LEONARDO BETANCUR TABORDA: SEMBLANZA UN DEFENSOR DE LA SALUD PÚBLICA…

Sus esfuerzos estaban más dirigidos a conocer la situación de los barrios populares de Medellín, en particular de aquellos que se encontraban en formación por la gran cantidad de desplazados por la violencia que el Estado era incapaz de resolver y no mostraba interés en atender.

Por Orlando Loaiza R.MD Otorrinolaringólogo
memoriaydignidad.org

Nació Leonardo en Titiribí Antioquia el 13 de febrero de 1946, y ocupó el puesto cuatro en una familia de siete hijos, tres hombres y cuatro mujeres. Estudió sus primeros años en el pueblo y luego se trasladó con su familia a Envigado donde terminó su bachillerato en La Salle en 1964. Ingresó en 1965 al Instituto de Estudios Generales de la Universidad de Antioquia, y al año siguiente ingresó a Medicina y se graduó como Médico Cirujano el 2 de julio de 1971. Hizo su año rural en las localidades selváticas de San José del Guaviare y Puerto Inírida (antes Comisaría Especial del Vaupés, hoy capitales de Guaviare y Guainía, respectivamente). En ese año se casó con su colega y compañera de estudios María Cecilia Alzate con quien tuvo luego tres hijos. A su regreso del rural, se matriculó en la Escuela Nacional de Salud Pública, en donde obtuvo el título de Médico Salubrista y se vinculó, entonces, como profesor de la Facultad de Medicina en las áreas de Medicina Preventiva y Salud Pública, hasta su muerte el 25 de agosto de 1987.

En todas las etapas de su vida, se destaca su inclinación y su interés por conocer la situación social del pueblo colombiano y participar, según su condición profesional e intelectual, en los movimientos y luchas. Desde antes de terminar su bachillerato, participó y fue cofundador de Campamentos Universitarios, entidad universitaria independiente que recibía el apoyo económico de las diferentes universidades y de la división de asuntos indígenas del Ministerio de Gobierno. A “Campamentos” (como se le conoció desde entonces) se vincularon muchos estudiantes de diversas disciplinas y universidades de Antioquia y de otras regiones del país, con la consigna de llevar sus conocimientos al área rural para beneficio del campesino al tiempo que les sirviera de formación integral como futuros profesionales.

Campamentos fue cambiando sus ideales iniciales a partir de 1972 y terminó manejada directamente por las oficinas de asuntos estudiantiles de las universidades, influida y dirigida por diferentes organizaciones políticas de derecha y de izquierda. Durante aquellos años, Leonardo participó también en las luchas estudiantiles y fue parte de las directivas, especialmente en 1970 y 1971, cuando estaba próximo a terminar sus estudios de Medicina. Pero sus esfuerzos estaban más dirigidos a conocer la situación de los barrios populares de Medellín, en particular de aquellos que se encontraban en formación por la gran cantidad de desplazados por la violencia que el Estado era incapaz de resolver y no mostraba interés en atender.

Conformó, con otros compañeros, grupos de universitarios que visitaban y apoyaban de alguna manera a los habitantes de los tugurios, barrios como Santo Domingo Savio y gran parte de la comuna nororiental, los de carrilera y Puente del Mico, ayudando a solucionar el problema inmediato, propiciando el debate, exigiendo atención de parte de las autoridades, conectándolos con organizaciones y organismos privados y estatales que se pudieran comprometer en soluciones más estables y logrando que se formaran líderes propios de esas comunidades.

Durante el año rural en el Vaupés, junto con su esposa y compañera María Cecilia, fue testigo de un creciente movimiento colonizador de esa región de la selva colombiana, cuyo centro fue San José del Guaviare, población que, en ese entonces, no llegaba a los cinco mil habitantes en el área urbana, pero que estaba rodeada de poblados de colonos e indígenas en pleno crecimiento. A San José se llegaba en avión desde Villavicencio, no había carretera en esa época. La estructura administrativa, actividades y recursos del Hospital habían sido descuidadas y hubo que dedicarle grandes esfuerzos para mejorarlo y hacer que fuera útil a la comunidad a la cual prestaba sus servicios. Se dedicó a la promoción y prevención de la salud, atención materno infantil, enfermedades de transmisión sexual, la tuberculosis, enfermedades tropicales y, en general, a problemas de salud pública y saneamiento ambiental básico. El panorama social era complejo, pues las organizaciones de los colonos apenas empezaban a desarrollarse; había actividades sociales y educativas de apoyo a la comunidad indígena por parte de la Iglesia Católica, y de otras sectas religiosas protestantes; los indígenas también tenían algunas actividades organizadas, además de su comunidad tribal; por uno de los ríos cercanos había presencia de guerrilla de las FARC y de viejos guerrilleros liberales “escondidos” en la selva, y los comerciantes organizados y no hacían su agosto tanto en el pueblo como viajando por el río y por todos los caminos. Pero el Estado, a través de del corregidor y del ejército y la policía, y en evidente alianza con el poder económico y político, sólo hacía presencia represiva. Leonardo estaba en todas partes como médico director, opinando y prestando sus servicios. Fue llamado a Mitú para ayudar a preparar el informe anual dirigido al Ministerio de Salud y llevarlo luego a Bogotá con la propuesta de trabajo para el año siguiente. Su presencia en tantos frentes le hizo detectar un incipiente tráfico de armas y de drogas, y de otros recursos de la región, por lo que decidió pedir traslado a Puerto Inírida (hoy Guainía, antes Vaupés), en donde estuvo unos meses a cargo del hospital y allí presenció una situación similar. Regresó a Medellín, ya matriculado, para iniciar en 1973 en Salud Pública. Fue época de estudios, de empezar a formar la familia; sus tres hijos nacieron en estos años. Como estudiante de postgrado participó también en el movimiento estudiantil de esos años de mucha agitación e ingresó como profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia en el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, del cual fue Jefe. Fue también Vicedecano de Medicina, miembro del Consejo Académico y candidato a la Decanatura; inclusive, se le vislumbraba como futuro rector de la Universidad.

En el campo gramiel, estaba vinculado estrechamente a la Asociación Médica de Antioquia AMDA y a la Asociación de Profesores del Alma Máter ASOPRUDEA, entidades éstas en donde participó activamente. Fue Presidente del Fondo Social Médico cuando AMDA adquirió la finca en Puerto Triunfo, y estuvo al frente durante los trabajos de adecuación para que sirviera de Camping y lugar de recreo de los médicos socios y sus familias. Fue uno de los líderes en la lucha que libró la AMDA junto con otras asociaciones médicas regionales para lograr la unidad médica en todo el país, ASMEDAS Nacional, todo esto en el marco de la lucha general por la unidad sindical.

Como profesor, se destacó por su dedicación a la cátedra de Medicina Preventiva, donde fue muy apreciado por los estudiantes en las diferentes épocas, a quienes hizo partícipes de su interés en conocer y trabajar en los centros de salud periféricos, para que se vincularan más estrechamente a sus comunidades. En la Facultad de Medicina y en el Centro de Salud de San Cristóbal se bautizaron sendas aulas con su nombre en honor al mérito. Sus actividades como profesor lo llevaron a ser elegido representante ante el Consejo Superior Universitario y presidente de la Asociación de Profesores.

Estuvo detenido y fue torturado, acusado de favorecer guerrilleros en su consulta médica, y recluido arbitrariamente en Bellavista durante 4 meses, en la vigencia del inolvidable “Estatuto de Seguridad”, en 1979. Su casa fue allanada y su familia sometida a vejámenes por parte de la fuerza pública. Durante su estadía en la cárcel, hizo un importante trabajo de salud pública con los reclusos, para el cual contó con la aceptación de la Universidad y el apoyo de la Asociación de Profesores y de la comunidad universitaria en su conjunto. Fue liberado ante la presión constante de organizaciones de derechos humanos, de la Asociación de Profesores, del movimiento popular y sindical y de la Universidad, sin recibir condena.

Sus primeras apariciones en política partidista fueron por UNIOS (Unidad Obrera y Socialista) y luego en FIRMES, cuando alcanzó a ser Concejal de Medellín. Empezó a destacarse en este tiempo por su participación en la lucha por los derechos humanos, a la cual estaba vinculado desde antes, junto con su muy querido profesor Héctor Abad Gómez. Trabajaron juntos por varios años, denunciando, investigando, haciendo presencia, formulando propuestas, acercándose a otros partidos y organizaciones no gubernamentales como el Instituto de Estudios Liberales, la Escuela Nacional Sindical y otras de ámbito internacional. Fue invitado a otros países a exponer su visión y propuestas sobre la situación de derechos humanos en el país, haciendo esfuerzos por detener un poco la ola de asesinatos y persecuciones de todo tipo que, como una mano negra, se tendía contra líderes populares y defensores de los derechos humanos.

En la segunda mitad de la década de los 80, hubo un deterioro acelerado en las condiciones sociales y de seguridad dirigido sobre todo contra las organizaciones populares y sindicales. Grupos llamados Autodefensas se destaparon como paramilitares y se vincularon al narcotráfico decidiendo, con otras fuerzas oscuras del establecimiento, eliminar a muchos dirigentes y personas que se consideraran peligrosas para sus actividades o para el Estado.

En agosto 11 de 1987, asesinaron a Pedro Luis Valencia, médico salubrista, profesor de la Facultad Nacional de Salud Pública y Senador por la UP; en agosto 25 a Leonardo Betancourt, junto con Héctor Abad Gómez, en el mismo día que a Felipe Vélez, dirigente del magisterio de Antioquia ADIDA, y alrededor de esos meses también fueron asesinados otros dirigentes de la Asociación de Profesores y de otras organizaciones populares y sindicales. Crímenes que permanecen en la impunidad. Se segó una vida en plena madurez, que había acumulado una experiencia importante como dirigente popular y gremial, que prometía producir mucho más. Existen manuscritos inéditos en los cuales Leonardo esboza algunas de sus ideas sobre la seguridad social en el país que, al parecer, eran producto de discusiones con diferentes personas de la política regional y nacional y con organizaciones políticas, populares y sindicales. Recordemos que la Seguridad Social era en esos años una cuestión de interés del Estado y de los dirigentes políticos de la época y que, precisamente, terminaron aprobando grandes reformas como la Ley 50, la Ley 60, y luego la Ley 100 de 1993, y otras que, desafortunadamente, poco o nada han contribuido a resolver los problemas de fondo.