ALVARO RESTREPO, UN INTELECTUAL DE POLÉMICAS…

Entrevistas a Consuelo Granados, delegada de Adida y Hernán Ramírez, Secretario General de Adida periodo 1987-1989

TIRÁNDOLE LIBROS A LAS BALAS
Memoria de la violencia antisindical contra los educadores de Adida, 1978-2008
Investigación realizada por la Escuela Nacional Sindical (ENS) y la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA)
Medellín, 2011

Álvaro Restrepo fue un hombre supremamente inteligente y de una gran capacidad para la polémica y la discusión política e ideológica; un hombre de principios, un defensor acérrimo del maoísmo, dotado de un gran conocimiento teórico de la teoría marxista–leninista- maoísta.

Su gusto y hobby principal era la lectura. Usted siempre lo veía con un libro debajo del brazo, un libro de marxismo, un tomo de Mao, o una revista de ese tipo. Siempre lo veías en un rincón de Adida leyendo, y cuando no estaba leyendo estaba polemizando, y por eso le decíamos el polémico. A veces casaba discusiones sin necesidad. Afirmaba que la discusión dialéctica era un arma para profundizar la unidad. Armaba la polémica en una cafetería, en un salón, en una asamblea general de delegados, ya que también fue delegado de Adida en varios periodos. Calentaba las asambleas: ¡Ahh!, ya salió Álvaro el polémico a calentar el parche, esa era la expresión que nosotros decíamos.

Álvaro era un tipo interesante, tanto como intelectual como en su compromiso con las luchas del magisterio. Fue un hombre que estuvo en todos los movimientos, en todos los paros, motivando grupos estudiantiles, comprometido con sectores obreros, con la izquierda en el departamento de Antioquia Tenía una vida política bastante agitada. Además fue un activista sobresaliente en los setnta en el movimiento estudiantil de la Universidad de Antioquia; un hombre de una gran capacidad de liderazgo, que estuvo metido en la fogosidad de las luchas del magisterio en los setenta y ochenta, en el paro cívico nacional de 1977. Su más grande consigna era que los docentes debíamos de tener posibilidades de firmar convenciones colectivas, y hoy después de su muerte todavía seguimos esperándolas.

Cuenta su esposa Amparo que ese 31 de diciembre en que Álvaro fue asesinado a balazos en Itagüí, invitó a la niña para que lo acompañara a hacer una vuelta, pero ésta no quiso ir. A él lo bajaron del bus y lo asesinaron. Fue algo muy confuso, no tenemos mucha claridad cómo y por qué. Él no era un tipo que le gustara el alcohol o las fiestas, de esa parte de su vida sé muy poco, pero sé que no era de esas cosas, solo fumaba cigarrillo. No llegaba ni a los 40 años de edad.

Su legado sigue siendo la búsqueda de la transformación de Colombia por medio de la lucha, ese fue su norte. Toda su vida la dedicó a buscar cómo contribuir a la transformación social y el mejoramiento de la calidad de vida de los más desfavorecidos. Nos dejó sus aportes en el campo del desarrollo académico e intelectual. Él tenía esa gran capacidad de teorizar y hacer análisis de la realidad, era un hombre muy capaz de hacer perfectamente un análisis de la situación política, económica y social del país, del departamento, de la organización. Tenía una gran capacidad y una gran inteligencia en el manejo de esas tareas y actividades de la vida diaria y cotidiana.

Alberto frecuentaba mucho la cafetería Versalles, con la niña. Si no lo encontraban en Adida lo encontraban en Versalles, iba allá a tertuliar o a tomarse un tinto. Un recuerdo jocoso fue que en una asamblea el presidente de Adida, no recuerdo cuál era en ese momento, preguntó: ¿A ver, cuál es la fuerza de Álvaro? Y él levantó la mano y dijo: esta es mi fuerza. La mano de él era su fuerza. Ese era Álvaro.