Skip to content
  • Inicio
    • El proyecto
    • La Base de Datos
  • Víctimas
  • Masacres
  • Lecturas
  • Contacto

  • Inicio
    • El proyecto
    • La Base de Datos
  • Víctimas
  • Masacres
  • Lecturas
  • Contacto

Fecha: 1996-02-20
  • Departamento: D.c.
  • Municipio: Bogotá
  • Lugar: Suba
  • Presuntos responsables:
  • 1-Sin información

  • Hechos

    Víctimas en estos hechos: (Asesinadas: - Desaparecidas: )


    El martes 20 de febrero de 1996, YULIE YESENIA CHACÓN FARFÁN, de 11 años, salió del Colegio Cooperativo San José de Calasanz (hoy Calasanz), donde acababa de comenzar el séptimo grado. Debía llegar al mediodía a la casa, pero no apareció, y hasta hoy su paradero es desconocido. Su madre cree que pudo tratarse de un rapto, porque meses antes otras dos niñas habían desaparecido del barrio y después de dos más no se volvió a tener información alguna.

    Relata la fuente: "Desde hace 15 años y 41 días, un solo objetivo mueve a Florinda Farfán: encontrar a su hija, Yulie Yesenia, que desapareció cuando regresaba del colegio, a cuadra y media de la casa. Desde ese momento su temor es despertar en la noche y no tener a la niña en la cama de al lado, como cuando vivían en arriendo en una habitación del barrio La Manuelita, en Suba Rincón, en el noroccidente de Bogotá.

    "Después de soñar con que estábamos de nuevo juntas es duro despertar. Se me vienen a la mente muchas preguntas: ¿dónde estará?, ¿habrá comido?, ¿tendrá frío?... Esa incertidumbre lo va matando a uno lentamente", asegura entre lágrimas esta ex vigilante y madre soltera.

    ...La convicción con la que esta modista insiste en buscar a su niña, que en abril debe cumplir 27 años, la llevó a superar una profunda crisis emocional, que la tuvo al borde de beberse un frasco de raticida; a reponerse de la muerte de su padre, que murió dos años después por la pena que le produjo la desaparición de su nieta, y a mantener vivo el recuerdo de Yesenia, como una forma de ratificarse a sí misma que no hay nada más importante que su hija.

    En un cuarto tiene sus fotos, a las que les habla casi todos los días; la bicicleta azul, que le compró al cumplir 9 años; los patines de color morado con negro, para la última Navidad que pasaron juntas; un Guriguri, el muñeco preferido de Yesenia; los libros de séptimo; los vestidos; los zapatos...

    "Todo se lo guardo ahí. Hablo con la foto y le digo: 'Mamita, yo sé que usted va a aparecer'. Me pueden decir que estoy loca, pero uno se da ánimo con la foto", dice, mientras saca de su bolso un puñado de volantes con la imagen de Yesenia, los mismos que desde hace 15 años viene dejando en oficinas del Gobierno, postes de la energía y tiendas, o con personas que le puedan ayudar en su peregrinación. Esa labor la hace pese a que ha recibido amenazas y misteriosas llamadas, por las cuales su teléfono estuvo intervenido. Una vez la llamaron y le dijeron: 'Vieja h. p., deje de estar empapelando la ciudad: le vamos a quemar la casa'. Pero, quienes estaban interesados en silenciarla no lo lograron, aunque sí la obligaron a cambiar de residencia. Ella continúa en el mismo sector, porque no quiere que su hija regrese y no la encuentre.

    El primer indicio de su hija apareció la misma semana del rapto. Una niña del sector dijo haber visto cuando un hombre subía a Yesenia a un Volkswagen rojo, conducido por una mujer. Con esa información fue capturada una pareja que concordaba con la descripción de la menor, pero los sospechosos recobraron la libertad. "Después, me enteré de que al señor lo habían encontrado muerto. De la señora no volví a saber nada", asegura Florinda, quien cree que las autoridades no actuaron con diligencia en su caso.

    Ella insistió en encontrar algún rastro y, como por ese tiempo se decía que estaban sacando niñas del país para prostituirlas, mandó a hacer carteles y los envió a España, y otros los hizo traducir y los mandó a Japón. "A las embajadas también llevé fotografías. Cada vez que hacía reproducir fotos sacaba 200 o 300", recuerda Florinda, quien desde hace cinco años se quedó sin empleo y hoy se rebusca la vida como modista y vendiendo productos de belleza.

    En esa incansable búsqueda recorrió durante muchas noches los sectores más turbios del centro de Bogotá, el barrio Aures, Chía, y después viajó a Ibagué, luego, a San José del Guaviare y, finalmente, a Casanare. A todos esos lugares acudió atendiendo una llamada o persiguiendo algún indicio, y distribuyó volantes y pagó perifoneo.

    "Me decían: 'se la vamos a dejar en tal lado', y yo corría y duraba días buscándola, pero no resultaba nada. Un día me dijeron: 'Aliste 5 millones, que le vamos a entregar a su hija en un potrero de Aures II'. Llamaban una vez y después el teléfono no volvía a timbrar", cuenta la mujer, con desilusión.

    "En el 2000 fui al Guaviare, por una llamada -continúa-. En el Sena de San José encontré a una niña de nombre Yesenia, igual que mi hija, con las mismas características físicas, pero no era ella.

    Después, una investigadora me informó que en El Retorno habían visto a una niña parecida, que la tenía la guerrilla, pero que cuando fueron a averiguar ya la habían sacado".

    En el desespero porque ninguno de los indicios le habían dado una luz sobre su Yesenia, acudió a parapsicólogos, clarividentes, mentalistas y personas que decían leer el tabaco, "pero lo único que hicieron fue robarme", asegura, y de inmediato recuerda que unos de los que visitó fueron los hermanos Kendor. "Eran como seis; ellos me dieron un plazo de 19 días para que les llevara 336.000 pesos. Me decían que mi hija estaba con vida, que la tenían amarrada en una casa de tablas, y que la dirección no se veía porque era un lugar muy oscuro".


    Fuentes:

    • 1-FLORINDA FARFÁN, 15 AÑOS BUSCANDO A SU HIJA SECUESTRADA - eltiempo.com, 1 de abril de 2011

    Articulos

  • 1- DESAPARECIDAS Y SIN RASTRO
  • 2- HASTA ENCONTRARLOS: UNA CITA PARA PENSARSE LA DESAPARICIÓN FORZADA EN COLOMBIA
  • Víctimas de la Masacre

  • Yulie Yesenia Chacón Farfán (Desaparición forzada)


  • To top

    Post navigation

    25820
    25822
    Copyright Vidas Silenciadas 2017