HISTORIA SIN FIN. LAS MILICIAS EN MEDELLIN EN LA DECADA DEL 90

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Medina Franco, Gilberto.Capitulo VIII. Aranjuez En publicación: Medina Franco, Gilberto. Historia sin fin. Las milicias en Medellin en la decada del 90 : IPC, Instituto Popular de Capacitacion, Medellin, Colombia : Colombia. 2006. [Citado: 2/4/2012]. Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/colombia/ipc/historiamilicias.pdf ISBN: 9589783007.

CAPÍTULO VIII – ARANJUEZ

El 24 de julio de 1994, la calle llamada La Arboleda en Aranjuez se parecía más a una calle de barranquilla después de un día de carnaval, tapizada de latas de cerveza y vasos desechables vacíos. Sobre los postes en las esquinas emergían montañitas de botellas de Brandy Domec, whisky Chivas Regal y Aguardiente antioqueño, revueltos con cajas de chicharrones y otros snacks baratos. En la mitad de la calle una mancha de ceniza todavía humeante delataba lo que fue un fogón callejero.

De las rejas que enmarcan los ventanales de la mayoría de las casas (las rejas en puertas, patios y ventanas son elementos esenciales de la nueva arquitectura Robocop de la ciudad), todavía colgaban algunos globos de colores y serpentinas.

En medio de todo eso, aún quedaban algunos casquillos de balas. Eran los restos de una noche de sábado de murga y sin igual celebración. Jóvenes de varias bandas de oficina de la comuna nororiental, la de Rigo en Santa Cruz, La terraza y la treinta de Manrique y, por supuesto, Los Priscos de Aranjuez, los anfritiones, se habían unido a la usanza de la cultura de derroche, para festejar varias cosas. Lo más importante era celebrar el pacto de paz que ponía fin a los enfrentamientos tribales en que las bandas de la comuna nororiental se habían visto envueltas. Las bandas de Aranjuez, que alguna vez se habían federado en Los Priscos, se habían trenzado en una feroz guerra territorial. En Manrique la banda de LaTreinta dividida ahora en pequeños feudos, también se debatía en el canibalismo interno.

La paz interna era a su vez la condición que habían puesto los nuevos patrones para contratar los servicios de estas bandas. Los Pepes, los Galeano, los hermanos Castaño y el Cartel de Cali, que en el pasado se habían declarado enemigos a muerte de algunas bandas de la comuna nororiental, estaban ávidos por alimentar nuevas guerras y les habían ofrecido la benevolencia de un borrón y cuenta nueva. El dinero de por medio era el mejor anestésico para los odios del pasado, cuando los incondicionales de Pablo Escobar borraban sin clemencia a sus contradictores.

Los efectos de esta nueva alianza paramilitar sobre Medellín; no demoraría en sentirse. El 28 de julio de 1994 sería asesinado cuando salía de una reunión en el auditorio del seguro social, Guillermo Marín, Secretario de Educación de Futran, la central sindical más grande de Antioquia. Desde ese día, y durante todo el segundo semestre de 1994, serían asesinados en el Valle de Aburra nueve sindicalistas, dos de ellos en un ataque armado al interior de la propia sede de Futran en Medellín. Todos estos atentados serían reivindicados por el grupo Colsingue (Colombia sin Guerrilla). Esas son las paradojas de las guerras en Medellín: la reconciliación de un sector de bandas fue el calvario para los obreros sindicalizados de la ciudad.

Texto completo en: http://sala.clacso.edu.ar/gsdl/cgi-bin/library?e=d-000-00—0ipc–00-0-0–0prompt-10—4——0-1l–1-es-50—20-about—00031-001-1-0utfZz-8-00&a=d&cl=CL1&d=HASH977d4b7aac6f2d7cdd60e2.9#ircita