‘EL GAULA ENTRÓ DISPARANDO’

LA NACIÓN llegó hasta Santa Rita, Aipe, donde un niño murió por una bala perdida, otro menor quedó herido y otros dos hombres murieron.

Francisco Argüello
LA NACIÓN, NEIVA
Marzo 27, 2010
http://www.lanacion.com.co/2010/03/27/%E2%80%98el-gaula-entro-disparando%E2%80%99/.

El Ejército dice que llegó al caserío porque le avisaron de unos extorsionistas. La comunidad sostiene que lo hicieron disparando contra el que se atravesara por su camino

La muerte del menor Didier Alexander Clavijo, cerca de la escuela, así como las heridas causadas a otro de sus compañeros, en un supuesto enfrentamiento armado, sigue sin aclararse. La comunidad de Santa Rita, en Aipe, negó de plano el supuesto combate, mientras reclama una rigurosa investigación para esclarecer el hecho, registrado el jueves pasado antes del mediodía.

Ese día, una camioneta levantó polvo en el caserío donde todo transcurría con normalidad. Seis hombres del Ejército que vestían de civil y se identificaban con un chaleco que decía ‘Gaula’, se bajaron y sin mediar palabras emprendieron un tiroteo que no respetó niños y ancianos que transitaban por el sector.

Las mujeres corrieron a refugiarse, los niños gritaban desesperados y los hombres no entendían lo sucedido. Jorge Eliécer Soto, un campesino de la región y cultivador de café, recibió unos impactos de arma de fuego y quedó muerto en medio de la mirada impávida de los moradores, quienes jamás imaginaron el desenlace fatal.

El Ejército lo presentó como extorsionista del frente 66 de las Farc, una versión desmentida por la comunidad, que sólo piensa en los ocho hijos huérfanos que se criaron en la región y que terminarán el resto de sus días solos.

En Santa Rita el ataque continuó.

Primera víctima

En el matadero, Didier Alexander Clavijo Jiménez, un niño de escasos ocho años, jugaba a lanzarse guayabas con Estiven, otro menor de su edad. En medio de la diversión una bala atravesó su cara y de inmediato quedó tendido en el suelo, mientras sus hermanas, quienes estaban cuidándolo, lloraban enloquecidas porque no sabían cómo decirles a sus padres, que estaban trabajando.

Las escenas de terror se trasladaron hasta la institución educativa Santa Rita, donde los estudiantes, todos menores de edad, recibían clases. José Guillermo Valencia Perdomo presentaba una evaluación al frente del tablero cuando las balas interrumpieron su actividad.

Aunque sus compañeros se tiraron al piso, se escondieron en la cocina y los baños, él no alcanzó. Por eso, una de las balas se le incrustó en una de sus piernas y recibe atención médica en el Hospital de Neiva.

Dado de baja

Minutos después, el Gaula persiguió a un extraño hombre y lo dio de baja metros adelante, cerca de un cafetal. LA NACIÓN preguntó por él y nadie dio razón. “No lo conocemos, no tenemos idea de quién es”, manifestaron.

Sin embargo, el Ejército fue más allá y en un comunicado de prensa aclaró que en el lugar de los hechos se encontró un fusil AK 47, proveedores, municiones, granadas, equipos de comunicaciones, celulares y propaganda de las Farc. Lo anterior fue desmentido por la población que, al contrario, impidió que a uno de los muertos le colocaran un maletín, según sus testimonios.

No hubo combates

“El Ejército no tuvo enfrentamientos con nadie. Ellos dicen que hubo combates, eso es una gran mentira; pregúntele a cualquier persona, llegaron disparando, lo hicieron en el matadero, sobre el colegio. No les importó que hubiera mujeres”, narra uno de los líderes comunales, quien exige justicia “para que no vuelva a suceder”. Las perforaciones en las casas vecinas, en los vehículos y los impactos en la propia escuela quedaron como testigos de la balacera.

Ayer, en medio de la zozobra, todos se reunieron en el polideportivo principal y les pidieron explicaciones.

Una testigo explicó que en medio de la balacera no tuvo otra opción que refugiarse en la iglesia, orar para que la situación se calmara y esconderse del Ejército. “Veía cómo las mujeres corrían como locas en busca de sus hijos que estaban jugando. Las balas cruzaban de un lado a otro”, señaló.

Y los niños también denunciaron: “Me persiguieron y me iban a dar plomo, pensaban que yo era guerrillero. Yo tengo apenas 12 años”, dice uno de los menores de edad que se salvó de milagro.

En las calles escurrían los charcos de sangre de las víctimas; todos los habitantes salieron de sus casas y con piedras en sus manos intentaron atacar al carro que movilizaba los militares.

“Nos tildaban de guerrilleros. No cogieron nada de armamento, menos radios de comunicación como dicen”, asegura Camilo Antonio, otro líder comunal, quien pide no le registren apellidos ni le tomen fotografías porque teme represalias.

Sin clases

Las clases en el pueblo fueron suspendidas; en las calles las caras son de temor y tristeza, mientras el Ejército tendrá que empezar de nuevo a recobrar una confianza que será difícil conseguir. Ese será el precio más caro por lo sucedido, aseguran las víctimas.

Y es que aunque en la zona se moviliza el frente 66 ‘Joselo Lozada’ de las Farc y la vía conduce hacía Planadas, Tolima, zona donde se fundó la guerrilla hace más de 40 años, no había razón, dicen ellos, para que el Gaula hubiera atacado en medio de la población así hubieran encontrado posibles insurgentes.

La Novena Brigada insiste que el Juzgado 64 de Instrucción Penal Militar asumirá el caso.

Hoy será sepultado Didier Alexander Clavijo en medio del dolor de un pueblo que promete no reponerse pronto. El caso está en manos de la Procuraduría del Huila y Defensoría del Pueblo.