UNIVERSIDAD NACIONAL BOGOTÁ 16-May-84
Hechos
Víctimas en estos hechos:17 (Asesinadas: 17 - Desaparecidas: )
El 16 de mayo de 1984 en Bogotá, los estudiantes de la Universidad Nacional se levantaron en protesta en contra de una política estatal y paraestatal sistemática de estigmatización y represión del movimiento. La protesta fue brutalmente reprimida por las fuerzas policiales. El saldo de esta masacre fueron 17 ESTUDIANTES, cientos de personas heridas, torturadas y detenidas arbitrariamente, así como la desaparición de buena parte de los cuerpos.
Relata la fuente: "El 16 de mayo de 1984 estudiantes de la universidad pública más importante del país se levantaron en protesta en contra de una política estatal y paraestatal sistemática de estigmatización y represión del movimiento, materializada en la tortura y asesinato de uno de los dirigentes estudiantiles lideres en la defensa del sistema de bienestar estudiantil del plantel educativo, pero cuya muerte se sumaba a una cadena de hechos que buscaban acallar violentamente las voces inconformes en contra del estado de cosas en la universidad pública del país en ese momento. Esta protesta fue brutalmente reprimida por las fuerzas policiales haciendo uso del terrorismo de Estado como mecanismo para reprimir a aquellos y aquellas inconformes. La valentía de los y las estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia costó la vida de muchos de ellos sin que hasta la actualidad tengamos certeza del número de muertos y desaparecidos ocasionados por la ofensiva estatal, hechos que además fueron tergiversados frente al país ocultando la realidad de lo sucedido y decretando así a la sociedad colombiana el olvido de otro de los episodios de represión del movimiento popular.
Por su importancia en la trayectoria y en la configuración de uno de los sectores estructurantes del movimiento popular en Colombia, conmemoramos e invitamos a conmemorar el 16 de mayo de 1984 como un episodio central en la historia de las luchas por la transformación radical de este país. Esta conmemoración la entendemos articulada a una apuesta política de reconstrucción y resignificación del hecho en la memoria colectiva, que busque no la exaltación de la victimización, sino que lo posicione como muestra de la valentía y el coraje de aquellos y aquellas que todos los días se enfrentan a un régimen represivo que nos niega sistemáticamente las condiciones para vivir y para ser dignamente.
Los hechos, la masacre…
Para comienzos de la década de los 80 el movimiento estudiantil de la Universidad Nacional de Colombia, abocado a la lucha por la defensa del carácter público, incluyente y transformador de la educación superior en el país, se encontraba disputando frente a las directivas de la institución la defensa de los espacios y mecanismos ofrecidos por el alma mater como bienestar estudiantil para la comunidad y, particularmente, la posibilidad de que los estudiantes de estratos socioeconómicos más bajos y provenientes de otras regiones pudieran contar con residencias universitarias que garantizaran condiciones dignas de vivienda , y en general, condiciones suficientes para permitirles estudiar.
La defensa de estos espacios se había enfrentado ya a finales de la década de los 70 al desalojo de las residencias universitarias Camilo Torres y Uriel Gutiérrez. Ello fue contestado a través de su retoma por parte de diferentes organizaciones estudiantiles articuladas en una coordinadora estudiantil el 21 de septiembre de 1982. Retomar las residencias de la universidad buscaba que estos espacios funcionaran de nuevo como vivienda para los estudiantes que provenían de las diferentes regiones del país y que tras el desalojo se habían visto forzados a pagar altas sumas de dinero por pequeñas habitaciones en arriendo, o incluso, a refugiarse debajo de los puentes de la ciudad . En todo caso, la lucha por el bienestar estudiantil se articulaba a la apuesta más general de enfrentar las políticas que desde la rectoría de Fernando Sánchez Torres se estaban emitiendo para la universidad, entre ellas, el recorte de presupuesto que llevó a la disminución en el suministro de servicios básicos, deterioro en la calidad docente, actividades de investigación, extensión, dotación de bibliotecas, reducción de la planta de profesores, deterioro de equipos, entre otras.
Lucha estudiantil, que en el marco de una universidad que a la vez dialoga y hace eco de las contradicciones sociales y políticas que atraviesan la realidad colombiana, estaba permeada por un contexto marcado por altos índices de represión estatal en contra de la protesta social (el Estatuto de Seguridad de Turbay estaba en plena vigencia), nacimiento y accionar de los primeros grupos paramilitares y rápido crecimiento del narcotráfico y de sus carteles en el país. En ese sentido, la persecución, estigmatización y silenciamiento de voces inconformes y de propuestas de transformación hicieron del movimiento estudiantil una de sus víctimas al interior del mundo popular. Lo anterior, encarnado en una cadena sistemática de hechos violentos, tuvo como expresión máxime la tortura y el asesinato del líder estudiantil por el bienestar universitario de la Universidad Nacional de Colombia Jesús Humberto León Patiño en la ciudad de Cali el 9 de mayo de 1984, a la cual se sumaban las muertes del profesor de economía Alberto Álava Montenegro (20 de agosto de 1982), la desaparición de los hermanos García y los hermanos Sanjuán, y Yesid González (7 de octubre de 1983), entre otros muchos casos, hechos frente a los cual la comunidad y el movimiento en la universidad se levantó el voz de protesta el 16 del mismo mes.
Esta protesta que inició con un acto político de homenaje en la Plaza Che Guevara y que derivó posteriormente en la toma de la calle 26 por parte de algunos estudiantes como muestra del repudio frente a la represión estatal y paraestatal del movimiento estudiantil. Frente a esto las fuerzas del Estado respondieron con la toma violenta de la Universidad y la comisión de una masacre en contra de los estudiantes de la misma. Con la presencia de policía motorizada y cuerpos antimotines, la fuerza pública entró al campus universitario disparando armas de fuego indiscriminadamente en contra de las personas allí presentes, persiguiendo y golpeando salvajemente a los estudiantes de la universidad y encarcelando de forma arbitraria a todos y todas aquellas que no pudieron escapar de su alcance. En este episodio de máxima represión estatal en contra del movimiento se encontraban personas infiltradas dentro del conjunto de estudiantes asistentes a la conmemoración que posteriormente dispararon en contra de las personas presentes, llevaron a cabo actos de intimidación en contra de los estudiantes y se tomaron a la fuerza las residencias universitarias femeninas acribillando y disparando de forma indiscriminada en contra de las personas que estos edificios se estaban refugiando.
El saldo de esta masacre fueron 17 estudiantes muertos, cientos de personas heridas, torturadas y detenidas arbitrariamente, así como la desaparición de buena parte de los cuerpos de aquellos y aquellas quienes fueron asesinados con la intensión de ocultar los hechos a la opinión pública. A la par de lo anterior, a los cuerpos de las personas asesinadas y de algunos de aquellos golpeados o gravemente heridos, fueron puestas capuchas alusivas a grupos guerrilleros, lo que buscó justificar el accionar estatal al aducir un enfrentamiento entre la fuerza de policía y guerrilleros en la Universidad Nacional. Se articuló entonces una versión de los hechos que fue reproducida por los medios de comunicación del país, imponiendo así a la sociedad entera el olvido oficial de lo verdaderamente sucedido, así como también la estigmatización y la culpa de lo sucedido sobre los hombros del movimiento estudiantil.
Sin embargo, el 16 de mayo de 1984 no solamente representó la comisión de una masacre en contra del movimiento estudiantil en Colombia por parte del Estado colombiano, así como su posterior encubrimiento e invisibilización a través de la criminalización de la protesta y la organización en el alma mater. Igualmente trajo como consecuencia el cierre de la universidad durante un año, periodo que fue utilizado para implementar una serie de reformas institucionales y políticas al interior de la Universidad que desmontaron por completo los bastiones del bienestar universitario por el que peleaba el estudiantado (residencias y comedor universitarios subsidiados). Esto fue reemplazado por “préstamos-beca de un salario mínimo para los más necesitados, y de medio salario mínimo para los menos”; se institucionalizaron mecanismos de vigilancia y represión reforzando la presencia del personal de “seguridad” de la Universidad, y equipos de comunicación y armas de fuego “para preservar el orden y la normalidad” . A nivel académico se empezó a utilizar el discurso de la “excelencia”, lo cuál implicó una reestructuración estatutaria de la Universidad, pero contradictoriamente se hicieron cada vez más sistemáticos problemas con la planta docente, escases de recursos para dotar los laboratorios, bibliotecas y salones, llevar a cabo prácticas académicas y salidas de campo, problemas que como sabemos, son estructurales hoy en día para la educación pública superior del país.
Fuentes:
- 1-Haciendo memoria: 16 de mayo de 1984 - www.alasbarricadas.org, 21 mayo 2013
