, tiraba los juguetes para cualquier lado y se sentaba en un rincón a llorar y llorar. Pasaba de la felicidad a la depresión absoluta. Luego los médicos le dirían que su mal tenía un nombre: trastorno bipolar.
Asimismo lo siguió haciendo toda su vida, hasta los 32 años cuando desapareció del barrio Gustavo Restrepo, en la localidad Rafael Uribe Uribe en el sur de Bogotá, para luego ser presentado como “dado de baja” en un enfrentamiento con el Ejército en la vereda Camullo del municipio de Chivor, Boyacá.
El caso de Alexánder, junto con el de otro joven de 23 años llamado Nolbeiro Muñoz Gutiérrez, del mismo barrio, aparecen como un nuevo capítulo de los llamados falsos positivos, que se volvieron noticia nacional en septiembre del año pasado con las desapariciones y ejecuciones de 12 jóvenes de Soacha y Bogotá, a manos del Ejército, y que después fueron presentados como muertos en combate.
Él, su hermano Héctor y su madre Blanca llegaron desde El Águila (Valle), a Bogotá, en junio de 1991. La muerte del padre de la casa los motivó a dejar su municipio para buscar fortuna en Bogotá. Alexánder soñaba con ser político y prometerles a sus votantes que no aguantarían hambre como él tantas veces lo vivió cuando era un niño. A eso precisamente le atribuyen su enfermedad muchos médicos que visitó. Decían que era un trauma de la niñez que nunca pudo superar.
En medio de los episodios de lucidez y tranquilidad, que a veces duraban meses, Alexánder logró hacer parte de la junta de Acción Comunal del barrio Colinas y también apoyar la campaña presidencial de Andrés Pastrana. Luego, cuando llegaba el fin de año, volvía la depresión y otra vez se refugiaba en los rincones para explotar en un llanto eterno.
Antes de la desaparición, el 16 de septiembre de 2008, acababa de salir de una crisis que se prolongó por más un año. Doce meses sin ver la luz. Se encerró en su casa, se rehusó a cortarse el cabello y la barba, comía y se bañaba obligado por su madre y sus hermanos. Finalmente fue su hijo Dilán, de 10 años, quien lo convenció para que saliera del encierro. Alexánder no se pudo resistir a la petición: “Papi, ¿mañana me llevas al colegio?”, le dijo el niño y a partir de ese momento intentó recuperar su vida.
Comenzó a trabajar en construcción. Con el overol que llevaba puesto todos los días desapareció. Estaba en el parque del barrio con Nolbeiro. Una camioneta de platón los recogió. No se supo nada más hasta el primero de diciembre cuando la Fiscalía de Boyacá se comunicó con Héctor Quirama para decirle que el cuerpo del hermano reposaba como NN en el cementerio de Chivor desde el 17 de septiembre del año pasado, tan solo un día después de su desaparición. “El informe decía que había muerto a las 5:00 a.m. y que era miembro de un grupo con historial delincuencial en Boyacá”, dice Héctor.
Los vecinos del barrio dicen saber quiénes son los reclutadores, pero no dan nombres propios. Hablan de un hombre de unos 35 años, que es la cabeza del grupo, y aseguran que algunos integrantes de esa red son reinsertados. “Aquí todo el mundo sabe quién se los llevó, pero no nos quieren decir quién es —cuenta Héctor—, el tipo vive en la Calle del Tango, es lo único que sabemos”.
Como lo anunció el jueves este diario el personero de Bogotá, Francisco Rojas Birry, fue quien hizo la denuncia sobre estos nuevos casos de falsos positivos. Según él, “estos reclutadores normalmente son paramilitares reinsertados y desmovilizados de la guerrilla que están al servicio de la fuerza pública o de la delincuencia común. Parece que hay una red que se encarga de reclutar personas mediante engaños y luego entregarlos para que los muestren como muertos en combate”. Además asegura que hay más casos que la entidad está investigando.
La secretaria de Gobierno, Clara López Obregón, aseguró que ellos “vienen trabajando de manera mancomunada con la Personería y en coordinación con derechos humanos de la Presidencia para identificar todos los posibles casos de desapariciones forzadas con fines de homicidio que existan en la capital, y desafortunadamente se han encontrado estos dos casos y hay líneas de investigación de otros hechos”.
El cuerpo de Alexánder Quirama todavía se encuentra en el cementerio de Chivor identificado como “NN 2 Moreno”. Con el apoyo de la Personería, en los próximos días será transportado hasta Bogotá.
