PROYECTO COLOMBIA NUNCA MAS – INFORME ZONA V
Bucaramanga y área metropolitana: el asedio de la represión, 1966 – 1998
… es preciso decir que el desaparecido aún es hombre:
hijo, hermano, padre, amigo. Esta sencilla verdad merece
un recuadro que la resalte para que no se nos olvide. Ella es el
sustento de la esperanza e irreducible luz que penetra las tinieblas
que envuelven al desaparecido. Por eso se prohíbe decir que el
desaparecido “FUE” o que el desaparecido “ERA”. El verbo “SER” de
ahora en adelante se conjugara en PRESENTE. De lo contrario
le estaremos haciendo el juego a la infame represión.
El 27 de junio de 1988 a las 6:00 p.m., el presidente del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Industrial Santander (UIS), miembro del Comité Ejecutivo de USITRAS y de la Coordinadora Popular del Nororiente Colombiano (COETRAUOR), CHRISTIAN ROA, fue desaparecido por paramilitares cuando salía del edificio de Fabriventas en la zona centro de la ciudad de Bucaramanga. Los agresores obligaron al trabajador a subirse a un vehículo que partió con rumbo desconocido. Antes de su desaparición, Christian había recibido amenazas de muerte telefónicas y por escrito (le fueron enviados varios sufragios), entre estas una realizada el 17 de febrero de 1986 por el grupo paramilitar MAS, amenazando a su vez a diecinueve dirigentes sindicales de USITRAS, miembros del comité ejecutivo de dicha organización. Según sus compañeros de trabajo, Christian venía siendo objeto de seguimientos y hostigamientos por parte de las fuerzas militares y seis meses atrás había sido allanada en forma ilegal la residencia de su madre.
Días antes de su desaparición, el dirigente manifestó ante un diario local: “Es muy difícil que para un obrero como yo haya protección por parte del gobierno. Mi vinculación con el sindicato me ha acarreado muchos problemas, amenazas de muerte, llamadas anónimas seguimientos y lo peor es que no hay respuesta del Estado”. La comunidad universitaria protestó por estos hechos violentos y realizó manifestaciones y un paro que duró 15 días. Paralelamente a la desaparición de Christian, se registró la desaparición de otros dirigentes sindicales, como es el caso de Gerardo Jerez Quiroga. Por otra parte, varios trabajadores de la región fueron víctimas de atentados. Poco tiempo después de la desaparición de Christian, se incrementaron las amenazas contra los miembros de su familia.
Las consecuencias directas de la desaparición del dirigente sindical, además de la conmoción y el rechazo tajante de toda la sociedad bumanguesa, fueron los quebrantos de salud y la aniquilación moral y emocional sufridos por la madre de Christian, Herminia Roa, al no saber nada sobre el paradero de su hijo. A esto se sumó la precaria situación económica que padeció, ya que Christian era quien mantenía el hogar. Lo anterior llevó a que SINTRAUIS solicitara y gestionara la solidaridad económica de la comunidad para con la madre del desaparecido.
Los familiares y compañeros de Christian manifestaron que, además de la represalia a su labor social, la explicación a su desaparición se halla también en el proceso histórico represivo que se venia desatando contra SINTRAUIS por parte de agentes estatales y paramilitares, encontrando su máxima expresión en la implementación de acciones violatorias de los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, como la desaparición de su principal activista. Todo esto se puede definir como una retaliación en respuesta al trabajo político y popular que el sindicato asumía a través del apoyo de las movilizaciones sociales y el acompañamiento permanente asumido en pro de los más desfavorecidos.
En las declaraciones publicadas en el órgano informativo del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos de la UIS “Christian Roa”, organización creada a partir del martirio del sindicalista, se retrata perfectamente lo acontecido. Sus compañeros aducen: “…los sectores sindicales, campesinos y populares, hemos venido sufriendo una violenta represión e intimidación, cuando nuestros más destacados activistas y dirigentes reciben amenazas de muerte, les allanan sus residencias, los desaparecen, los asesinan… pues se busca destruir las organizaciones, desmejorar las condiciones de vida, desestabilizarlos anímica y moralmente como también a sus familiares y crear esa zozobra que actualmente se esta viviendo y por lo cual hasta el momento el gobierno regional y nacional no se ha preocupado”.
