CORPADES REPORTA AMENAZAS EN DÍA DE SEPELIO DE JUDITH

Judith Vergara fue velada en la capilla de El Jardín, el sector de El Pesebre donde vivió. El féretro siempre estuvo acompañado por jóvenes y grupos de la tercera edad, a los que ella dedicó sus más grandes esfuerzos como líder barrial.

por Glemis Mogollón Vergara
glemism@elcolombiano.com.co
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La capilla de El Jardín, el sector del barrio El Pesebre donde Judith Vergara Correa vivió toda su vida, nunca estuvo vacía las horas en que el féretro de la líder comunitaria, asesinada el lunes en un bus urbano, fue velada allí.

Incluso cuando la funeraria llevó el cadáver a la medianoche, el templo se llenó con niños, jóvenes y miembros de grupos de la tercera edad.

”Ella aquí sembró mucho amor y todos tenemos algo que agradecerle”, comentó una amiga, que se ocupó de llenar un libro con mensajes y firmas de quienes fueron al velorio.

”Ha venido tanta gente que ya se llenó un cuaderno. Pedí prestados mil pesos y me fui a comprar otro. A ella la querían mucho”, se lamentó la mujer, que solo abandonó la capilla para cambiarse de ropa e ir al cementerio de San Pedro, donde fue sepultada.

”Hemos sentido el acompañamiento de la gente. Lo que le hicieron es injusto. Era líder de líderes”, comentó Frany, hermana de Judith, quien desde 2001 y hasta el día de su asesinato fue la presidenta de la junta de Acción Comunal de El Pesebre.

Los lamentos no fueron solo en ese sector de la comuna 13. Judith era miembro de la Red de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra (Redepaz), la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz (Asapaz) y desde 1998 trabajaba en los proyectos con juventud de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades).

Su muerte fue rechazada en el Polo Democrático Alternativo (PDA), en el que militaba y con el que pretendía llegar a ser elegida a la Junta Administradora Local de la comuna 13.

Llamada intimidante
Despedir a Judith no fue el único dolor ayer para la gente de Corpades. Luis Fernando Quijano, director de la corporación, aseguró que ayer en la mañana alguien hizo una llamada intimidante a Industrias Rof, una empresa de Corpades creada tras la desmovilización, en 1991, del Movimiento Independiente Revolucionario-Comandos Armados (Mir-Coar).

”La contestó un guarda de seguridad. Dijeron: Si Quijano sigue hablando güevonadas, vamos por él”, aseguró el director de Corpades, quien afirmó que el incidente ya fue comentado al secretario de Gobierno de Medellín, Gustavo Villegas.

En horas de la tarde, la sede de Corpades, en el barrio Prado centro, comenzó a ser custodiada por la Policía.

El día del homicidio, Quijano lo atribuyó a paramilitares que siguen actuando en la comuna 13.

”Hace tiempo los jefes paramilitares nos han acusado de que Corpades le entrega informes a Amnistía Internacional sobre la grave situación de Medellín, por eso considero que son ellos los que están detrás del homicidio”, afirmó Quijano.

El comandante de la Policía Metropolitana, general Marco Pedreros, aseguró que aún es temprano para establecer posibles móviles del crimen.

Al incidente de la llamada a Industrias Rof, se sumó después del mediodía el robo de una motocicleta y un canguro (maquinaria de construcción) en las obras de Aires de Paz, el proyecto de vivienda de Corpades para sus reinsertados en San Antonio de Prado.

En febrero pasado otro robo en el mismo proyecto, más amenazas y cobro de vacuna, fue reportado por Quijano a Villegas, debido a que en el hecho habrían estado involucrados desmovilizados de las Auc que viven en el corregimiento.

No al olvido
Con la muerte de Judith, varios líderes de la comuna 13 volvieron a revivir el temor por los homicidios de otros líderes, como Haíder Ramírez, el padre José Luis Arroyave y Teresa Yarce.

”El trabajo comunitario siempre ha estado amenazado, pero igual vamos a seguir con él”, afirmó a la agencia de prensa del Instituto Popular de Capacitación (IPC) Giovana Montoya, integrante de Corapaz, institución en la que trabajaba Ramírez, asesinado en agosto pasado.

”Nos preguntamos ahora es ¿quién será el próximo?”, comentó con temor Montoya.

Ayer también habló Liliana Vera, viuda de Haider Ramírez, quien dijo sentirse nuevamente preocupada. ”Nos preguntamos qué pasa, si son hechos aislados o si hacen parte de un proceso de persecución sistemática (…) uno se pregunta si vale la pena”.

Para ella, el sinsabor más grande es la impunidad. ”Hoy (23 de abril) son ocho meses de la muerte de Haider y esos días la ciudad se conmocionó, pero a la semana siguiente, todo se olvidó. Hasta la justicia, porque hoy no hay ningún veredicto, de los detenidos no se sabe nada, el proceso no avanza”.

La vulnerabilidad de los líderes en la comuna 13 fue recordada por el defensor del Pueblo, Vólmar Pérez, quien dijo que en marzo pasado la entidad emitió el Informe de Riesgo 009, que señaló que ”es probable la ocurrencia de atentados contra la vida, la libertad y la integridad física de la población que se podrían expresar en desapariciones, asesinatos selectivos y de configuración múltiple, retenciones ilegales, restricciones a la movilización de la población civil, desplazamiento forzado intraurbano, reclutamiento forzado y la utilización de métodos o medios para generar terror contra los residentes de los barrios Independencias I, II y III, Veinte de Julio y El Salado, en la Comuna 13 de Medellín”.

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Judith Adriana Vergara Correa
por Glemis Mogollón Vergara Wednesday, Apr. 25, 2007 at 7:06 AM
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