EN EL OLVIDO, AYER SE CUMPLIERON 13 AÑOS DE MASACRE PARAMILITAR

En una discreta actividad conmemorativa, se reunieron ayer por primera vez algunos familiares de las 11 personas asesinadas en una de las incursiones paramilitares más sangrientas ocurridas en el Puerto Petrolero, pero que, a diferencia de las demás, es poco recordada en la ciudad.

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Miércoles 03 de Agosto de 2011
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El conmovedor encuentro se realizó en la tarde, tras una eucaristía en homenaje a las víctimas, para intentar recordar el hecho violento que duró más de 12 horas en un denominado ”recorrido de la muerte”, cuando los responsables recorrieron las siete comunas de la ciudad en búsqueda de sus víctimas.

Sobre la acción violenta, Vanguardia Liberal constató que en enero de 2010, varios exparamilitares de la región aceptaron su participación en una diligencia de Justicia y Paz en los 11 homicidios que, para la época, fueron registrados como aparentes hechos aislados y que no registraban avances en las respectivas investigaciones que permitieran ser esclarecidos.

Familiares de las víctimas señalaron que ”antes no habíamos hecho nada porque el miedo que causó esto fue muy grande. Aún sentimos miedo. Es por esto que no todas las familias asistieron. Pero este año, por primera vez, quisimos reunirnos unos pocos para hacerles un homenaje a las víctimas”.

Confesión del ‘Panadero’

El postulado a la Ley de Justicia y Paz Mario Jaimes Mejía, alias ‘El Panadero’, aceptó en una versión libre su responsabilidad en las 11 muertes, y señaló que fue una acción armada que inició el 1 de agosto de 1998 desde las 3:00 p.m, y que culminó en la madrugada del 2 de agosto, en diferentes puntos de la ciudad.

Sobre la versión entregada, Vanguardia Liberal conoció que alias ‘El Panadero’ dijo que ”salimos en Taxi y nos dirigimos por la 28 al Parque Infantil. De ahí nos fuimos seis personas y frente a la (funeraria) Foronda hurtamos una moto para ir hacia La Tora. Entró alias ‘Pedro’, ‘Maicol’ y mi persona. Se le preguntó a ‘Maicol’ si había gente que él conocía y dijo que había dos que él conocía. De ahí les dije que le dieran de baja. De ahí salimos y pasamos por el Campestre, Villarelys, Pozo Siete, Santana y el barrio Primero de Mayo, en donde pasamos por la cantina cerca de Postobón, donde estaban tomando unas personas. Maicol dijo que había reconocido a dos y les ordenó que fueran dados de baja”.

De acuerdo a su relato, las víctimas fueron señaladas de supuestamente colaborar con la guerrilla y habrían sido reconocidas por uno de sus acompañantes que presuntamente los habría recordado de participar en reuniones.

”De ahí agarramos hacia la cancha de fútbol de la Floresta, por la carretera que queda por encima y llegamos al bailadero, caseta Matecaña. Le pregunté a Maicol y me dijo que los había reconocido a los tres, los que estaban en esa misma mesa, entramos y los asesinamos”.

El relato sobre el crimen concluyó al señalar que ”llegamos a la Plaza de Torcoroma de Barrancabermeja, por donde quedan los graneros, y dejamos la moto que habíamos robado. Tirada. Los otros muchachos se fueron en sus motos y yo tomé un taxi con Pedro y nos fuimos para el barrio Galán, donde estábamos alojados”.

Historia con una sobreviviente

Después de pasar todo el día vendiendo licor, su hermano le dijo que salieran a bailar esa noche. Aunque la ciudad hervía en baile, salsa y alegría; desconocían que ese día, el ‘paseo de la muerte’, ya había iniciado su recorrido y había cobrado al vida de seis personas.

María* recuerda que esa noche no quería salir, pero su hermano le insistió en reiteradas ocasiones que terminó aceptando la invitación. Cuadró las cuentas del día, cerró la licorera que administraba en el Sector Comercial del Puerto Petrolero y salieron directo a Matecaña, el bailadero de moda de ese entonces.

Iban a ser las diez de la noche cuando entraron al lugar y pidieron una botella de aguardiente. Su hermano salió a bailar, y quedó ella sola en la mesa. En ese momento, María* escuchó disparos y gritos. Desconcertada se lanzó al suelo que en cuestión de minutos se tiñó de sangre. En medio de tanto miedo, sintió dolor y vio cómo su pierna derecha se bañó en su propia sangre.

Tres personas murieron instantáneamente en medio de las decenas de personas que habían llegado al bailadero.

Su hermano la sacó del sitio, al poco tiempo que los tipos encapuchados huyeron, y la llevó a un centro asistencial. Ante lo ocurrido, al día siguiente María* decidió abandonar la ciudad. Hoy, con lágrimas recuerda que, además del miedo que aún no la deja en paz, pasó necesidades en Bucaramanga, a donde llegó y tuvo que reanudar su vida. Trece años después del crimen, María* dice que seguir estando intranquila ante la incursión paramilitar.