por Kanduruma
Thursday, Jul. 19, 2007
http://colombia.indymedia.org/news/2007/07/69638.php
Se debe repudiar este asesinato, pero ello no debe ser excusa para no recordar que José Trinidad Martínez Pacheco iba a ser juzgado por las autoridades de su propio al pueblo.
[18 de julio de 2007]. Me hubiera gustado haber visto a José Trinidad Martínez Pacheco (JTMP), más conocido como “José Munda”, siendo juzgado por las autoridades propias de su pueblo.
Por los innumerables delitos e infracciones que venía cometiendo JTMP desde hacia bastante tiempo –fungir como Mamo y autoridad sin serlo, vincularse a la red de cooperantes para enrostrar a diestra y siniestra el calificativo de guerrilleros a sus contradictores, ponerse al servicio de intereses foráneos para socavar el gobierno propio, defender los argumentos de muchos de los enemigos de su propio pueblo, quebrar con sus acciones el principio innegociable de no hacerle el juego a los actores armados, sembrar con sus señalamientos el temor y la zozobra entre su gente, deliberadamente transgredir los consensos alcanzados en las comunidades y un largo etcétera– las autoridades Kankuamas seguramente le hubieran impuesto una sanción ejemplarizante.
Pero desafortunadamente las autoridades Kankuamas, quienes habían tomado desde hace varios meses la decisión soberana de juzgar a JTMP por el comportamiento altamente disociador que venía teniendo, no pudieron hacerlo puesto que hombres armados, amparados en la oscuridad de la noche, decidieron ultimarlo a balazos el pasado 16 de julio del año en curso, cuando en Atánquez, centro político y administrativo del Resguardo Indígena Kankuamo, se dirigía a su casa localizada en el barrio Medellín.
El asesinato de “José Munda” no era el destino deseado para él por las decenas y decenas de Kankuamos quienes, en razón de sus temerarios señalamientos, pasaron un largo tiempo en centros de reclusión, privados de su libertad, acusados ligera y falsamente de subversivos; ni tampoco de aquellos Kankuamos que se sentían amedrentados constantemente por las amenazas que con frecuencia gustaba de proferir para hacerse temer. Las múltiples víctimas de sus acciones con seguridad hubieran querido que sobre él recayera más bien el peso de la justicia Kankuama que el de las balas homicidas, puesto que su muerte así como ocurrió deja más bien un sabor a impunidad.
A pesar que coloquialmente se dice que ante la muerte todos los seres humanos son iguales, ello no debiera ser así puesto que la muerte es también un reflejo de lo que en vida cada quien hizo. De ahí que haya muertos dignos que merecen ser recordados para siempre en tanto que otros deben ser llevados a la profundidad del olvido.
Que las aliados y familiares de Hernando Molina Araujo, ex Gobernador del Cesar actualmente detenido bajo la sindicación de paramilitarismo, elaboren un panegírico destacando las cualidades de JTMP, es comprensible puesto que éste desempeñó un destacado papel en la pantomima que hace varios meses tuvo lugar en Atánquez y en donde supuestamente los Kankuamos realizaron un acto de “desagravio al Gobernador del Cesar”. Así mismo se entiende que el ex comandante del Batallón La Popa, coronel Hernán Mejía Gutiérrez, lamente profundamente su asesinato dado que “José Munda” se había comprometido a hablar en su favor en el proceso que por paramilitarismo se le está siguiendo a este militar.
Lo que no acabo por entender es como un Kankuamo que le causó daño al proceso de reconstrucción identitaria de su pueblo, por obra y gracia de su execrable asesinato termina casi siendo elevado a la categoría de mártir y ejemplo para su pueblo en algunos comunicados emanados de organizaciones sociales.
Una cosa es rechazar con vehemencia el asesinato de cualquier Kankuamo, lo que es enteramente acertado y necesario, pero otra muy distinta es ubicar en el mismo nivel a todos los Kankuamos que han venido siendo asesinados en el marco del conflicto armado. En ese orden de ideas, comunicados que en relación al crimen del que se viene comentando titularon “Asesinado otro Kankuamo: ¡Cero y van 283!”, al no hacer distinciones de ninguna naturaleza terminan por enlodar la memoria de la gran mayoría de víctimas fatales que ha tenido el pueblo Kankuamo.
El colmo del asunto sería que ahora a la extensa lista de Kankuamos muertos violentamente, alguien decidiera sumarle el asesinato de Higuen Enrique Martínez Arias, conocido bajo el alias de “El Indio”, mando del frente 59 de las Farc, quien hace unos meses en los alrededores de Sabana Crespo (Valledupar), fuera muerto en extrañas circunstancias y al parecer fuera de combate.
Y ya que no sería nada procedente, en referencia a la muerte de este mando insurgente, reivindicar su asesinato planteando en algún comunicado de prensa algo así como “cero y van tantos muertos Kankuamos”, sería conveniente que en aras de la transparencia y de la verdad recordar que, pese a que toda muerte es dolorosa máxime si se trata de Kankuamos civiles no vinculados al conflicto armado, cada muerto arrastra su propia historia y merece por ello destinos distintos en la memoria y en los corazones de quienes les sobreviven.
