EL FIN DE LA GALLETA, INICIO DE UN CALVARIO

Finca la Galleta fue abandonada por reinsertados luego de los ataques. Hasta el año pasado, más de 30 muertes en vereda San Antonio. La muerte de dos reinsertados de la Crs, comienzo de cadena de muertes.

EL COLOMBIANO.COM
Por Elizabeth Yarce Ospina
Enviada especial, Montebello
http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/E/el_fin_de_la_galleta_inicio_de_un_calvario/el_fin_de_la_galleta_inicio_de_un_calvario.asp.

Una cruz en cada manga o en la entrada de las casas. Desde el año 2000, los habitantes de la vereda San Antonio, del corregimiento Sabaletas, en Montebello, Antioquia, las han puesto para recordar que allí fue asesinado uno de los suyos.

A los calvarios (más de 30) se suman hileras de casas desocupadas, tiendas vacías y mucha pobreza. También el dolor de varias familias que tienen un ser querido desplazado o en el peor de los casos desaparecido.

Dicen los habitantes que el 23 de enero de 2000, los asesinatos de José Evelio Gallo Gallo y Uberney Giraldo Castro, reinsertados de la Corriente de Renovación Socialista (Crs), quienes se encontraban en la finca La Galleta, en ese caserío, fueron el inicio de una cadena de asesinatos que se prolongó hasta comienzos de 2003.

Por el asesinato de los dos reinsertados fueron condenados a 40 años de prisión dos militares que estuvieron adscritos a la IV Brigada (ver nota anexa).

La finca se convirtió en la fuente de empleo para muchos campesinos. Se trataba de una casa anaranjada con 10 habitaciones y amplias zonas de cultivos, muchos de ellos frutales.

Hoy es una casa abandonada, llena de letreros de las autodefensas, con un colchón, una nevera y un horno podridos. La maleza se apropió de ella y nadie la habita.

‘A La Galleta la maldijo la guerra. Después que mataron allá a los muchachos, llegaron las autodefensas, comenzaron a matar campesinos, desaparecieron a otros. En ese último grupo está mi hijo, Jairo Hernando Sánchez, desaparecido desde el 1 de agosto de 2001’, indica Leonel Sánchez, reinsertado de la Crs, quien tuvo que abandonar la finca luego de la muerte de sus compañeros.

El resto de reinsertados tuvieron que exiliarse o vivir en el país bajo protección de las autoridades. Mientras que los habitantes de las vereda padecieron los ataques.

Mariela, una de las habitantes de San Antonio, relató que el año más difícil fue el 2002 y muestra las cruces. ‘Todos los muertos fueron aquí cerquita. Hubo un día en que mataron a cinco y así empezaron las muertes’, dice la joven mientras señalaba los calvarios de Luz Elena Ríos, Marco Bedoya, Nelson Viera y Héctor Ayala’, asesinados en mayo de 2002.

‘Los muertos fueron después cada semana de a uno o de a dos que sacaban de la casa y le disparaban. Así, esto quedó casi vacío. La gente salía en carros y nunca volvía. Decía que no iban a esperar a ver que pasaba’, agrega.

Pero fueron más víctimas y todas las cruces así lo recuerdan. ‘Mataron a Bernardo Bedoya y desaparecieron Hernando Bermúdez. Eran esos días en los que nos acostábamos a las siete de la noche a más tardar. Por la noche sentía uno que ellos entraban (los grupos armados) sacaban gente y al rato el ¡pum! O había noches llenas de gritos’.

Relatan los habitantes que también balearon a Abelardo Ríos, a los hermanos Enoc, Mauricio y Arley Castañeda, a Antonio Serna y Jairo Quintero, a quienes se los llevaron a caminar amarrados y después les dispararon.

‘Nos quedamos aquí porque no teníamos más opción’, comenta un hombre de 67 años mientras se queja de que por culpa de la guerra cerca de su casa no hay tiendas abiertas. Sólo locales vacíos con el letrero de ‘llegamos las Accu’.

Se acabó el empleo
Para los habitantes de San Antonio y veredas que limitan con La Galleta (Palmitas y Sierra Morena), tras ese ataque contra los desmovilizados de la Crs, cambió la historia. De un lado por los muertos. De otro, porque se acabó un proyecto productivo del que dependían más de 70 familias.

‘Antes de que la finca pasara a la Crs teníamos empleo. Ellos continuaron y montaron proyectos de frutales con aguacates y mandarinas. Había atención para los animales. Hoy esperamos que hagan algo con la finca o permitan que nosotros podamos sacarle frutos’, dice un labriego.
Elizabeth Yarce Ospina

elizabethy@elcolombiano.com.co

Enviada especial, Montebello

Una cruz en cada manga o en la entrada de las casas. Desde el año 2000, los habitantes de la vereda San Antonio, del corregimiento Sabaletas, en Montebello, Antioquia, las han puesto para recordar que allí fue asesinado uno de los suyos.

A los calvarios (más de 30) se suman hileras de casas desocupadas, tiendas vacías y mucha pobreza. También el dolor de varias familias que tienen un ser querido desplazado o en el peor de los casos desaparecido.

Dicen los habitantes que el 23 de enero de 2000, los asesinatos de José Evelio Gallo Gallo y Uberney Giraldo Castro, reinsertados de la Corriente de Renovación Socialista (Crs), quienes se encontraban en la finca La Galleta, en ese caserío, fueron el inicio de una cadena de asesinatos que se prolongó hasta comienzos de 2003.

Por el asesinato de los dos reinsertados fueron condenados a 40 años de prisión dos militares que estuvieron adscritos a la IV Brigada (ver nota anexa).

La finca se convirtió en la fuente de empleo para muchos campesinos. Se trataba de una casa anaranjada con 10 habitaciones y amplias zonas de cultivos, muchos de ellos frutales.

Hoy es una casa abandonada, llena de letreros de las autodefensas, con un colchón, una nevera y un horno podridos. La maleza se apropió de ella y nadie la habita.

‘A La Galleta la maldijo la guerra. Después que mataron allá a los muchachos, llegaron las autodefensas, comenzaron a matar campesinos, desaparecieron a otros. En ese último grupo está mi hijo, Jairo Hernando Sánchez, desaparecido desde el 1 de agosto de 2001’, indica Leonel Sánchez, reinsertado de la Crs, quien tuvo que abandonar la finca luego de la muerte de sus compañeros.

El resto de reinsertados tuvieron que exiliarse o vivir en el país bajo protección de las autoridades. Mientras que los habitantes de las vereda padecieron los ataques.

Mariela, una de las habitantes de San Antonio, relató que el año más difícil fue el 2002 y muestra las cruces. ‘Todos los muertos fueron aquí cerquita. Hubo un día en que mataron a cinco y así empezaron las muertes’, dice la joven mientras señalaba los calvarios de Luz Elena Ríos, Marco Bedoya, Nelson Viera y Héctor Ayala’, asesinados en mayo de 2002.

‘Los muertos fueron después cada semana de a uno o de a dos que sacaban de la casa y le disparaban. Así, esto quedó casi vacío. La gente salía en carros y nunca volvía. Decía que no iban a esperar a ver que pasaba’, agrega.

Pero fueron más víctimas y todas las cruces así lo recuerdan. ‘Mataron a Bernardo Bedoya y desaparecieron Hernando Bermúdez. Eran esos días en los que nos acostábamos a las siete de la noche a más tardar. Por la noche sentía uno que ellos entraban (los grupos armados) sacaban gente y al rato el ¡pum! O había noches llenas de gritos’.

Relatan los habitantes que también balearon a Abelardo Ríos, a los hermanos Enoc, Mauricio y Arley Castañeda, a Antonio Serna y Jairo Quintero, a quienes se los llevaron a caminar amarrados y después les dispararon.

‘Nos quedamos aquí porque no teníamos más opción’, comenta un hombre de 67 años mientras se queja de que por culpa de la guerra cerca de su casa no hay tiendas abiertas. Sólo locales vacíos con el letrero de ‘llegamos las Accu’.

Se acabó el empleo

Para los habitantes de San Antonio y veredas que limitan con La Galleta (Palmitas y Sierra Morena), tras ese ataque contra los desmovilizados de la Crs, cambió la historia. De un lado por los muertos. De otro, porque se acabó un proyecto productivo del que dependían más de 70 familias.

‘Antes de que la finca pasara a la Crs teníamos empleo. Ellos continuaron y montaron proyectos de frutales con aguacates y mandarinas. Había atención para los animales. Hoy esperamos que hagan algo con la finca o permitan que nosotros podamos sacarle frutos’, dice un labriego.

Ayuda al lector

A militares implicados, 40 años de prisión

Un juzgado especializado de Antioquia condenó recientemente a 40 años a los ex militares Sandro Fernando Barrero y Humberto de Jesús Blandón por la desaparición y posterior asesinato de los reinsertados de la Corriente de Renovación Socialista (Crs), José Evelio Gallo y Uberney Giraldo, el 23 de enero de 2000, cuando fueron sacados de la finca La Galleta, en Montebello. Los uniformados estaban adscritos al Grupo Mecanizado Juan del Corral. Luego del asesinato presentaron los cuerpos de sus víctimas como guerrilleros del Eln muertos en combate en Carmen de Viboral. El 26 de enero de 2000 un grupo armado robó los cadáveres de la morgue de ese municipio.