Testimonio de la docente y líder sindical de Adida Noemí Tamayo, amiga y compañera de lucha del docente asesinado Julio César Gómez.
TIRÁNDOLE LIBROS A LAS BALAS
Memoria de la violencia antisindical contra los educadores de Adida, 1978-2008
Investigación realizada por la Escuela Nacional Sindical (ENS) y la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA)
Medellín, 2011
Julio César Gómez, educador oriundo de Puerto Berrío, fue asesinado el 23 de junio de 2007, cuando laboraba en la institución Fe y Alegría Granizal, de Medellín, donde llevaba varios años.
En esa institución se distinguió por ser un buen compañero, delegado de Adida, un hombre callado pero a la vez muy trabajador. Estudiaba derecho y ya estaba terminando su carrera, pero no servía para hacer grandes discursos. Sí era muy bueno para convencer a los docentes en pequeños grupos y a nivel individual. Estaba por la defensa de la educación pública estatal y a favor de la defensa de los derechos del gremio. Fue un gran activista político del movimiento por la constituyente popular, y llegó a ser también, en el momento de su asesinato, miembro del comité ejecutivo del Polo Democrático en Medellín. Cuando se hacían los paros convocados por Adida o Fecode, él jalonaba para que todos los compañeros de la institución participaran de las marchas, de los paros y de las actividades normales de la organización sindical.
Nosotros consideramos que el suyo fue un asesinato de tipo político, así hubieran querido encausar las investigaciones diciendo que era un asesinato pasional. Frente a esto preguntamos: si quienes estaban haciendo la indagatoria querían encausarlo como un crimen pasional, entonces dónde están las personas detenidas por el asesinato del compañero, por qué nos llamaron y nos hicieron preguntas. No podemos decir que hasta el momento hayan esclarecido los hechos, pues eso obviamente implica la publicación de los resultados de la investigación, y hasta el momento eso no ha sucedido. Ellos más bien aprovecharon que el compañero hacía un año se había separado de la esposa, para dar este concepto y encaminar la investigación como crimen pasional.
Creemos que la persona que cometió el asesinato le venía haciendo un seguimiento de tiempo atrás, porque él ese día, como a las cinco de la tarde, llegó a comer a un restaurante del barrio Tricentenario, y fue precisamente ahí donde fue asesinado.
Julio Cesar tenía dos niñas, era un hombre muy sencillo, a quien le gustaba caminar, escuchar música. Era más bien callado, como dije antes, aparentemente tímido, pero cuando entraba en confianza era buen conversador. Fue un gran activista sindical y podemos decir que tenía carisma con muchos maestros en muchos municipios. Nuestro equipo magisterial Luis Felipe Vélez, del cual él hacía parte a nivel sindical, creció bastante con su presencia. Él diariamente se preocupaba por atraer nuevos maestros al equipo magisterial, promocionando nuestros principios, nuestras luchas y motivando a los maestros para que se vincularan a la actividad sindical.
En el barrio donde vivía era muy participativo también. Tenía un grupo de personas de la comunidad que lo seguía. Junto con otros pobladores del barrio venía haciendo una defensa de los servicios públicos domiciliarios. Recuerdo que una vez nos reunimos por la noche con la gente en las casas para hablar el tema de los servicios públicos, y ahí personalmente me di cuenta del trabajo que venía haciendo el compañero con las comunidades, sobre todo en este sector de Granizal y de los Populares. Mucha gente se dirigía a él para que les ayudara, y él los invitaba y la gente acudía. O sea que tenía un grado de credibilidad, especialmente en este sector.
Con su asesinato no sólo perdió Adida y Fecode, sino también el Polo Democrático Alternativo y la sociedad entera. Perdieron a un gran líder, a un gran luchador, un hombre convencido de que en este país es necesario el cambio. Esa era su pasión, la lucha por un gobierno democrático, progresista y patriótico, como él lo enunciaba constantemente cuando se hacían reuniones. Yo pienso que Julio nos deja un gran legado, un legado de servicio, de organización y de participación en la lucha.
Su nombre y su foto hacen parte de la galería de la memoria de los maestros que han sido asesinados o desaparecidos por el régimen. Está ubicado a la entrada de nuestra sede sindical y consideramos que, al igual que otros luchadores como Luis Felipe Vélez, Gustavo Mira, Froilán Peláez, como tantos otros, no debe quedar en el olvido, sino que los maestros deben recordarlos siempre como ejemplo de vida y de lucha.
