¿CRÍMENES DEL PARAMILITARISMO?

JOSÉ DAVID ANTEQUERA
03/31/2008

Nueve años después del asesinato de José Antequera, reconocido dirigente nacional de la Unión Patriótica, su hijo sigue luchando para que tragedias como esta no queden impunes José David Antequera. Foto: Daniel Reina “Cada vez que debo escribir sobre mi experiencia de vida, vinculada al contexto de la muerte sentida de cerca entro en un juego de indecisiones. No sé si hacer un testimonio amarillo sobre el asesinato de mi padre para ver si con eso quien lee se sensibiliza sobre la realidad oculta de los crímenes del paramilitarismo en Colombia.

Que José Antequera fue abordado por un sicario adolescente en el Aeropuerto Eldorado, que le descargaron un arma que le destrozó su corazón fuerte, que repitió mi nombre y el de mi hermana mientras era conducido en una ambulancia que no llegaría a la clínica más cercana sino a un hospital de muerte segura. Que mi madre lo supo antes de que se lo dijeran, la noche anterior, cuando soñó con un río de sangre. Que ese día nos reunimos en la sala de mi casa, como quien espera la noticia, escuchando la radio hasta encontrar la voz de un locutor que hablaba de cosas que no supe entender sino varios años después, pero que hicieron acurrucar a mi hermana. Que en la mañana de ese día mi padre había dicho que los paramilitares se movían libremente por sus inmensas fincas custodiadas por militares, y que a un periodista de humor negro le dio por hacer la cuenta de cuál sería el número que le correspondería en la lista de los muertos de la Unión Patriótica si lo llegaran a matar, como efectivamente ocurrió… y le tocó el turno 721. Que recuerdo haber pedido en un estrado pidiendo que por favor nos dejaran enterrar a mi padre ante la negativa del Alcalde que tenía miedo a las protestas.

No sé si lo que debo hacer es escribir sobre las razones del asesinato de mi padre el 3 de marzo de 1989, que son las mismas del asesinato de más de 5.000 personas pertenecientes a la Unión Patriótica y las mismas de tantas miles de otras historias que parecen dolerles a muy pocos, porque a José Antequera lo asesinaron por denunciar ese fenómeno llamado “paramilitarismo” que se comió nuestro país, sembró las más bárbaras prácticas de sometimiento al ser humano y despojó a campesinos e indígenas de más de 6 millones de hectáreas de tierras.

Lo mataron por decir públicamente que el “paramilitarismo” no es un ejercicio legítimo de autodefensa, porque no es legítimo defender la excesiva concentración de la tierra ganada a punta de exterminio, y porque en realidad, cuando hablamos de paramilitarismo, hablamos de una estrategia del Estado colombiano. Peor aún, a José Antequera lo mataron por denunciar lo que terminó demostrando con su muerte: que la guerra que se proclama contra los demonios, realmente ha tenido como blanco de ataque a personas indefensas, a líderes sociales, a campesinos que resisten la empresa de despojo, a las mujeres, a los indígenas, a los jóvenes.

Las víctimas del paramilitarismo han sido el obstáculo por eliminar para lograr el objetivo de convertir a nuestro país en un terreno baldío, sin opositores ni disidentes, donde, ahora sí, cualquiera podrá comprar lo que quiera, empezando por nuestra dignidad. Con memoria, es posible que comprendamos sobre qué base se ha construido esto que llamamos Colombia, que se haga justicia, que logremos que dejen de ocurrir algún día los asesinatos, los genocidios, los desplazamientos, las desapariciones, los secuestros, porque, aunque mucho se niegue, siguen ocurriendo (más de 3.000 cayeron, como mi padre, sólo en los últimos cinco años).

Por supuesto, no dejo de espantarme cuando veo que hay personas que no saben de esta realidad, que creen que ya se acabaron los paramilitares, y peor aún, que justifican sus actos. No sé cómo podemos seguir viendo que ‘Jorge 40’ confiese la muerte de 1.000 personas en quince días y que aquí no pase nada. No se qué pensar del ser humano cuando sé que somos capaces de espantarnos ante la terrible situación de los secuestrados, y no parece movérsenos un pelo ante tanta barbarie paramilitar.

Necesito recordar la naturaleza de Colombia, el calor de la playa, la delicia de una parranda de carnaval, para atarme de nuevo a un país donde todavía es posible decretar la muerte de una persona llamándola guerrillero, terrorista. Ahora que se discute si está usted en una marcha o en otra, si es bueno o malo, es tiempo de reconocer a todas las víctimas. Es urgente que dejemos de justificar el asesinato de los hombres y mujeres por su condición política, sexual o cultural y que la realidad, que vemos todos los días, no nos sea más indiferente.

El daño que la estrategia paramilitar le ha hecho a este país ya no se puede decir con palabras, aunque sí sea posible contar los millones invertidos y las ganancias recaudadas por los responsables. Es preciso dejar de negar y dejar de olvidar. Se trata de convencernos de que hay caminos distintos a la guerra para lograr el país que no hemos alcanzado, pero esos caminos no son los del silencio y la impunidad”.

José David Antequera
24 años Abogado de la Universidad Externado de Colombia
Integrante de ‘Hijos e hijas por la memoria y contra la impunidad’
Su libro favorito: Los pasos perdidos de Alejo Carpentier