INAUGURACIÓN PALACIO DE JUSTICIA ALVARO MEDINA OCHOA EN ENVIGADO

Rama Judicial del Poder Público
Consejo Superior de la Judicatura
Sala Administrativa
Noviembre 14 de 2007

Saludo protocolario…

La selección del nombre de un Palacio de Justicia es un ejercicio que reclama ponderación, recogimiento y lucidez porque es esencial asegurar el potencial simbólico de un nombre y certificar de modo permanente, para las generaciones de hoy y para las que habrán de llegar, la repercusión emuladora de una vida ejemplar. Este desafiante reto culminó con una definición acertada: el Palacio de Justicia de Envigado es el Palacio de Justicia Álvaro Medina Ochoa. De este modo se rinde un homenaje inacabable a la memoria de Álvaro Medina Ochoa, Magistrado del Tribunal Superior de Medellín, quien perdiera la vida en momentos aciagos en los cuales se pretendía debilitar el poder judicial, la más recia institución del Estado de Derecho, mediante atentados y actos de corrupción que se iniciaron en los años 70, cuando el narcotráfico comenzó a reclamar un espacio propio y dominante en la vida ciudadana. La muerte de Álvaro Medina Ochoa fue el preludio a una época que estremeció a toda la sociedad colombiana, un escalofriante preámbulo a la inmolación que en ese mismo infausto año sufrieron los integrantes de las más altas Corporaciones de la Rama Judicial, en el Palacio de Justicia en Bogotá y continuaría con el sacrificio de tres candidatos a la Presidencia de la República, periodistas, magistrados, jueces, procuradores, fiscales… todos víctimas de protervos designios criminales.

Hoy se exalta al doctor Medina Ochoa, modelo de hombre probo e íntegro, quien se elevó, por el valor incontrastable de los actos de su vida y por el origen inicuo de su muerte, a la condición de símbolo unificador que arropa a todos aquellos que, defendiendo una sociedad de paz y de respeto por la ley, vieron injusta e inmisericordemente cegada su existencia. Por todos ellos, y para siempre, la comunidad judicial permanece en duelo desvelado.

Álvaro Medina Ochoa nace en Medellín el 11 de febrero de 1943. Forma parte de la sexta generación de uno de los seis fundadores de la ciudad de Envigado, don Lucas de Ochoa. Estudia en el Colegio de San Ignacio de los padres jesuitas y se gradúa en la Pontificia Universidad Bolivariana en 1965, con una tesis laureada, La caución en materia civil. Quien pareciera inclinado por las causas civiles, se vincula a un juzgado promiscuo del Circuito en Bucaramanga – Santander y muy pronto ocupa un cargo de Magistrado encargado en el Tribunal Superior de esa misma ciudad. En Antioquia inicia su actividad en el campo penal como Juez Penal del Circuito de Envigado; luego regenta el Juzgado Veinte del Circuito Penal en Medellín; asciende como Juez Décimo Superior y, finalmente, el 22 de septiembre de 1975 accede a la magistratura en la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín, cargo que ocupaba al momento de su muerte acaecida el 8 de abril de 1985.

La creatividad en el lenguaje fue una de las cualidades ampliamente reconocida en Álvaro Medina Ochoa; sus providencias son de antología pero no cerradas a la comprensión, sus escritos están marcados por un proceso deductivo ajeno a las asociaciones particulares que le dan una validez universal a la interpretación de sus actos de juzgamiento. Marcaba con amplio conocimiento los aspectos civiles y sus efectos delictivos. Incursionó en temas como la ocupación de minas. Fue un maestro en la elucidación de sus conceptos con abundancia en explicaciones y citas doctrinarias y jurisprudenciales.

Como todos los funcionarios de la época, cumplía su tarea de manera silenciosa, ajena al protagonismo, pero, acertó a tocar la línea de fuego de los intolerantes y mantuvo su postura afrontando la inseguridad y la intimidación que dominaba en ese momento en esta noble ciudad.

El mensaje que nos dejó Álvaro Medina Ochoa no exige un desciframiento minucioso porque resalta con claridad: rectitud, carácter y valentía. Es una voz que se dirige a las nuevas generaciones de funcionarios de la Rama Judicial para que no cierren los ojos, mantengan los oídos abiertos y no dejen dormir el pensamiento.

Sea esta la oportunidad para expresar que el escenario donde se administra justicia no es un elemento aislado o marginal, hace parte del entorno del juez, de ese juez autónomo e independiente que erigió la Carta Política de 1991. La independencia del juez es presupuesto de la confianza y la legitimidad de la justicia, es una garantía pero, igualmente, es el origen de la necesidad de dar cuenta de lo que hacemos, de cómo lo hacemos y de los resultados y del impacto de la función de administrar justicia. En tal sentido, la independencia del juez sólo puede lograr su efecto, si el juez cuenta con un conocimiento jurídico más que suficiente, con habilidades de gestión adecuadas, con un devenir ético confiable y sobre todo, con un auto- reconocimiento sobre el mandato que le ha conferido la sociedad. La administración de justicia debe avanzar en pos de lograr la universalidad en el acceso, la eficiencia, la calidad y la transparencia, para lo cual es indispensable el desarrollo permanente de los aparatos de justicia para lograr los objetivos del sistema de derechos y garantías.

Desde su creación, la Sala Administrativa ha erigido como política el mejoramiento de la infraestructura física en los diferentes distritos judiciales y la disminución del déficit de áreas para el funcionamiento de los despachos judiciales. El Palacio de Justicia Alvaro Medina Ochoa está diseñado bajo un concepto de arquitectura moderna, en el que se integran elementos arquitectónicos y estructurales para solucionar necesidades funcionales y para definir la imagen del servicio, por ello cuenta con una buena disposición de áreas para el ingreso de los ciudadanos, circulaciones controladas para las persona detenidas y dos salas de audiencia acordes con los retos del sistema judicial.

Este proyecto fue construido en 4 años con una inversión total de $3.800.000.000. El edifico cumple con las normas técnicas de sismo resistencia, cuenta con un área de 1.545 metros cuadrados distribuidos en cuatro niveles así:

El sótano aloja el Centro de servicios del SAP, el archivo físico, 3 salas de audiencia, celdas, depósito, ascensor y cuarto de máquinas. En el primer piso encontramos un Auditorio, Centro de Servicios, Garita, baños para los usuarios y áreas complementarias. En el segundo piso se encuentran 2 juzgados de familia, 1 juzgado penal con función de control de garantías, baños y cocineta. En el tercer piso tienen asiento 2 juzgados civiles municipales, 2 juzgados penales de conocimiento, e igualmente, existe servicio sanitario y cocineta. Por último, el cuarto piso alberga 1 juzgado laboral, 2 juzgados civiles del circuito y los respectivos servicios. La población beneficiada con esta edificación alcanza los 222.080 habitantes del municipio, así como 80 servidores judiciales.

La fachada es de mármol café pinta en sus dos primeros pisos y en porcelanato los dos pisos restantes.

Esta obra fue posible gracias a la donación del lote por el municipio de Envigado mediante escritura pública N° 2214 de 21 de julio de 1999. Una franja del lote fue cedida por el Departamento de Antioquia, autorizada mediante ordenanza 6 del 2000 y la donación perfeccionada mediante escritura pública N° 3446 del 2000. Así mismo existió una permuta de una franja de terreno con el señor Luis Felipe Correal Vélez, mediante escritura pública N° 327 del 2001.

El Palacio de Justicia Álvaro Medina Ochoa es un logro del poder judicial de Colombia; su diseño y ejecución fueron adelantados por la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura. La doctora Lucía Arbeláez de Tobón, magistrada antioqueña quien desde la Judicatura ha acompañado proyectos dirigidos a lograr la excelencia en la justicia, evidenció especial empeño para llegar a la culminación exitosa de este proyecto tan importante para el Valle de Aburrá. Este escenario judicial fue estimulado y coadyuvado no sólo por el Tribunal Superior de Medellín sino por el municipio de Envigado y el Departamento de Antioquia.

El actual alcalde de Envigado, doctor Héctor Londoño Restrepo, durante dos períodos como primera autoridad municipal, estimuló la ejecución del programa de construcción. En este ideal fue partícipe, durante su mandato, el doctor Alvaro Velásquez Cano. A todos ellos y a la comunidad envigadeña nuestro imperecedero agradecimiento

Los jueces y los empleados del circuito de Envigado son destinatarios de un sentido mensaje de gratitud pues demostraron paciencia, entusiasmo y compromiso.

Finalmente, quiero hacer solemne lectura del contenido de la placa testimonial que preside este Palacio de Justicia. Es la palabra del Poder Judicial de Colombia que convoca a todos los ciudadanos:

“Este Palacio de Justicia es un testimonio de la entereza moral y el valor de los magistrados y jueces que fueron leales, más allá de todo límite, a su juramento de ejercer con dignidad y rectitud el oficio de administrar justicia a sus semejantes. Recuerda a ÁLVARO MEDINA OCHOA, Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín, asesinado el 8 de abril de 1985.

Los mártires de la justicia enfrentaron con la fuerza de la ley y el vigor de la razón el asedio de quienes quisieron someter, con apoyo en el poder arbitrario de las armas, a la sociedad colombiana.

Todos los nombres de los mártires de la justicia habitan en este recinto”.