JESÚS ANTONIO MOLINA, UN LIDERAZGO QUE NO DEJARON FLORECER

LAS HUELLAS DE UN PLAN DE EXTERMINIO
–Lógicas, narrativas y memorias de la violencia antisindical en Antioquia: Sutimac Puerto Nare y Sintrasema Amagá, 1975-2012–
Escuela Nacional Sindical
Entrevista con esposa de Jesús Antonio Molina, Puerto Nare

Poco después fueron asesinados otros dirigentes como Jesús Antonio Molina, recordado como un joven activista de base bastante activo al interior de la organización. Hacía parte del comité de quejas y reclamos. Su corta vida sindical se constituyó en un elemento que favoreció un tipo de relación, quizás tutelar, entre este y Julio César. Fueron muy frecuentes las reuniones entre ambos con el fin de preparar una trayectoria política y sindical en la que Jesús Antonio pudiese empezar a tomar las banderas del liderazgo que ostentaba desde hacía bastante tiempo Julio César. Así recuerda una familiar la historia sindical de Jesús Antonio Molina:

Él iba y le leía, era como un profesor que iba a enseñarle algo a la casa a leerle los puntos de los derechos del trabajador. Él lo seguía, lo veían al lado de él y a veces se ponía a hablar también en público. Varias veces le daban la palabra y él la tomaba y hablaba en público; entonces, eso era lo que no les gustaba. Recuerdo que ellos decían que “Ni por el MAS ni por el MENOS”, o sea que ellos no retrocedían, es decir, que no le tenían miedo porque fuera el MAS. Yo por ejemplo, me pongo a pensar: mi esposo yo no lo veía que fuera una persona mala, yo no lo veía a él haciéndole mal a nadie, ni con armas, ni con drogas, nada de cosas raras, sino que era un hombre muy trabajador, él trabajaba en la empresa, tenía un negocio ahí en la plaza, un negocito ahí que vendía café y le daba trabajo a una señora. Los sábados y domingos nos íbamos para una finca que nos vendía la leche y sacábamos queso para vender; hasta que un día el señor de la finca me dijo: “Vea, por el bien de su marido, no vuelvan porque hay una gente de Puerto Berrío que vinieron aquí a preguntar por él”, entonces no volvimos a la finca.

Días antes de que se cometiera el crimen, el líder sindical le había manifestado a su esposa el temor por el incremento de las amenazas que constantemente llegaban a la sede sindical por parte del MAS. En algunos panfletos aparecían los listados con los integrantes de la Junta Directiva, entre ellos el propio Molina. Cada uno de ellos fue asesinado, a excepción de unos cuantos que corrieron con mejor suerte, pero que se vieron obligados a huir de la zona y buscar refugio en otros municipios del departamento. Así, el nueve de marzo de 1987 y a la edad de 26 años, Jesús Antonio fue asesinado a las siete y treinta de la noche mientras atendía un bar de su propiedad. El clima de terror fue provocando un lento repliegue de la organización sindical y una desarticulación de sus mecanismos de solidaridad. Incluso, durante la jornada de velación del líder asesinado fueron pocos los que se atrevieron a asistir a la sede del sindicato ante la presumible presencia de los paramilitares en las exequias, a excepción de los familiares más cercanos.

La esposa del sindicalista, a raíz de este crimen, se vio obligada a abandonar el municipio y buscar refugio en el municipio de La Dorada durante aproximadamente tres años. A pesar de su retorno al corregimiento de La Sierra buscando retomar su vida, la sensación de impunidad por el asesinato de su esposo aún persiste ante la falta de respuestas oportunas y claras del Estado colombiano. Al respecto, existe una presunta declaración por parte de un sujeto que responde al nombre de Vladimir Baquero, y quien supuestamente confesó su participación en el asesinato del líder sindical. Lo insólito del asunto es que cuando la esposa buscó información sobre el particular, pudo constatar, según ella, que dicho sujeto estaba libre.