Testimonio de Jaime Montoya Restrepo, Vicepresidente de Adida (2007-2010)
TIRÁNDOLE LIBROS A LAS BALAS
Memoria de la violencia antisindical contra los educadores de Adida, 1978-2008
Investigación realizada por la Escuela Nacional Sindical (ENS) y la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA)
Medellín, 2011
Froilán Peláez era un docente de la Institución Educativa Santa Rosa de Lima. Hijo de una familia de 5 hermanos, estuvo casado y tuvo dos hijos. Luego de su separación compartió con su compañera sentimental, Doris, quien es una mujer muy especial. Lo amaba como nadie, y él a ella también. Tenían una relación realmente muy bonita.
Con Doris todavía tengo la oportunidad de hablar, solemos recordar mucho a Froilán y los buenos momentos que pasamos junto a él. Cómo olvidarlo. Era un tipo muy frentero con los demás compañeros, pero leal; era ante todo un hombre muy sincero, un compañero que en un momento dado se podía enojar con uno y al momentico ya estaba como si nada hubiera pasado. No era rencoroso, era un gran amigo. En términos generales era una persona jocosa, supremamente amable, servicial. Las personas lo estimaban mucho precisamente por su alegría, por su buen humor, porque tenía mucha chispa para eso, increíble. Además era un excelente deportista, estuvo en varios campeonatos patrocinados por Adida. Le tocó incluso dirigir algunos juegos del magisterio. Era un hombre muy activo no solo a nivel personal sino también en la sociedad.
Froilán toda la vida fue un dirigente sindical, era un agitador de masas, siempre fue delegado oficial del sindicato de Adida, fue ejecutivo de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, y fue además un líder cívico. Estaba posicionado como uno de los principales dirigentes del magisterio en Antioquia. De las personas más esclarecidas en el tema era él. Precisamente su proceder político, su capacidad de movilización y su convicción frente a la lucha que estábamos librando, era lo que lo enamoraba cada vez mas y lo comprometía; lucha que ahora continuamos quienes éramos sus compañeros, no solamente por la defensa de los derechos del gremio de los maestros sino por la defensa de la educación pública.
Froilán no solamente era reconocido dentro del MOIR, sino en todas las demás fuerzas que se mueven en el magisterio. Reconocido, respetado, admirado por mucha gente, precisamente por esa gran personalidad que tenía y por su impresionante capacidad de entrega. Cuando se necesitaba hacer una actividad en cualquier parte, él era el primero en acudir. Por ejemplo, en los últimos tiempos él y yo estuvimos yendo mucho al municipio de Barbosa, por la época en que estaban colocando el peaje en El Trapiche. Estuvimos precisamente levantando un movimiento contra ese peaje. Después, cuando vino el peajito en Copacabana, también fuimos a alentar la protesta. En los primeros tiempos de eso también estuvimos recolectando firmas. Nos íbamos con un megáfono, agitábamos y convocábamos la lucha que la gente tenía que librar contra el cobro de la valorización, contra el mismo peaje. Definitivamente Froilán era una persona de una entrega total, dispuesto siempre para cualquier actividad.
Fue asesinado en una forma bastante brutal. Tal vez no haya asesinato que no sea brutal, pero este en particular tiene un tinte más cruel, en el sentido de que fue atacado precisamente llegando a la institución educativa donde trabajaba, en Santa Rosa de Lima. Él vivía cerca de allí. Parece ser que lo siguieron desde la salida de la casa y ya cuando estaba llegando al colegio le dispararon, dos sicarios. Hay quienes cuentan que Froilán alcanzó a correr unos cuantos metros hacía la portería del colegio y poco antes de alcanzarla cayó desplomado. En medio de la conmoción y luego de que los sicarios huyeran, quisieron levantarlo, pero estaba ya sin signos vitales. Esta noticia para nosotros, como Tribuna Magisterial MOIR, fue un golpe muy fuerte, porque acabaron con la vida de un compañero, amigo y ciudadano muy valioso para la sociedad.
Hasta ese momento Froilán no tenía ninguna amenaza seria; o bueno, nada que pudiera tomarse propiamente como una intimidación. Antes de ese fatídico 6 de mayo del 2002 lo único, podría decirse, había sido el incidente de una amenaza en un panfleto en el mismo colegio, un año y medio atrás, pero eso prácticamente pasó desapercibido porque en todo ese tiempo no ocurrió nada. De hecho él se mantenía muy relajado. Lo cierto es que siempre en las marchas, en las movilizaciones que hacíamos, era el primero en coger el megáfono. Se paraba al frente en el planchón cuando eran marchas por la CUT. Él era la primera voz, el primer agitador en esas marchas, muy virulento al hablar porque hablaba y denunciaba con nombre propio aquellos funcionarios, aquellos gobernantes que eran culpables directos de las persecuciones; y hablaba de la forma como se atentaba contra los derechos de la educación o del magisterio. Algunos hemos pensado que tal vez por esa forma tan virulenta y recia como él denunciaba a estos perseguidores, fue que tomaron alguna retaliación en su contra. Pero después de todo este tiempo nada se ha esclarecido. Es otro caso que tiende a quedar en la impunidad, como muchos otros asesinatos de este tipo en Colombia.
Froilán merece de nosotros toda nuestra gratitud y respeto. Es por eso que cada año le rendimos homenaje a quien fuera uno los más incansables luchadores y defensores de la educación. Con el asesinato de este compañero, el sindicalismo, el movimiento popular y la clase obrera perdieron a uno de sus más valiosos dirigentes, a uno de sus valiosos agitadores, a un hombre que no se perdía mitin, no se perdía protesta y siempre estaba reclamando ante las autoridades los derechos de los trabajadores. Siempre lo veía uno en las carpas, en las huelgas obreras, ayudándoles a los obreros a reclamar sus derechos. La ciudad perdió así a un gran dirigente.
