LUIS FELIPE VÉLEZ, ACÉRRIMO ENEMIGO DE LA INJUSTICIA…

Testimonio de Liliam Gómez, esposa de Luis Felipe Vélez.

TIRÁNDOLE LIBROS A LAS BALAS
Memoria de la violencia antisindical contra los educadores de Adida, 1978-2008 Investigación realizada por la Escuela Nacional Sindical (ENS) y la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA)
Medellín, 2011

Nos conocimos siendo unos niños todavía, estábamos como de unos 14 años. Él estudiaba acá en Medellín y yo vivía en Urrao. Nos conocimos a través de una novia de un hermano mío, que era prima de él. Yo le hacía cuarto con las muchachas en Urrao. Todas las novias que tuvo, las conoció por mí. Hasta que algún día, después de muchos años de tanto ser amigos, resultamos siendo novios. Cuando eso él ya había terminado la normal y lo habían mandado a trabajar a una escuela en Urrao.

Como docente me pareció una persona muy entregada, muy responsable; pero muy diferente al maestro tradicional. Él no solo trataba con los estudiantes dentro del aula, sino también con su comunidad. En la vereda donde trabajara la llevaba muy bien con los campesinos. En Urrao trabajó en una vereda que se llama San Luis y se entregó mucho por esa comunidad. Luego, por un cambio con un amigo llamado Salomón Duque, logró el traslado al colegio Alejo Pimienta del barrio Castilla de Medellín. Su trabajo como docente siempre muy ligado al trabajo sindical.

Luis Felipe era un excelente esposo y excelente padre, y si hablas con mis hermanos dirán excelente cuñado. Mis hermanos lo adoraban, mi mamá lo adoraba. No solo lo querían sino que lo respetaban por lo que él representaba, y por los mensajes que a todo el mundo le daba. Él sembró semillas en mucha gente.

Yo pienso que él desde el colegio, desde que estudió en el Liceo Antioqueño, era una persona muy inquieta. Algún día tuve la oportunidad de hablar con un profesor que fue profesor de él en el Liceo Antioqueño, y luego compañero mío. Me decía que Felipe era una persona muy inquieta. Lo conoció como acérrimo enemigo de la injusticia. Así también lo conocí yo, que cuando eso apenas estaba haciendo el bachillerato en la Normal. Luis Felipe motivaba a los estudiantes para que no aceptaran esto y aquello que él consideraba que no era justo. Cuando empezó como maestro en Urrao, con compañeros que aún están ejerciendo inclusive, nos reuníamos a discutir la situación del país, de cómo se comportaba el gobierno con el maestro, cuál era su situación; y no solo del maestro, sino del trabajador colombiano, del obrero, del campesino.

Yo aprendí muchísimo de Luis Felipe, también mis hijos, hasta el punto que cuando a él lo mataron yo me preguntaba cómo contarle a mis hijos que se quedaron sin papá. Cuando me reuní con ellos, y les dije: Hijos, ustedes se acuerdan cuando el papá les decía que la lucha era no solo por ustedes, por sus propios niños, sino por todos estos niños en este país que no tienen techo, que no tienen comida, que les han negado sus derechos. Y Felipe se paró y me dijo: Mamá, no me diga más, mataron a mi papá. Ellos eran conscientes, por todo lo que el papá les enseñaba. Yo aprendí la verdad mucho de él y una de las cosas fue la tolerancia dentro del hogar. Yo sabía que él se tenía que ausentar. Cuando se fue para Cuba, por ejemplo, yo sufrí mucho por su ausencia. También cuando viajaba a Bogotá por alguna razón, o a cualquier otro lugar. Pero yo era consciente de que eso era necesario y que si yo no lo apoyaba las cosas no iban a funcionar.

Luis Felipe pertenecía a cierto grupo político, que hacían sus trabajos fieles a sus principios políticos, si los podemos llamar. Dedicó el tiempo que fue necesario y tuvo el contacto suficiente con la gente, y estoy segura que no fue solo con los docentes, su trabajo fue con el pueblo. Alguna vez en un evento en Campos de Paz, no recuerdo el motivo, Felipe fue a asomarse porque al evento estaban invitados muchos maestros, y él, como presidente de Adida, era la cabeza visible de los maestros en ese momento. Estando allá él fue retenido por soldados de la IV Brigada. Nosotros vivíamos detrás del cementerio y él ese día se fue así, no llevó maletín, no llevó nada. Se fue sin documentos a mirar qué estaba pasando. Tengo entendido que estaba con dos compañeras cuando fue retenido. Me avisaron que lo tenían en la IV Brigada. A todos los que retuvieron los fueron soltando uno a uno y a él lo retuvieron más tiempo. Luis Felipe mismo me contó que el General Padilla Vergara lo estuvo paseando por todos los pasadizos, por el jardín de la IV Brigada, y le decía, le pedía, casi lo quería obligar a que declarara que eran ellos los culpables de un evento en el que hubo muertos y todo, que ellos eran los que habían causado la situación. Por supuesto él se negó. Después de haber paseado toda la triste noche, yo que había casi amanecido allá al pie de la puerta con los papelitos en la mano, a las ocho de la mañana lo alcancé a ver. Él me hacía señas que esperara, y después de dos horas lo dejaron ir. Ni siquiera me recibieron los documentos de identidad, lo dejaron salir. En el camino me contó todo, que lo estaban presionando para que él reconociera una culpa que no era de ellos. Él se negó a hacerlo, y cuando estábamos llegando a Adida, que tenía la sede en La Paz con Cúcuta, en la radio dieron una primicia de que Felipe Vélez había sido señalado por el comandante Padilla Vergara como un cabecilla guerrillero. Eso lo discutimos los dos y nos quedó muy claro que esos señalamientos iban a tener sus consecuencias, y así fue.

Como al año y algunos meses, la semana anterior al asesinato, el día miércoles, Luis Felipe tenía viaje a Bogotá. Viajaba como desde el martes, pero lo pospuso porque ese miércoles había una marcha por la vida, en rechazo de muchos asesinatos y desapariciones. Yo sé que él iba a estar ahí, que iba a encabezar porque yo le transcribí su discurso, su último discurso, el de esa tarima; donde señaló al gobierno como responsable de muchos asesinatos, muchas desapariciones y eso también me hizo pensar que iba a tener sus consecuencias.

Ese mismo día, después de la marcha, viajó. Me llamó de Bogotá dos o tres veces para saber de los niños, y yo no quise comentarle nada sobre lo que se venía dando. Desde el mismo día que él se fue empezaron a entrar llamadas muy malucas, llamaban preguntando por él. Uno preguntaba de parte de quién, y daban el nombre de un compañero que uno conociera. Pero yo sabía que eso era raro porque el compañero que mencionaban estaba en ese momento con él en Bogotá. Él regresó el domingo y llegó a la casa, pero sin maleta ni nada.

Me dijo: Yo dejé todo allá en la oficina, pero mañana cuando tu salgas del colegio nos encontramos, nos quedamos un ratico por ahí, luego recogemos las cosas y nos vamos para la casa. Luis Felipe estuvo ese día todo pensativo, y entonces por algo que él me dijo yo le comenté de las llamadas. Él se puso muy raro, cambió muchísimo, hubo un momento en que estaba como muy nervioso. Estábamos cerquita a la sede, sobre Girardot. No nos demoramos mucho recogiendo el maletín en la oficina, y nos fuimos para la casa. Cuando llegamos a la esquina de la casa y dejamos el taxi, había en toda la esquina tres hombres vestidos de campesinos, con ruanas, con sombrero, ocultando mucho el rostro. En cualquier barrio o comuna de pronto hubiera sido común ver hombres vestidos así, pero nosotros vivíamos en Cristo Rey, a media cuadra del parque, y esos personajes así, de ese tipo, uno nunca los veía. Aún así yo no sospeché nada en ese momento. Me vine a sentir mal cuando nos bajamos del taxi y Luis Felipe cogió su maletín, me cogió a mí de la mano y salió corriendo. Y yo corra parejo con él. Vivíamos en un tercer piso, subimos, y nos encerramos.

Esa noche se puso a estudiar muchos documentos porque tenía al otro día un encuentro con el rector del Pascual Bravo. Terminó de estudiar sus documentos y nos sentamos un rato con los niños. Era la media noche. Recuerdo que sentó a Fernando en las piernas y se puso dizque a enseñarle a cantar tangos y yo me lo gozaba porque decía que cantaba muy lindo pero se le escuchaba muy feo. Nos acostamos y tristemente esa noche yo tuve como pesadillas, soñaba que habían matado a Saulo, mi hermano, y me desperté llorando. Él me decía: Bobita, duérmase, es una pesadilla, no ha pasado nada, Saulo está bien. Saulo estaba en ese momento en la casa de nosotros.

Al otro día yo pensaba madrugar con Luis Felipe para acompañarlo hasta la oficina, y nos cogió el día. Mientras él se organizó yo le preparé el desayuno. Me dijo: mejor yo te llamo por la tarde y nos vemos, bajás y me recogés. Yo me quedé tranquila, recuerdo que la niña estaba muy bebé, de siete mesecitos. Él se fue a despedir de la niña y la niña le untó mantequilla en la cara. Luis Felipe salió riéndose y limpiándose la cara. Nos miramos desde el balcón hasta que dio vuelta en la esquina para coger el carro, y me boleó la mano. No habían pasado 25 minutos cuando me llamaron que lo habían herido.

Lo más triste es que yo tengo entendido que a él lo abalearon en la puerta de Adida cuando era la casa vieja, y la policía lo recogió y le dio vueltas y vueltas. Yo llegué a la Policlínica y no me dejaban entrar. La única información la tenía por la noticia radial y un compañero que estuvo muy pendiente de la situación. Él habló con mi hermano, y por la forma en que se miraron me di cuenta de que ya se había muerto. Yo logré que me dejaran entrar y del quirófano lo habían sacado como a un corredorcito. Me le acerqué, él acababa de morir, no hacía 10 minutos. Yo le juré que iba a echar para adelante con sus hijos, y así fue. A pesar de las cosas que me ha tocado vivir, aquí voy. Cuando a mí me preguntan: ¿usted era la esposa de Felipe? Yo digo: yo no era, soy la esposa de Felipe. Él a mí nunca me ha pedido que nos separemos, yo sigo siendo su esposa.

… “Para nosotros el asesinato del compañero se circunscribe en un asesinato de Estado, dentro de todo el proceso de impunidad que hay en Colombia, y obviamente en el proceso de no justicia, no reparación para con su familia y la organización sindical Adida”…1

Con su muerte perdí el esposo, perdimos un padre, ahora mis nietos no tienen el abuelo. Pero no solamente pierde mi familia, todos perdemos al maestro, no el de la tiza, sino el maestros que enseña con el ejemplo, el que siembra ideas, el que nos enseñó que no tenemos que tragar entero. Los maestros perdieron su líder, la sociedad en general perdió, porque yo le reconozco a él esa forma de pensar que calaba en la gente. Le enseñó a muchas personas a que algún día tenían que dar un paso adelante para defender sus derechos, y le enseñó a la gente que no tenemos que pensar cómo piensan los de arriba, o sea, los que lo asesinaron. Lo asesinaron por ese motivo, por no pensar como ellos, por pensar diferente; y no solamente por eso, también por no callar lo que pensaba.

… Para nosotros Felipe Vélez en términos de la organización fue una pérdida muy grande, y un golpe duro porque no solamente era la cabeza visible del sindicato, sino por su capacidad para solucionar los problemas de la organización. De las cosas que recuerdo de Felipe es su trabajo por el Fondo de Auxilio Solidario de los trabajadores. Él generó la idea y nunca creímos que de las primeras personas que iban a beneficiarse del auxilio solidario, fuera él. Fue de los que de una u otra manera tenía ideas muy claras sobre el tema prestacional del magisterio. En lo fundamental perdimos una cabeza en términos de ideas para la transformación social. La capacidad del compañero en el desarrollo político de esta organización fue muy grande, sobre todo en lo que era el Frente Popular, en el trabajo de gestión, autogestionario, en el trabajo de concientización, de agitador. Yo pienso que se perdió un hombre muy valioso para el desarrollo democrático del país…2

Si Felipe volviera, como está el país hoy, lo volverían a matar, porque ni siquiera la muerte le iba a cambiar a él sus ideas. Suponiendo que estuviera en estos momentos, sería una persona que estaría liderando cosas muy importantes en este país. Porque si había algo que lo hiciera rabiar, que lo llegó a hacer llorar, era la injusticia. Esa fue la piedra en su zapato, y si él luchó y si él entregó su vida, fue precisamente buscando una vida más justa, no para él sino para la gente.

…Para nosotros como sindicato y equipo político, aquí en el departamento de Antioquia el legado que nos deja Luis Felipe Vélez, es un comportamiento consecuente frente a la defensa de la educación pública estatal, frente a los derechos laborales y gremiales del magisterio, y una posición política muy clara frente al gobierno y frente a las salidas que se deben dar en el país para poder tener una sociedad justa, como él la quería…3

1. Testimonio de Over Dorado, presidente de Adida (2007-2010)
2. Ibíd.
3. Ibíd.