EL BRILLANTE CAMILO

A esta altura de la historia ya no importa de qué campo salieron las balas que durmieron para siempre la vida de Camilo Alberto Zuluaga Echeverry, el joven estudiante de quinto semestre de Ciencias Sociales de la Universidad del Tolima, activista de los derechos humanos, ni por qué.

EL TIEMPO
24 de octubre 2001
https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-707900

A esta altura del camino la desaparición de Camilo le duele no sólo a sus familiares, amigos, compañeros; también le duele a un departamento porque perdió un ciudadano brillante que desde que pisó las aulas de la universidad se destacó por su inteligencia porque prometía ser el tipo de profesional comprometido con la construcción de una nación más justa y democrática.

Cuando salió de bachiller del colegio San Simón por allá en el 97, Camilo ya sabía qué iba a ser en la vida. Decía, según sus amigos, que desde el momento mismo que él entendió el significado de palabras como la miseria, la desesperación, el hambre y que todos tenía derecho a ser libres, se forjó un camino que desembocaba en la palabra humanidades.

Pagó servicio militar en el Inpec, y luego tomó el camino de la academia. Se enroló en la Universidad del Tolima en donde desde el primer semestre sobresalió por sus conceptos. Sus notas le merecieron ganarse la beca académica. Quién iba a pensar entones que un pelao de 21 años, bajito, barbudo y rapado porque no le gustaba que su cabello crespo se esponjara, iba a marcar un punto muy alto dentro del esquema universitario, terminaría bajo el fuego cruzado en una distante vía entre los municipios de Dolores y Prado.

Al ingresar a la universidad fundó Semillas de Libertada , un grupo desde donde luchaba por la vida, porque según él ningún otro hombre posee el derecho supremo de la dominación sobre los otros hombres.

Así comenzó Camilo Alberto a darse a conocer y poco a poco a convertirse en un activista de los derechos humanos, un participante de la Comisión de Derechos Humanos y Paz del Departamento, dispuesto a todo tanto que era conciente de que su temprana vida estaba ya en peligro.

Carta testamento.

Camilo era el segundo de tres hermanos. Le gustaba escribir poesía y lo hacía muy bien, dicen sus amigos. Era amigo del cigarrillo, pero no de la bebida. Volaba con Borges y se alimentaba con la filosofía clásica del siglo XIX, una de sus pasiones. Se complementaba con el materialismo histórico, el idealismo y Marx. Claro está que no cambiaba las eternas charlas vespertinas con su grupo de amigos. En ellas analizaban una y otra vez al país y lo soñaban distinto. No lo pintaban como un cuento de hadas, pero sí justo, sin corrupción; con un Estado limpio, sin complicidades. Las disputas de pensamiento siempre coincidían en que la juventud del presente tiene en su poder la fuerza transformadora del futuro y ahí su gran responsabilidad en este otro intenso capitulo de guerra que enfrenta el país. Odiaba la mentira y soñaba en convertirse en un investigador de las ciencias humanas y proponer ideas para solucionar el conflicto armado del país.

Por su forma de ver la vida, de tragarse una Colombia convulsionada, pero de amar a sus seres queridos, hace un mes y medio Camilo dejó dos cartas de despedida o testamentos como lo llaman hoy sus amigos cercanos. En una de ellas, es muy crudo. En ella habla de su forma de pensar, de la emancipación de su país. Olía su muerte, la percibía y así quedó calcada en la carta que escribió con su vieja máquina de escribir. En ocasiones me temía estar lejos, creo que cuando lean la presente lo estaré o como mínimo ni siquiera estarédice un aparte del mensaje. Dejó en ella además un adiós a sus hermanos La Nechis y el Mono ; y a sus padres Yoli, y Beto .

El silencio de su familia encierra el dolor pero la voz viva de sus compañeros, de la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios, Aceu, ayudarán a que Camilo viva por siempre.

Apartes de la carta.

el principio de mi adolescencia, desde el momento en que mi cabeza se ubica en otras tantas cosas como la miseria, el hambre, la desesperación, desde ese momento en que comprendo que los hombres son libres de construir su historia, que los hombres nacen para la libertad y que por consecuencia ningún otro hombre posee el derecho supremo de la dominación sobre otros hombres, desde ese momento que es el pan ausente de la mirada fría y angustiada, desde ese momento cotidiano y nuestro descubrí el camino a escoger.

es una noche justa, una noche digna de confesar que en muchas ocasiones los abandoné pretendiendo cosas para mi país. Pretendiendo de la manera más humanista, más alturista la libertad par a los míos, la libertad para mí.

ocasiones me temía estar lejos, creo que cuanto lean la presente lo estaré o como mínimo ni siquiera estaré, igual no habrá de qué afanarse todo eso está en el cálculo lógico de las miserables posibilidades. me arrepiento de nada excepto de no estar presente. Que se debe continuar porque