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Por su historia de más de 20 años, la ANUC-UR se define como “una organización social y popular, que aglutina a pequeños y medianos propietarios/as, campesinos/as sin tierra, aparceros, mineros, colonos, pescadores/as, artesanos/as, colombianos/as; mujeres, jóvenes y hombres que desarrollan sus dinámicas organizativas, en la perspectiva de la gestión y autogestión de alternativas socioeconómicas, políticas y culturales que contribuyan a la construcción de una vida digna para el sector campesino y el país”.
Han sido dos décadas de arduo trabajo pero también de fuerte persecución, como lo demuestra el exterminio de los líderes de esta organización en los departamentos de Córdoba y Casanare, cuyas directivas fueron prácticamente borradas del mapa. Desde entonces, la ANUC ha sido objeto de una estrategia de asesinatos masivos al estilo del que sufrió la Unión Patriótica, así lo denuncian sus dirigentes en zonas como el Magdalena Medio donde alrededor de 3.000 campesinos de 17 asociaciones fueron asesinados.
Las causas del descontento
El objetivo del Tercer Congreso es responder de manera propositiva a las políticas nacionales que afectan al mundo rural y que en los últimos años han acrecentado la crisis y la marginalización de grandes poblaciones del país. De acuerdo con la convocatoria del evento, entre las diferentes causas de la crisis se encuentran por ejemplo:
La imposición de leyes tales como la Ley 1152 o Estatuto de Desarrollo Rural, el decreto 2838 sobre el expendio de los productos lácteos y la norma 779 sobre la comercialización de la panela, emanadas de los ministerios de Agricultura y de Protección Social, que obligan al campesinado a asumir normas nocivas “que no permiten que los pequeños y medianos productores accedan a los medios de producción y distribución de sus productos en los mercados, al no poseer las condiciones para cumplir con las medidas impuestas”.
La priorización de la producción de alimentos para la industria de agrocombustibles dentro del Plan Nacional de Desarrollo, lo que va en contravía del “derecho a la alimentación de la población y la soberanía alimentaria de los pueblos, facultándose a los grandes monopolios para establecer sus grandes negocios”.
La posible privatización de las fuentes de agua a través de la reforma al Código Minero que “da vía libre a empresas transnacionales para que despojen los territorios de sus recursos minerales” en el artículo 142 y que además obliga a los municipios a que los recursos de transferencias sean destinados al establecimiento de contratos con empresas públicas y/o privadas para el manejo de los sistemas de acueductos.
La violación permanente de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario de los campesinos debido a la presión de actores armados ilegales e incluso a la persecución por parte del ejército nacional en algunas regiones del país. En esta perspectiva, se destaca un modelo de para-institucionalización que ha agudizado el despojo de tierras a la población campesina y el aumento de personas desplazadas.
Pero no sólo estos son los factores que los motivan a reunirse para repensar la organización campesina, es necesario comprender que la lucha de la ANUC-UR data de tiempo atrás.
Recorrido y pensamiento de la ANUC-UR
campesino2Como organización nacional la ANUC-UR fue conformada en 1987, mantiene influencia en Nariño, Cauca, Valle, Caldas, Santander y Norte de Santander e internacionalmente está afiliada a Vía Campesina. Durante este lapso ha jugado un rol central en el posicionamiento del sector campesino dentro y fuera del país, ha trabajado fuertemente por la vigencia y defensa de los derechos humanos y su exigibilidad social, jurídica y política; también ha promovido el reconocimiento del campesinado como un sector fundamental del agro y un sector estratégico de la economía, en donde los derechos a la tierra, el agua y la soberanía alimentaria son fundamentales.
Según analistas de los movimientos sociales, “los derechos del campesinado no están explícitamente reconocidos por la constitución aunque establece los derechos de los “trabajadores rurales”, y entre ellos el acceso a la propiedad de la tierra. También obliga a proteger la producción nacional de alimentos” (Mondragón, 2006: 22).
En el documento base de la discusión política para la Anuc-UR, “política es la esencia y su razón de ser, de su quehacer organizativo y social en la construcción y lucha por la vida digna de su base social, conservando sus principios de autonomía, respeto, unidad y movilización”.
¿Quiénes son los campesinos de la ANUC-UR?
Desde la perspectiva de esta organización “en el ser campesino, se parte siempre del hecho de ser un sujeto individual, que mediante procesos de resistencia pasa a convertirse en un sujeto colectivo, político, de decisión, negociador, por eso se organiza para desarrollar, exigir, contribuir en esas otras tareas diferentes al arado”. Su principal polo de definición se da cuando participa, en este momento interviene colocando sobre la mesa su voz, sus palabras, sus necesidades, y de esta forma lo convierte en un sujeto político capaz de pensar, escribir, planificar, y lo más importante, de construir la historia veredal y de cada lugar en que se encuentra.
Para la ANUC-UR “ser campesino se es o se aprende a ser, cuando nuestra identidad, nuestro trabajo, nuestra pertenencia a la tierra, en la cual construimos nuestra propia economía, nuestros alimentos, nuestras raíces, nuestra familia es solo nuestra, no parte de otros, es de nosotros”.
El campesinado colombiano recurre a la minga, el convite, el trueque, el cultivo, la venta y compra de sus productos y “realiza siempre cada nuevo día algo diferente, traza su parcela”. No obstante, el ser campesino no se restringe a la cotidianidad de la propiedad rural sino que tiene un sentido de edificación colectiva que “plantea la importancia de la construcción del pensamiento propio con ideas propias, para la exigencia del reconocimiento social y político del campesinado”.
campesino3En el actual contexto, uno de los principales temas de discusión del Congreso será la redefinición del carácter de “usuarios” puesto que el gran referente histórico de la ANUC creada en 1968 se dio bajo un intento de construir en Colombia un modelo de Estado benefactor, que prestaba servicios a los “usuarios” del sector rural o campesino. Actualmente, las políticas neoliberales han prácticamente desmontado este modelo convirtiendo al campesino en parte de la “población vulnerable”, que debe ser atendida mediante el sistema de focalización de recursos. En medio de la herencia de la primera ANUC, la tendencia de Unidad y Reconstrucción se pregunta por la identidad del campesinado y considera que el término usuario no representa sus intereses ni la realidad de sus experiencias.
En la década de 1980 la ANUC se fragmentó producto de la imposibilidad de seis tendencias políticas para definir un camino conjunto sobre cómo posicionar y defender los intereses del campesinado, en la perspectiva de algunos líderes del sector se antepusieron los intereses ideológicos sobre los del campesinado y por éso señalan que hoy el mayor reto del movimiento es reconciliar la acción política con el carácter social del sujeto colectivo.
La tierra ¿de los campesinos?
De acuerdo con C. Salgado, “la comparación a partir de 1984 muestra una mayor concentración de la superficie en manos de los pocos propietarios de predios mayores a 500 hectáreas, que siendo el 0.4% de los propietarios controlaban en 2003 el 62.6% de la superficie, y (hay) cada vez menos tierra en manos de los muchos pequeños propietarios de predios menores a 20 hectáreas, que siendo el 86.3% de los propietarios tan sólo controlaban el 8.8% de la propiedad de la tierra en el mismo año”.
Por otra parte, no sólo el modelo de parainstitucionalización en varias regiones del país ha favorecido que alrededor de la cuarta parte del área cultivada haya sido abandonada por quienes la trabajaban en los últimos once años (L.J Garay, 2009:12), se calcula que los desplazados han abandonado alrededor de 6.2 millones de hectáreas (Salgado, s.d.).
Pese al abandono forzado y la usurpación, esto no significa que la tierra como recurso de la economía cumpla un papel marginal puesto que el 63% de las exportaciones se relacionó con actividades provenientes de la tierra, especialmente café, petróleo, carbón y ferroníquel entre 1992 y 2006.
A principios de la década de los 90’s el Incora -entidad estatal encargada de la reforma agraria- adjudicó a alrededor de 250 familias fincas expropiadas a narcotraficantes en la región de Chivolo, acompañadas de préstamos y asignación de títulos de propiedad. Quince años más tarde estas tierras fueron usurpadas por paramilitares al mando de alias Jorge 40 y tecnificadas para la cría de ganado y siembra de palma aceitera. Las comunidades debieron abandonar las parcelas a causa del terror imperante, hoy han desaparecido las denuncias de los hechos interpuestas ante la autoridad competente en Cartagena y los títulos de adjudicación del Incora han sido revocados por el director regional. Las familias -por su parte- han sido víctima de persecución, amenazas y asesinatos aún después de haber abandonado sus predios (Revista Semana, 13 de abril de 2009).
El estado actual del movimiento campesino
En estas condiciones de despojo y persecución, no es extraña la quietud del movimiento campesino. Hace 5 años se dio la última movilización convocada por organizaciones del sector así como la participación en la convocatoria de paro general por las centrales obreras en julio de 2002. El año siguiente, la mayor parte de las organizaciones campesinas reconocidas a nivel nacional se reagruparon en torno al Mandato Agrario, una iniciativa que proponía la defensa de la tierra, la territorialidad y la soberanía alimentaria como ejes centrales de articulación.
Pese al gran esfuerzo de convergencia, el Mandato no encontró una vía concreta de materialización por falta de un sujeto colectivo que se lo apropiara y lo hiciera realidad, sus propuestas se fueron diluyendo en las urgencias cotidianas de las organizaciones. Hasta el momento, no se ha emprendido un proceso de rearticulación y el movimiento campesino se encuentra fragmentado, disperso, sin propuestas de convocatoria y una débil presencia social y política en temas claves de la vida nacional. Precisamente, en busca de nuevas alternativas, la ANUC-UR lanza su Tercer Congreso Nacional.
Fuentes:
Entrevistas a dos líderes de la ANUC-UR concedidas a Planeta Paz, julio de 2009.
“Dos veces despojados”, Revista Semana, abril 13 de 2009, recuperado en http://www.cjyiracastro.org.co/index.php?option=com_content&task=view&id=103&Itemid=54Ponencia Política. Tercer Congreso de ANUC-UR. Documento de trabajo. S.d.
Carlos Salgado Araméndez, Propuestas frente a las restricciones estructurales y políticas para la reparación efectiva de las tierras perdidas por la población desplazada,. documento de trabajo, s.d.
Héctor Mondragón, Movimientos sociales Una alternativa democrática al conflicto colombiano, enero de 2006, recuperado en http://pangea.org/aa_upload/7dc10f2cdabf56575884fff9bafc49b5/Q26caste.pdf
