Mi voz la que está gritando,
mi sueño el que sigue entero.
Y sepan que solo muero
si ustedes van aflojando,
porque el que murió luchando
vive en cada compañero
No sería preciso repetir que corren tiempos difíciles para el movimiento estudiantil y para todo el movimiento social en el país, si no fuera porque los medios de comunicación y su desinformación nos hunden en la indolencia y hacen de los acontecimientos meros datos. Ahora, precisamente al cumplirse un año de la muerte del estudiante de la Universidad Nacional GIOVANI BLANCO, tenemos que asistir con profunda rabia y dolor al asesinato por parte del Estado de uno más de nuestros compañeros JAIME ALFONSO ACOSTA CAMPOS, esta vez de la Universidad Industrial de Santander. En el mes de noviembre fueron asesinados en el marco de justas protestas o a causa de su liderazgo, estudiantes de la universidad del Atlántico, Universidad de Antioquia, Universidad Popular del Cesar y de la UIS.
La tradición contestataria, crítica y propositiva de la Universidad, ejercida de forma constante por los estudiantes, la hace blanco de la represión de los sectores dominantes. En los últimos años la Voz de la universidad se ha acallado a través de la violencia, estudiantes, trabajadores y docentes han sido víctimas del terror estatal y paraestatal que responde con la muerte, el desplazamiento y el exilio, al reclamo de la Universidad por un país social y políticamente más justo.
Los Jóvenes, según las lógicas del fascismo, deberíamos apoyar y participar de las formas estatales de acción, dictadas por un sistema en el que somos un consumidor más. Nuestra rebeldía es canalizada desde los medios de comunicación y la publicidad a través del mercado, no se nos escucha, se nos dirige como borregos por un mundo fantástico de colas, bluejeans y sicotrópicos. Levantar esta venda, mirar la sociedad que nos rodea, responder a las condiciones que esta nos impone y soñar que el cambio es posible, es el delito del movimiento estudiantil y por ello se nos condena a la muerte y el desarraigo.
El Tropel como toma activa de la universidad y de la calle, de propaganda y protesta, ha sido un medio utilizado de manera histórica en nuestro país por parte de los estudiantes ante la pérdida masiva de espacios de expresión democráticos. En él la confrontación a la fuerza pública es simbólica, no es un espacio de confrontación de las organizaciones armadas contra el Estado, sino una expresión del movimiento social, como tal se ha dado hasta hoy. Sin embargo, la respuesta del Estado ha sido generalmente violenta, así lo corroboran la muerte de los estudiantes, que históricamente son los que siempre han caído. Ahora, descaradamente, el Estado y sus medios de comunicación pretenden hacernos creer que son ajenos a las muertes ocurridas en la universidad, que son los mismos estudiantes quienes se matan entre sí, como ocurrió en el último tropel en la Universidad de Antioquia, que frente a papas y molochas la respuesta fue balas y granadas, mientras la gran mayoría de la gente cree, gracias a la información de los noticieros, que la muerte del estudiante fue por un error de quienes estaban dentro de la protesta. Así es el terrorismo de estado, y los medios de comunicación lo acolitan.
Esta respuesta violenta hacia los estudiantes y la campaña de desacreditación de las formas de protesta sirven para debilitar la reacción de la universidad frente a las futuras reformas y recortes presupuestales que se planean por parte del Estado. Ya frente al Plan de Desarrollo de Pastrana los Estudiantes nos movilizamos masivamente en contra de la privatización de la Universidad Pública, recordemos que en el marco de esta coyuntura fueron asesinados nuestros compañeros Gustavo Marulanda y Carlos Mario Osorio, de la Universidad de Antioquia y el Politécnico Jaime Isaza Cadavid respectivamente. Ahora se viene el Plan de Desarrollo de Uribe, mucho más privatizador, y desde antes que este se discuta ya le están dando golpes fuertes al movimiento estudiantil y las Universidades Públicas.
La Universidad ha sido atacada, ahora con mayor intensidad, desde todas las formas posibles, el asesinato de estudiantes es el más abominable de todos, pero también se busca desprestigiarla acusándola de ser un espacio donde se alojan terroristas e incluso desde donde se planean ataques, secuestros y muertes, es por eso que vemos los allanamientos a estos claustros del conocimiento, con la creación de pruebas ficticias, como una política de estado para implementar la regionalización y desentender al gobierno de su obligación con las Universidades Públicas. Para el Estado es necesario atacar la Universidad Nacional para demostrar que es mejor manejar la educación superior desde los departamentos y que el régimen especial que esta posee hay que eliminarlo. La idea es desmovilizar la Universidad e introducirla dentro de la lógica maniquea, donde los estudiantes que protestan son los malos.
Frente a esta arremetida contra la Universidad Pública reivindicamos el carácter crítico y propositivo de sus estudiantes, y la necesidad de no declinar en la protesta. Estamos seguros que al fascismo lo que más le molesta es precisamente el amor con el que nos levantamos contra su autoritarismo. No nos es posible callar, mirar cómo se empobrece nuestro pueblo, cómo desaparece su dignidad, cómo se expolian nuestros recursos naturales, cómo se enajena nuestra autodeterminación a manos del gran capital. No nos es posible callar, debemos hablar, escribir, confrontar y para ello se nos obliga desde el terror a cubrirnos, a tomarnos las calles, a hacer ruido desde la vida y para la vida y se nos responde con muerte. Como dirían los zapatistas “somos el rostro que se esconde para poder ser visto”, para que sea vista la injusticia y la inequidad del sistema, para que sea vista su estela de muerte, para que otros nos acompañen y se entusiasmen en nuestra lucha.
ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
